lunes, 20 de septiembre de 2010

APOSENTO (I) Y VENTANA

En aquella casa que no era solamente un hogar, aquella enorme casa que era un ser vivo, algo que te ofrecía posibilidades de diversión, esparcimiento, escondite, amparo, calor, convivencia, dolor, alegría y que  te tomaba de la mano para cobijarte, había una habitación muy especial, tanto que tenía nombre propio. Otras, tampoco eran demasiado comunes, pero de la que hablo hoy era, creo yo, la de la imaginación entre telas, agujas e hilo. Entre costuras, sueños e incluso magia.
Se llamaba "El séptimo cielo". ¿Es posible un nombre más bonito para un cuarto?. Muchos años después de aquella vida de ilusión y llantos infantiles, supe que era el título de una película que incluso llegué a ver.
Quizá hoy día nos limitaríamos a darle el limitado, o acaso práctico, nombre de multiusos, pero no, allí, en aquella casa tan viva era "Elséptimocielo". Una pequeña habitación en la que reinaban las mujeres con sus labores de aguja, dedal, bastidor, preciosos bordados e hilos de todos los colores; de telas sobre las que cortar ropas de fantasía y realidad, delantales y remiendos, de mucho esfuerzo y trabajo, en una preciosa máquina de coser, como las que hoy brillan, con luz y sabor propios, en algunos anticuarios; de baúles con  hilos antiguos que resisten el paso del tiempo y cuyas telas fueron tejidas en hermosos telares abandonados y por otras manos nuestras; ropas desusadas y disfraces de quimeras. Pero sobre todo, era un lugar de charlas, risas, cotilleos y alguna que otra canción; de fríos inviernos y lluvias eternas.
Cuando no la habitaban adultas manos, los pequeños entrábamos a tomar posesión.
Y era entonces cuando las maravillas hacían su aparición, en forma de fábulas, cuentos, aprendizajes continuos, disfraces, o teatro sin saberlo. Porque otro personaje, que eras tú y no eras, tomaba carta de naturaleza en tus pocos años. Y eras, otra cosa, incluso mayor.
En aquel armario empotrado, que guardaba maletas de libros ajenos y prohibidos, uniformes o materiales extraños, encontrábamos también lugar para elucubrar acerca de lo que se veía o intuía, de imágenes proscritas en aquellos tiempos y callabas si aprendías.
Había telas y trapos que vestían quimeras que salían volando para fundirse con aires y vientos que transportaban otras, venidas de lejos o de la casa y las amigas voces de al lado.
La ventana más alta de la casa, la del “Elséptimocielo”, porque así de próximo me era, dejaba esparcir todas las fantasías, las risas, las lágrimas y penas que ya no cabían dentro. Era una ventana rica en experiencia y vida y siempre dejaba un pequeño resquicio entre cristal y madera, para que alguna de ellas, enriquecida por viajes y otros anhelos, se colara de nuevo en un renuevo sin fin, al modo de una cinta transportadora, siempre la misma, siempre distinta.
Y hoy, que ya no existen aposento o ventana, viven ambos en mi y quizá, solamente quizá, las adorne en demasía, precisamente para que no se alejen nunca.

Imagen: de Kathleen Ash, en la que veo una ventana a la imaginación y a la vida: http://www.artfulhome.com/artist/Kathleen-Ash-/-Studio-K/4945

23 comentarios:

Froiliuba dijo...

Qué preciosidad de texto!!!!!

Ese septimo cielo creo que todos lo hemos tenido en forma de cuarto o rincón de la casa y que es recuerdo imborrable, dulce y magnífico de la infancia

me gustó muchisimo

Taty Cascada dijo...

Mi séptimocielo, era un mini bosquecillo de cinco o seis árboles diseñados al fondo del patio en forma circular. Sus ramas altas se unían formando una bóveda natural, ese lugar precioso era mi cuarto vegetal de magia, donde la imaginación volaba, donde la niña de esos años jugaba con los colores de la imaginación, y de los lápices que tenía por decenas guardados...¡Cómo añoro esos años!
Un beso.

TORO SALVAJE dijo...

