viernes, 3 de diciembre de 2010

PACÍFICA COEXISTENCIA

Hacía un buen día y yo crucé la plaza hasta la parada del bus que, justamente, está delante de un pequeñísimo parque que amo, no porque sea especialmente bonito, sino porque da perspectiva a nuestro balcón y en verano la verde sombra de sus plátanos y los chorrillos de una fea fuente, alegran los juegos de los más pequeños y el descanso de los mayores.
Allí, sobre la tierra, menudo, pequeño, huesudo, cargado con bastantes años, tan leve como impalpable, había un hombre asiático, haciendo unas series de taichi.
Siempre me había sentido atraída por esos grupos de chinos, hombres y mujeres de distintas edades, que se veían en los reportajes practicando algo que a mí me parecía que estaba entre una técnica puramente espiritual, un baile sincopado, respiraciones relajantes o unos simples ejercicios de coordinación, etéreos y bellos. Miraba aquellos rostros, serios y serenos y sentía celos de su calma, de la profundidad de su sosiego que parecía contagiar el bullicio y el ruido de la calle.
Ese día, a pesar de que era un hombre solo, me quedé absorta mirándolo e intentando averiguar qué tipo de mecanismos moverían aquel cuerpo que irradiaba tanta placidez. En aquel momento pensé que algún día me gustaría practicarlo y que, si no llegaba a tal perfección, fuera lo más cercano posible a aquello que el chino, sumergido en un mundo que desde luego no era aquel parque, desarrollaba ante mis fascinados ojos.
Ni que decir tiene que, en días sucesivos busqué al hombrecillo, pero no volvió a aparecer.
Hoy intento practicar taichi y he aprendido que es un arte marcial, que está enlazado o va de la mano, con antiquísimas técnicas que ese pueblo practica orientadas hacia la salud, pero también como un camino para alcanzar algún grado de iluminación.
Siempre el ser humano enroscado en esa eterna búsqueda de trascendencia.
 Todo este preámbulo viene derivado de que, cada vez más a menudo y con más intensidad, cuando llevo a cabo estas sencillas, pero al mismo tiempo enjundiosas y complicadas técnicas, con la torpeza derivada de un físico adolorido casi permanentemente y unas articulaciones con serios problemas, me ocurre algo que no me he atrevido a comentar y es que, la energía que me recorre en forma de un cálido calor interno, me lleva a pensar que sería capaz de escribir los textos más hermosos. Son ráfagas de pensamiento, totalmente injustificados, pero que siento en la piel como si la creatividad y el buen hacer, nacieran de ese calor dinámico que me atraviesa.
Menos mal que luego el sentido común reaparece. Pero tenía que dejar plasmadas aquí estas sensaciones porque no las comprendo. No alcanzo a entender como yo, que suelo ser soñadora y melancólica, pero también, la mayor parte del tiempo bien apegada a la tierra, práctica, pragmática y realista, en esos momentos en los que me invade una hálito de templada energía, que parece dar alas a la imaginación y poder a la mente, puedo llegar a pensar que podría ser capaz, como el mejor pintor, escritora, o aquellos músicos que me turbaron y emocionaron, de hacer algo grande.
Es buena la sensación a pesar de todo, es magnífico sentirse así, aunque sea por unos breves momentos.
Creo que no todos los conocimientos, técnicas, principios o ideas aprendidos, deberian ser olvidados o aparcados como decadentes, caducos y trasnochados, dando por sentado que lo viejo, es simplemente eso, viejo y que por lo tanto, declina, prescribe y tiene que ser relegado.
 Siempre lo viejo y lo nuevo integrados en la vida; una vez más el yin y el yang, los eternos opuestos, sin disputas ni imposiciones, coexistiendo en mí.


Imagen: 1punto1fotografía.

12 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Envidio esa energía.
Te regala momentos mágicos y eso es un tesoro.

Quizás debería hacer taichi yo también.

Besos.

Roberto Esmoris Lara dijo...

¿Y por qué no plasmar lo que libera?
¿El arte debe ser un acto conciente o simplemente la voz de esa energía interna liberada?
Prueba, Ana, prueba. Escribe, pinta, canta, baila con los "pies sobre la tierra" y el corazón en llamas.
Besos, amiga, muchos besos.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola amiga Fonsilleda:

Pere, mi hijo mayor, es Profesor de Tai-chi i Kung-Fu.

Actualmente les da clases de Tai-chi en dos escuelas a jubilados.

Yo no lo practico.

Aunque una vez fui a una clase con el.

Biquiños, Montserrat

Taty Cascada dijo...

Esas que tu llamas ráfagas de pensamiento, es la inspiración en su esencia, en su origen. Si has tenido la dicha de experimentar ese bombardeo de imágenes, palabras, sensaciones, plásmalas en papel... El divino don de la inspiración es esquivo, podemos pasar por etapas florecientes, y luego irnos a pique con nuestras creaciones...Nunca dejes de tomar nota, yo siempre reservo un lápiz y un cuadernillo en mi cartera, nunca se sabe cuanto esa luz nos ilumina.
Un beso.

Concha López Fernández dijo...

Todas e todos debiamos facer cada día un exercicio de introspección, a través do movemento ou algo similar, para ser conscientes de como flúe a enerxía que levamos dentro...

Saúdos.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Nadie peude convivir pacíficamente. No nos aguantamos...

Saludos y un abrazo.

Pamela dijo...

Pues yo creo que deberías darte más alas, no dejes de volar. Tus letras son siempre muy lindas

Ricardo Miñana dijo...

Precisamente lo bonito es la pacifica
coexistencia, saber compartir.
es un placer pasar a leerte.
que tengas una feliz semana.
un abrazo.

ana. dijo...

Anita!!! Te cuento un secreto (entre nosotras): la magia existe y no es tan difícil volar, sólo hace falta tener el corazón dispuesto.

Besos, anita bonita.

Manel Aljama dijo...

Es verdad,tienen que enseñarnos: "Miraba aquellos rostros, serios y serenos y sentía celos de su calma". Si hastas la religión cristiana tomó mucho de las creencias orientales. y La energía que te recorre, sí que te va a permitir escribir no sé si mejor, pero sí diferente. Algo se tiene que notar cuando practicas alguna disciplina, sea yoga, meditación o karate.

El judo o yudo (según la academia de la lengua) se basa en el principio del débil que derrota al poderoso. Para ello el débil es un talllo flexible que se desplaza usando el peso de la nieva y se la quita de encima. Sin nieve no se desplaza para quitársela y con nieve, se muere. Ahí tienes yin y yang.

un abrazo que no descomponga articulaciones ;) y unos biquinhos que ten animen a seguir.

Chousa da Alcandra dijo...

O pragmatismo realista deixa moito espazo baleiro, que moi atinadamente se pode encher con pinceladas de maxia e ilusionismo.

Bicos para o ying e apertas para o yang

Aldabra dijo...

¡que bonito como lo cuentas! a mí me sucede mucha veces eso con la música, es como si me nacieran unas alas, o como si pudiera desprenderme del suelo y flotar, levitar, nadar por el aire... luego volvemos a la realidad, yo tengo siempre los pies en el suelo a pesar, como tú, de ser soñadora y romántica.

la suerte de todo eso es que siempre queda un resquicio por donde se cuelan nuestras ideas locas de creación y hacemos unos textos, o unos poemas, con más suerte a veces y otras con menos, pero siempre con ese deseo de traspasar energía a quien nos va leer.

respecto al arte en sí, también me asombran los orientales, con ese equilibrio y esa paz espiritual que a mí me ha costado tantísimos años encontrar.

biquiños.