viernes 6 de noviembre de 2009

LOS APÉNDICES DE MIS MANOS




Hoy estoy vacía de ideas. Ni un triste recuerdo y mucho menos un pensamiento que valga la pena reflejar en esta página.
He estado escribiendo, claro que si. He estado derramando palabras que me surgen si dejo a los apéndices en los que terminan mis manos, completamente libres, sin la sujeción o el control que el cerebro ejerce sobre ellos y que forma parte del proceso normal de la escritura.
En ocasiones, tengo la impresión de que es así, de que es real que, conscientemente, yo sólo coloco mis dedos sobre las teclas y ellos van pulsando ésta o aquella letra o símbolo, enlazando términos, palabras e ideas al margen de mí. Tal como hacen los pies al conducir que parecieran totalmente independientes y que nadie o nada les dictara qué hacer, de tal modo que, libremente pisaran freno, acelerador o embrague, de una forma totalmente autónoma, mientras la mirada, los brazos y manos, harían lo propio en la parte reservada a ellos. De una manera automáticamente libre.
Tengo dedos independientes. Qué absurdo pero también qué real lo percibo a veces porque, sin intención concreta, sin ánimo de escribir sobre tal o cual aspecto de mi vida, de la de los demás, del cualquier clase de noticia que me haya llamado la atención o de un sentimiento surgido, ellos, soberanos e independientes, van formando, delineando, tallando, dando color y manejando un texto, que les pertenece, es ajeno a mí aunque haya salido de mi misma.
Abro la página en blanco, pongo mis trabajados y corrientes dedos sobre las teclas, en el lugar que sé que les corresponde tras tantos tiempos de práctica y de mimo, observo detenidamente la hoja sin mácula y ¡oh maravilla!, con alacridad, lentamente o con una velocidad aprendida, va llenándose.
Como este texto de dudosa inteligencia y de extraña manufactura que ahora escriben. Suponen que tienen derecho. Su autonomía parece real.
No es empero un cisma, ellos y yo sabemos que es así, que nos pertenecemos en esta absurda dependencia, que nos complementamos. Si bien es posible que no con la perfección precisa, ya que mi gusto y deseo sería hacer siempre grandes textos, aun contando con mi parca erudición, mientras que ellos, abandonados por el control de mi ego, se limitan a plasmar lo que uniendo letra a letra les va surgiendo.
Hoy mis manos y sus apéndices han tomado la iniciativa pues conocen bien que me hallo como el día y también saben que mi cerebro va a reconocer, incluso agradecer, su autoría y su labor; han captado con inteligencia táctil que sin ellos soy apenas nada.
Es posible que yo, ahora consciente, tenga que obligarme a dirigirles porque su quehacer pudiera volverse demasiado importante y, lo que es peor, necesario e imprescindible, además de imprevisible y manifiestamente soberano.
Quizá lo único que mi yo consciente, haciendo uso de su facultad que es un antojo hoy, pueda salvar de esta entrada, sea la imagen. Porque ahí sí que he intervenido eligiendo, depurando la selección, decidiendo por qué u obviando el motivo porque sí, porque no preciso ni busco gracia alguna , porque también me gusta dejarme arrastrar por algunos impulsos, porque la he visto y he dicho: ¡qué calma!, porque ésta sí la trae mi cerebro, mi mirada, mi sentimiento que abarca mucho, mi yo casi siempre un poco nostálgico y mis adentros que no dejan de mirar.
Esa playa en grises, bañada por una bruma otoñal: brillante, serena, apaciguada de gentes o aves que huellen sus finas arenas, sosegada de ruidosas olas o vientos, inundada de aromas a algas y sal, con acentos de todos los mares u océanos, pienso que tiene belleza suficiente.
Imagen: "Dende a bruma", de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes.

miércoles 28 de octubre de 2009

AIRE Y NIEBLA, EN BLANCO.