Recuerdo otro séptimocielo en casa.
Una habitación donde mi madre junto a sus amigas cosían y no paraban de hablar.
Era un refugio amable aquél.

Que bonito lo has dicho.

Besos.

Roberto Esmoris Lara dijo...

La "sala de costura", con esa mágica tiza rectangular para marcar telas, la plancha de carbón, la Singer negra fileteada en oro y el torso sensual del maniquí.
Y sobre la enorme mesa de corte las ingenuas guerras de botones :)
Siempre me llevas y me traes a la emoción de ese mundo encantado que resistía los tiempos más difíciles, Ana.
Un abrazo con toda ternura.

Aldabra dijo...

mi encantaría compartir con aquellas mujeres esa habitación, con mi punto de cruz y mis agujas de tejer y ganchillar... ¡que envidia he tenido de ellas y de su mundo amable! que no te importe adornarlo, se lo tiene merecido.

mi pequeño séptimo cielo era el desván de mi casa donde bailaba sin que nadie me viese, donde subía a jugar con mis amigas... era el rincón de mi fantasía.

biquiños,

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

QUE BELLOS RECUERDOS FONSILLEDA.
QUIZA EL TITUÑLO OTRO BLOG TUYO CAJON DE SASTRA SEA EN HONOR A ESTAS LABORES, AGUJAS E HILOS DE LOS QUE NOS HABLAS HOY.

ES UNA MARAVILLA ESTE ESCRITO.

ME HA DEJADO SATISFECHA Y FELIZ HABERTE LEIDO.

BIQUIÑOS Y UN ABRACIÑO, Montserrat

Susi DelaTorre dijo...

Una entrada bonita, llena de sentimiento y añoranza. Son los recuerdos los que se anclan en la mente, haciéndose con el tiempo, enormes en belleza, en idealizaciones, en adornos...

Qué agradable encontrarme con los míos, a través de la lectura de los tuyos, Fonsilleda!

Cordiales saludos!

Chousa da Alcandra dijo...

Cantos desexos levan evocado as costureiras!!! (e non sempre pola costura, pero sí por pensar no "septimoceo" con elas...)

SOMMER dijo...

Está claro que séptimos cielos, todos tenemos algunos. Precioso texto.

Concha López Fernández dijo...

Na casa de miña nai casi todos os cusrtos teñen un nome... O nome dos meus irmáns e irmás... Agás o cuarto do medio, aquel que ocupei eu cos meus soño adolescentes. Pero resulta que ese cuarto do medio, que co tempo acabou sendo multiusos, é o único que conserva a esencia dos fíos e puntadas que eu daba, baixo as directrices da miña mestra e madriña...
É coma se aínda seguise enfiando soños...

Saúdos.

auroraines dijo...

Pasaba y me detuve en la ventana a observar las maravillas de tu Séptimo Cielo.
Esa época de la niñez que al recordarla se entremezclan la realidad y nuestra fantasía.
Bicos

Juan Serrano dijo...

Si te dieran a elegir entre todas las cosas de tu vida ¿con cuál de ellas te quedarías? La mujer sin dudarlo nada respondíó: con mi infancia. Y es que la infancia es nuestra patria, siempre nuestra mejor referencia, aunque hayamos vivido en la Conchinchina.

Anhermart dijo...

Todo lo que se me ha ocurrido evocar a través de tu magnífico texto ya lo han puesto otros seguidores tuyos, incluida la máquina de coser Singer, o sea que no me queda más que felicitarte por el rato tan agradable de lectura que me has hecho pasar. Eres una auténtica poetisa. Tus textos se paladean, tienen tus palabras una melodía dulce que me encanta.
Besos.

Raposo dijo...

Hai cuartos os que se lles ten un cariño especial. Por algo será!!!!

Caminante dijo...

Hasta ahora podría haberte dicho que tú conoces mejor que yo mi séptimo cielo, lo ves de lejos al pasear por las playas de tu ciudad en los días claros, con sus aguas transparentes y su arena fina. Y sin embargo esta tarde algo me ha conducido de nuevo a Sherwood, un lugar bien diferente, nada que ver con las Cies. No sé, a veces creo que el séptimo cielo nos lo hacemos nosotros mismos allá donde dejamos algo o alguien que nos dejan huella de por vida.

