domingo, 26 de septiembre de 2010

APOSENTO (II) Y AUSTERIDAD

La cama era pequeña, estrecha y estaba pegada a una de las tres paredes. Había una mesita de noche, una silla baja, de tijera y un pequeño crucifijo colgado encima de la cabecera. Todo muy simple. Nada más.
No había puertas que la aislaran. Todo el frente se cerraba únicamente con una cortina de tacto muy suave y color rosa desvaído con florecillas pequeñas, que debía permanecer abierta, excepto por las noches para proporcionar una relativa intimidad. Las paredes no llegaban a los altísimos techos del aquel dormitorio general. Era pues, una especie de sobria celda sin rejas ni cubierta, en medio de 30 o 40 más. Sin embargo, la casi-niña que era, tenía la capacidad, aprendida y practicada en su casa, de aislarse totalmente y dejar vagar la imaginación.
La decoración casi espartana, el mandilón colgado en un pestillo de las contraventanas que cerraban el ventanal que, por suerte, le había tocado enfrente y el frío de los inviernos o la falta de contacto familiar, no conseguían cambiar su impresión de que, por un tiempo indefinido, gozaría de un cubículo acogedor, o por lo menos amable y agradable. Tan es así que ella se sentía abrigada y protegida. Además, sus paredes blancas y limpias, estaban siempre que lo deseaba, abarrotadas de los estímulos, música e imágenes que la hacían soñar.
Y así, en aquella pequeñísima habitación, se convertía en una princesa, una mujer bellísima, o simplemente una triunfadora. Siempre alguien destacado y distinto porque, en aquellos años y durante muchos, pensaba que, por si misma, nunca podría llegar a descollar. Sin embargo,  entre aquellas tres paredes, podía ser cualquiera, incluso conseguir que “el chico” se rindiera a sus encantos.
Sabe ahora, alejados ya todos los remilgos, que las tres paredes, que se cerraban con cortina estampada de absurdas florcitas y que formaba parte del gran espacio compartido por otras respiraciones tan bisoñas como ella, exactamente iguales a las que la rodeaban (lo que provocaba la impresión de estar multiplicadas en un espejo, como la maravillosa escena de “Ciudadano Kane”), estaban preparándola, fortaleciendo su carácter, dejando mellas, marcando pautas y puliendo su forma de ser, para afrontar una vida que, iba a entrañar muchas dificultades..
Como en un ejército, soportaban revistas por sorpresa, aunque solieran llegar precedidas por cuchicheos de advertencia de otras voces, posiblemente más despiertas o medrosas. Todo tenía que estar limpio y ordenado, conforme marcaba una norma, no escrita pero bien absorbida por las infantiles mentes a lo largo del tiempo. Los castigos, llegaban también de la mano de superiores, muchas veces injustos, cansados y poco comprensivos.
 En alguna ocasión, hubo de permanecer enfebrecida y estoicamente sola, sin las caricias y mimos familiares, con la lejana compañía de los sonidos de la carrera de una niña que iba al baño, una llamada de atención de una monja o por las ruidosas salidas al patio.
Sin embargo, atesora una enorme ternura para el austero y pequeñísimo aposento, el 5º de la parte de atrás, contando desde el ángulo del pasillo. De tal manera esto es así, que todavía es capaz de sentir en el vello los miedos, alegrías, sinsabores y esfuerzos mientras aquel fue su reducto, justamente en ese delicado momento en el que la pubertad llama a la puerta, casi sin avisar y con una carga de desconocidos sentimientos plagados de incógnitas y de dificultadas llegadas de la mano de nuevas sensaciones.
Reconoce que fue una etapa de un rico crecimiento personal, que venía potenciado por todas las transformaciones y aprendizajes que, despaciosa y paulatinamente, iban engrosando su bagaje.
Y pensar en aquel atípico dormitorio, le hace recordar divertida, las competiciones de garbanzos, lentejas o habichuelas con “habitante” cuando , en ausencia de la vigilante monja, alguna niña gritaba: “uno”, luego, enseguida llegaba un “dos” y después...
Como aquel sonado castigo, casi de madrugada, todas de rodillas, brazos en cruz, muertas de cansancio y sueño, con aquellos camisones tan sobrios de colores y hechuras, como correspondía y exigían la austeridad y severidad de los tiempos y de los muros.
Piensa en aquellos recreos en el que alternaban charlas y juegos, inventaban, bailaban o recitaban, provocando la atención de la monja artista y la espontánea elección para la obra de teatro de fin de curso. Recuerda con la misma inquietud, las horas de estudio en riguroso silencio, aquella primera redacción que le valió el aplauso y alabanza de un nuevo profesor de literatura, los exámenes, las congojas y nervios, sin nadie que la tranquilizara con una caricia, los rezos en la capilla, tan frecuentes que las rodillas estaban marcadas por la oración impuesta, las dudas, el silencio y el amor naciente a la soledad, producto seguramente del recogimiento impuesto.
Todo lo siente la mujer hoy, en aquella celda que no tendría dos por dos metros, sin puerta, sin techo y con la carga o ayuda, de otras vecindades, tan solas como ella misma.


La Imagen, obtenida a través de Google, de una escena de "Ciudadano Kane".

19 comentarios:

Chousa da Alcandra dijo...

O cristo clavado enriba da cabeceira nunca o entendín como ornamento. En realidade creo que me provocaba algo de medo.
Por iso na Chousa sempre me sentín moi ledo. Alí non había "crucifijos"!!!

Roberto Esmoris Lara dijo...

¡Qué estupendo relato, que testimonial de la "rigurosa disciplina" y los sueños sin gobierno. Es de una excelente factura, Ana, un abrazo muy grande y con toda ternura.
(aún me duelen los "castigos correctivos" que me propinaban los inmensos curas Franciscanos de mi pre-escolar en la Basílica de Pompeya)
Moitos bicos do REliño

Taty Cascada dijo...