Como tantas otras noches, las dos de la mañana las he superado con creces. Apago el ordenador, me levanto, me entretengo con las abluciones nocturnas todavía un rato largo y, cuando me dispongo a acostarme, de camino, paso por la sala.
La cortina ha quedado abierta; se ve el balcón y la noche más allá.
Me paro asombrada. Tras estos necesarios pero incómodos arreglos que están padeciendo nuestras calles, hay también más iluminación. Eso me permite descubrir estas nuevas tinieblas, rescatadas de una imaginación que busca sombras y luces, imaginación, verdad y acaso vida.
No es una noche común, limpia y oscura como otras, como casi todas. No se oye nada, aunque todavía de vez en cuando pasa un automóvil lento, como con miedo, musitando sonidos y silencios sobre un pavimento húmedo (sé que está así, mojado, antes de que mis ojos lo perciban), quizá para no atraer atenciones o respetando descansos de otros. Parece que hasta esas máquinas potentes y muchas veces hermosas, pero también letales, se hubieran contagiado y suenan, o yo las oigo, distintas, mimetizadas con el entorno, rodeadas por el misterio.
No he podido resistir la tentación y ahora, cuando ya todo el mundo descansa, he abierto la puerta y he salido a la noche, protegida por el balcón. No hace frío y eso también es insólito, singular y es posible que un poco inquietante.
El aire está parado y su esencia regada, como reflejan las luces en las novísimas aceras empedradas. Pienso que su quietud resguarda en vez de incomodar o asombrar.
No llueve ahora, pero la niebla es intensa y nadie transita la noche; ésta sigilosa y enigmática, cargada de arcanos, hecha para fantasmas, vampiros, sombras o locos como yo.
La niebla tamiza la luz, mientras el aire, quieto, no habla.
Las hermosas farolas, llevan una sombra encendida que acompaña.
Miro la niebla y busco dentro de ella el aire.
Más esta noche el aire no es tal, tiene sustancia, tiene relieve, se palpa.
Tras la espesa niebla se ocultan las casas y dentro, todo el enigma calla.
Los tejados se bañan con una nube de agua, que engorda el aire y lo amaina.
Esta noche el silencio y la niebla se guardan y ocultan el aire.
No hay estrellas en el cielo, no hay personas en la húmeda calle. No hay animales solitarios, ni paseos, tan solo quietud y bonanza.
La noche está templada y serena; el aire duerme bajo un espeso manto de pereza blanca.
Y esa luz que tamiza la niebla y engorda el aire, en silencio, me engaña.
No hace frío; esta noche de callados fantasmas de niebla, no hace frío en la calle.
Imagen: Creo que es una rara fotografia de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes, que me atrevo a titular "oscuras páginas en blanco".

domingo 25 de octubre de 2009

LIBRO

Si a alguien le interesa en participar en el sorteo del libro cuya imagen pongo, deberá anotarse para obtener número y habrá un sorteo.

Para más información ver: "LIBRO" , de: http://chousadaalcandra.blogspot.com/

"Ollos de auga" es la primera novela del joven autor de Vigo que la publicó con éxito considerable. Es policíaca, ligera y de entretenimiento, con algunos diálogos, a mi modo de ver, fantásticos. Ya tiene la segunda publicada, que también he leído. Por supuesto, aunque escribe en gallego, se han publicado también en castellano.

Pensé en poner un libro de poemas, pero esto me parece más adecuado.

No soy partidaria de este tipo de cosas, pero Chousa me ha repartido número y no he tenido más remedio que colaborar.

Pero, terminaré matándolo seguro, sobre todo si consigo que no me investigue el protagonista del libro.