Tétis dijo...

Fonsilleda

Lindíssimo este teu texto, autêntica poesia em prosa.

Esse quarto, "El séptimo cielo" y a sua janela, são aqueles pedacinhos da nossa infância que sabe bem recordar porque nos transportaram a um mundo mágico onde todos gostaríamos de viver.

É bom que os recordes e não os deixes fugir porque fazem parte de ti e alimentam a fantasia da criança que afinal todos temos dentro de nós!...

Bikiños

De cenizas dijo...

¡Yo tuve un septimocielo! Gracias por hacérmelo recordar-revivir....


besos

Marisa dijo...

Cómo traes a mi memoria todos esos momentos,mi séptimo cielo
estaba en la buhardilla,
rebuscando en los arcones viejos,nos convertíamos en cenicientas o hadas madrinas.Aún existe pero ya no hay, quien la juegue o quien la ría, aunque siga en el corazón.

Tiernos recuerdos.

Un gran abrazo

El Ser Bohemio dijo...

La verdad hermoso, quién no ha pasado por ese séptimo cielo. Men encanta como escribes y te expresas.
Es la primera vez que entro en tu blog, la verdad me pareció muy interesante (te sigo). Seguramente me tendrás seguido por este lugar. Te dejo la dirección de mi blog por si lo querés visitar.

http://el-ser-bohemio.blogspot.com/

Desde ya muchas Felicitaciones!!!

AROBOS dijo...

Me ha gustado este relato teñido de nostalgia. Creo que casi todos tenemos un "séptimo cielo" entre nuestros recuerdos, probablemente idealizado por el tiempo. Saludos y buen fin de semana.

Zoe dijo...

Fijate que hoy paso porque al fin tengo algo de tiempo... y tú y tu enorme misminidad me traen y me devuelven aquellos recuerdos, las risas , las confidencias, las vecinas , las niñas que fuimos y que a pesar de los años aún siguen ahí dentro, los rostros que quisimos y que ya no están al lado nuestro pero que en estos recuerdos están y siempre estarán...y me emociono por tu séptimo cielo y por el cielo que disfrutamos...

besos

La sonrisa de Hiperión dijo...

Amiga siempre mágicas tus palabras. Pasa una buena mañana de domingo.

Saludos y un abrazo.

Manel Aljama dijo...

El cuarto es el protagonista de tu narración, pero como retratista excelente, nos enseñas la casa por fuera y luego entramos en la habitación con los ojos de un niño o quizá como un pajarito que revolotea (un insecto sería un poco una falta de respeto) y no pierde ningún detalle importante para tus propósitos de narradora.

Lo has redactado en prosa con ese aire poético, intimista y delicado que ya forma parte de tu estilo. Comparas la casa con un ser vivo y nos llevas de "entre telas, agujas e hilo" hasta "costuras, sueños e incluso magia". Es ahí donde la lectura pasa de los ojos del niño, con todo lleno de luz y color, a una dimensión nueva, la de los ojos de un pájaro o quizá un pájaro con ojos de niño: el armario, los juegos, los libros, lo prohibido... Con tu narración llena de colorido consigues pintar esos "fríos inviernos y lluvias eternas". Un texto que evoca un pasado no muy lejano. He tenido otras ocasiones para decir que no es lejano porque va contigo, forma parte de ti y de la memoria colectiva de muchos de los lectores. Si ahora mismo te propusieran traducirlo tendríamos que poner casi tantas acotaciones como palabras tienes por página :) para que un lector foráneo y ajeno a nuestra historia pudiese comprenderlo y abarcarlo en la totalidad. Creo que es ese el valor de tus escritos.

No le faltan las alusiones cinematográficas: "El séptimo cielo" aunque la narración me hace evocar otro film: "La mitad del cielo" donde hay brumas, frío, drama, norte pero también esperanza y futuro.

Esperaré la segunda entrega.

Un abrazo y muchos bicos