Todo lo vivido en nuestros primeros años, se adosan de tal manera en nuestros pensamientos, que es imposible a veces no caer en largos períodos de aislamiento, y de escritos que nos reconcilien con hechos que nos provocaron miedos, y profundos cambios en nuestra personalidad...
Bello relato, un beso para ti.

TORO SALVAJE dijo...

Me conmueves.
No puedo evitarlo.
Imagino todas esas infancias y me acuerdo también de la mía...

Besos.

Manel Aljama dijo...

Ahora más que en la primera parte, y otra vez, vuelve tu particular Estrellita (la de "El Sur" de Erice). No creo que esa comparación te moleste, pero sabrás disculpar que la memoria de muchos de los que leemos está viciada de cine. ¡Mejor eso que de la tele! A veces cuando pongo la radio tengo que cambiar de emisora porque ¡están hablando de tele! Al menos en mis comentarios, acertados o equivocados y mientras no me fallen mucho las neuronas siempre habrá una peli aunque sea de la época del señor aquel del bombín y el bigote...

Si en la primera parte se insunuaban los usos de la habitación, en esta entrega el cuarto espartano se convierte por obra y gracia de la imaginación (gracias a la abstracción) en un sitio mágico, con imágenes y música. Lo refuerzas con el detalle cinematográfico de "Citizen Kane". No estoy solo en eso del cine.
Y resulta curioso que una celda de dos por dos metros y sin puerta y con esa cortina fuese tan grande para un pequeña que no paraba de inventar y crecer. Curioso no, auténtico. Así, leerte, me trae también música y con ese tono intimista y poético que aunque sea alegre, me he ido a buscar la Luz, en la banda sonora de "El bosque animado". Me la he puesto y he reemprendido la lectura, "con la carga o ayuda, de otras vecindades, tan solas como ella misma."

Me ha encantado.

anabel dijo...

Qué añadir, corazón, a las magníficas palabras que ya te han decidado en los comentarios... en esta ocasión, me dejo llevar por la austeridad: ¡un gusto leerlo!
Besotes :)

Caminante dijo...

Un texto muy gráfico, como casi todo lo que escribes, es fácil situarse y ver lo que estás narrándole al lector. Un día me cuentas qué es eso de las carreras de legumbres con habitante...

Aldabra dijo...

he sentido a la protagonista-niña muy desvalida y muy sola, he sentido mucha pena de ella pero sin duda todas esas penalidades marcaron el caracter fuerte y tenaz de la protagonista-mujer, la que nos cuenta ahora la historia.

biquiños,

paideleo dijo...

Vaia. Entroume un momento de claustrofobia.
Menos mal que semellas forte e que escapaches dese mundo.

Susi DelaTorre dijo...

Me he sentido un poco melancólica, con desasosiego entre alguna de las líneas y los márgenes. ¡Qué ternura despierta en mí esa niña!

Me alegra que su caracter se haya forjado fuerte, Fonsilleda.
La felicito por ello.

Saludos y ¡feliz semana!

.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Genial, como siempre, y para variar...

Saludos y un abrazo.

Argos dijo...

Fonsilleda

Sabes qual é o teu maior dom?
Tu pintas com as palavras, cada frase tua é um pedaço de tela, os teus textos são cenas acabadas onde nos perdemos!

Abraço grande

ana. dijo...

Anita, hermosa y querida escritora de instantes de la vida. Describís-escribis como nadie los espacios externos y en ellos las comarcas íntimas de tus personajes, es enriquecedor y grato leerte, uno va viviendo la historia junto con la lectura; ha sido una constante desde que comencé a leerte. Este relato, en particular, en el que la niña sueña en medio de un ámbito hostil y represor es isn dudas una metáfora de algunos instantes de la vida en los que nos hemos sentido sofocados por el "afuera" y nos hemos refugiado en nuestros sueños como quien se abriga en una casa buena. Te admiro y te recuerdo siempre. Agradezco nuestro encuentro por la belleza de tu alma. Un abrazo muy fuerte

Marisa dijo...

Cuántos recuerdos,
aunque los míos no fueron de monjas si fueron de disciplina,
de bocadillos compartidos y de
muchos nervios cuando nos examinábamos por libre en
el Instituto.

Muy bueno tú relato.

Biquiños

Balteu dijo...

Realmente poco puedo decir que no te hayan dicho ya, como puedes ver, la admiración que sentimos por lo bien que escribes, es común en todos los que te leemos. Este relato además lo percibí de tal ternura que me emocioné al ir leyéndolo, tal vez porque en algunos aspectos tiene cierto paralelismo con mis recuerdos.
No dudes Ana en seguir escribiendo, porque de alguna manera nos sirve de alimento a los que te leemos.

Un acio de bicos pra ti.

María Jesús Verdú dijo...

Un placer leer este relato

SaiKo dijo...

Ha sido maravilloso leer este relato.

Aun con nuestras diferencias, esa mujer y yo compartimos muchas experiencias y se me han puesto los pelos de punta, recordando ciertas cosas.

Manuel dijo...

Has sabido con verdadera maestría tocar la fibra de la niñez. Todo pasa como la misma maceta que depende su crecimiento del cuidado que ha tenido desde su geminación. Pero claro lo explicas maravillosamente.

Un beso, señora.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

FONSILLEDA.

AUNQUE TARDE TE COMENTO.

ME HA ENCANTADO TU RELATO, PERDONA AHORA LLEVO MUCHO TRAJIN CON ACTIVIDADES DE CASA Y FUERA.
Y SE ME HABIA PASADO ESTA ENTRADA.

BICOS, Montserrat