miércoles 21 de octubre de 2009

REENCUENTRO FELIZ



Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de hacer una nueva visita al dolmen de Dombate.
Era un día precioso y los rayos del sol se mecían acunados por un vientecillo que revolucionaba mi cabello, ora devolviéndole su rizo natural, ora encrespándolo. Yo aparecía por tanto, más despeinada que habitualmente, pero feliz. La luz del incipiente otoño era dorada y preciosa.
El viaje hasta dicho lugar, ya me había deparado estupendas sensaciones visuales y olfativas en un maravilloso paisaje de espléndido cromatismo, en el que se adivinaban todos los aromas de una tierra ligeramente húmeda, y una naturaleza que se preparaba para el descanso. La geografía lucía con el cambio de estación y la tierra se preparaba para recibir el manto de todas las hojas que habían cumplido su función y que, ahora, se prestarían a regalar su ocaso, obsequiando la humedad, protección y abono que su muerte regala.
La compañía de viejos amigos, de esos que no hace falta ni cuidar, añadían encanto, conversación, coincidencia en placeres y gustos y sentimientos siempre recuperados.
La temperatura espléndida, porque acompañaba sin incomodar.
Los encuentros con el lugar en las dos o tres ocasiones anteriores, había sido totalmente decepcionantes, de tal manera, que mi viejo y gastado escepticismo se inclinaba a pensar: más de lo mismo.
Lo paso mal cuando descubro el abandono y la abulia que rodea nuestro poco mimado patrimonio y sufro con el pertinaz abandono que sufre la historia y lo que probablemente es peor, termino aceptando tal desidia como un mal endémico. Y de esa dejadez e indiferencia, quizá seamos un poco responsables todos.
Pero Dombate esta vez ha sido una revelación y una gran alegría. ¡Por fin!
Parece que los trabajos iniciados (aun con un ligero temor por mi parte, derivado de esta crisis que estamos padeciendo), van por buen camino; por lo menos, se está trabajando, estudiando y existe un proyecto ambicioso.
Una de las cosas que más me sorprendió ha sido que, la carreterita que atravesaba la zona a muy pocos metros del gran megalito, la han desviado alejándola bastante, por lo que la zona está perfectamente delimitada y acotada para poder llevar a cabo las intervenciones necesarias y lejos de ruidos, motores, de pasos obligados e incluso de paseos no deseados.
El lugar, de entrada gratuita, estaba atendido por una persona amable, que yo deduje arqueólogo, estudiante de tal Ciencia o, por lo menos un gran aficionado e interesado, que nos dio toda clase de explicaciones, facilitándonos folletos y contestando todas las preguntas que le hicimos.
Hay que tener en cuenta que, por estos lares es harto frecuente que, si hay algún tipo de “guardián”, o de “pseudoguía”, suele ser el vecino o vecina más cercanos o desocupados y que, por lo tanto, suelen estar poco o nada preparados para contestar otras preguntas que no sean las típicas o tópicas y cuyas respuestas aprendieron, con buena voluntad, pero obligados por las circunstancias. Todo lo cual nos lleva a que a veces suceda como en aquella famosa iglesia o catedral, en la que mostrando una estupenda y preciosa talla de un crucificado, “el enseñante” proponía: “es muy antiguo, de antes de Cristo”.
Dejando a un lado la anécdota, es bien cierto que, si no fuera por esos seres maravillosos, desprendidos con su tiempo y que se prestan a guardar llaves y mostrar, a veces incluso preservar lugares, muchas veces nos quedaríamos sin poder conocer auténticas curiosidades y tesoros de nuestra herencia más olvidada.
Total, que en ese aspecto Dombate también estaba bien atendido y entretanto, yo continuaba con la sorpresa agradecida y suspendida en el ánimo, en la mirada y con el corazón saltando contento.
Parece ser que hace unos 6000 años los hombres se embarcaron en la construcción de Dombate con un primer dolmen que más tarde sería abandonado, posiblemente por su pequeño tamaño.
La nueva construcción está orientada hacia el nacimiento del sol y su levantamiento pasó por crear un montículo circular o túmulo de tierra, en el centro del cual dejaron hueco. Tal túmulo actuaría como rampa para subir las enormes losas de muchas toneladas, encima de troncos y ayudados con palancas y cuerdas. Como tumba, debía permanecer enterrada, por lo que la tierra se cubrió de piedras, creando una especie de coraza para protegerla de las lluvias o visitas indeseadas.
A pesar de las explicaciones todavía me resulta difícil, visualizar y entender cómo, con los medios que tenían, podían arrastrar o manejar y mover tales moles.
Esa misma sensación me produce la visión de otros monumentos del pasado, sobre todo tan remoto y sean cuales fueren sus características, localizaciones o usos. Por suerte, las especulaciones y los estudios científicos, nos van dejando certezas acerca de su construcción, pero siempre termino hallándolas inasibles y excepcionales.
En tales situaciones, consigo dejar un poco apartados y aparcados los males de la humanidad y pienso que los hombres y mujeres somos algo grande. Esos momentos no duran demasiado, pero me agarro a ellos disfrutando de lo que me ofrecen.
Dombate cuenta con un pasillo o corredor de entrada con losas más pequeñas y sus paredes están recubiertas con una capa de arcilla blanca sobre la que crearon una trama de pinturas rojas y negras, con formas geométricas, triángulos o rombos. En el interior de la cámara también existen grabados.
La protección del monumento estaba resguardada por 21 ídolos imitando figuras humanas, colocadas a la entrada, en hilera.
En esta ocasión he tenido que guardar bajo llave, mi costumbre de posar mis manos y acariciar piedras milenarias siempre que tengo oportunidad, está permitido y puedo. Como se está desarrollando el proyecto, todo está debidamente protegido y alejado de abusos.
Para mí y con la esperanza de volver en el momento que los trabajos hayan finalizado, ha sido el reencuentro más feliz de los vividos últimamente.


martes 13 de octubre de 2009

DIVAGANDO SOBRE SILENCIOS

Paladeo el silencio casi tanto como las palabras. Me gustan más las palabras en silencio.
También me gusta mojar silencios y palabras en agua de lluvia, sacudirlos y utilizarlos alegremente luego.
Llevo silencios en la imaginación, me acerco al mar y musito palabras humedecidas por la salpicadura de las olas de este dorado y caliente otoño.
Amo ese silencio roto, en el que se guardo todas las risas y palabras del pasado y aquel otro tembloroso que existe en el lugar de todas las caricias.
Deseo silencios ornados de palabras que dicen cosas y palabras cortas o largas, llenas de silencios, que halagan, asombran o cuentan.
Siempre preveo los silencios de mis árboles capeando el aire que deshoja, mientras hablan con palabras hermosas y claras, de concisos colores y aromas.
Mientras aire y lluvia derraman silencio, musitan palabras que son un susurro, con música de aquella melodía que tanto amas.
En tus adentros, otro silencio de paz grita, si acompaña protestas o aplausos y, aunque presente, yace siempre buscando.
Aquel otro, rebosante de silentes palabras, recuerda emocionadas turbaciones vividas, incluso sueña si han de venir.
Este roto mutismo callado, de teclas que debieran ser trazos nunca olvidados de pluma y papel, deposita palabras jóvenes, maduras, cansadas, alegres o tristes.
Un silencio de noches de estrellas y luces, reflejados en suelos nocturnos mojados, que devuelven imágenes sumergidas y muertas, son empero palabras rebotadas de tantos pasos y vidas.
Escucho el silencio, cuando llega cargado de música que no dice palabras sino notas de vida y ecos lejanos.
Oigo voces amigas y otras, que acarrean silencios sin palabras y que suenan contrarias o dulces.
Mi silencio lleva palabras y música hoy.

jueves 8 de octubre de 2009

CUALQUIER DÍA


Ha llegado con fuerza esta lluvia que alimenta y destruye, lava y enfanga.
Ha llegado estos días, anegando ciudades arrogantes y presumidas, impulsadas por políticos que desoyen advertencias y aun certezas, que se empecinan en ignorar unos elementos que deciden cuándo y cómo atacar.
Las calles han sufrido el embate de su fuerza, de su persistencia, de su rigor y vigor.
Nada era posible hacer contra tal libertad y osadía. El agua amada por mí, deseaba demostrar su fuerza y poder.
Ese día singular y casi único, todos nosotros, tras los cristales, mirábamos atónitos su caída en tromba, la fortaleza de su esfuerzo, el regalo de un lavado a fondo y el recelo y desasosiego por su advertencia implícita.
Desde siempre, nos empeñamos en desoír sus prevenciones y apercibimientos, enviciados en nuestras soberbia, altivez y en una inteligencia que creemos poseer sobradamente.
Y esta ciudad mía (seguro que como muchas otras en estos momentos), abierta en canal, horadada, estrujada por obras y “humanizaciones” que tardan en ser, no fue capaz de acoger, hospedar, canalizar y reunir con las otras aguas que pululan por senderos subterráneos para, luego de hermanarlas todas, acercarlas y depositarlas en ese mar que todo lo recibe y absorbe.
Nunca hubiera podido.
Aquellas aguas, acompañadas del hermoso y terrible estallido de tormentas anejas, de ruidos infernales, con sus relámpagos apenas presentidos por la total falta de visibilidad, semejaban justamente que salían de todos los agujeros, socavones, casi simas, abiertos por doquier y que son como puertas de entrada del averno, por las que, en tal día, salían acompañadas de todos los demonios.
Preocupada, tras ese manto gris, blanco turbio o plomizo, dependiendo de los momentos y del estallido de centellas y truenos que campaban con una libertad rayana en la arrogancia, yo veía pasar impune, un rojo, pero oscuro, demonio sonriente, que no supe si real o inventado por mi mente angustiada y alarmada.
Estaba claro, las calles se inundarían y los ciudadanos indefensos y con el miedo agazapado y asombrado, aguantarían la fuerza del agua, mezclada con el retumbar de vidrios, suelos y el miedo a desprendimientos, accidentes o simples y atávicos temores que se unían al enojo por una ropa mojada e incómoda y a la eterna afirmación de que “nunca llueve a gusto de todos”.
Y el diablo, con el calor, sonreiría satisfecho, con la certeza de su regreso depositada en nuestro miedo.
Imagen de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes: "Tremeluces".
Nota de la autora: He elegido una imagen de agua exclusivamente, ante la imposiblidad de reflejar en una sola fotografía, tal día.

lunes 5 de octubre de 2009

BASTA SU NOMBRE: MERCEDES

Sirva el anterior video, que un día me dedicara mi hija Elia, como emocionado homenaje y recuerdo.