domingo, 26 de octubre de 2008

UN NIÑO, NADA MÁS.

Su mirada es tan limpia, sus ojos tan curiosos, su atención tan exclusiva, sus gestos tan espontáneos, su aprendizaje tan sereno, sus quejas tan dependientes, su sonrisa tan única, su belleza tan grande, su tacto tan suave y sus palabras, en un idioma desconocido e inimaginable, tan llenas de contenido, tan profundas, que no sé qué mas puedo decir.
Es un niño, nada más o nada menos. Como tantos fueron antes y serán después.
Pero, no importa, él es sólo un niño al que ayer he mirado y he admirado. Lo he mirado con mis ojos más inocentes, intentando ponerme a su altura. Y ha sido un maravilloso placer.
Su completa dulzura y su inocencia son suficientes para devolver la calma a una vida, para llenarla de paz y deseos, para hacerla mejor.
Y pienso entonces que por qué no nos detendremos más a menudo a mirarlos a intentar comprenderlos y a imitarlos.
Y el mundo sería otro, sería mejor.

3 comentarios:

Dante dijo...

No dudes, corazón, que si nos detuviéramos a diario a observar la simpleza y pureza de los chicos, nuestra visión de las cosas sería absolutamente diferente. Reflexiva y tierna entrada esta vez. Hasta necesaria. Un beso.

Simetha dijo...

Ves que hermosa edad? quién pueda regresar el tiempo a travéz de la mirada más genial, auténtica y limpia que la de un ninio, no cabe alguna duda que ha vivido! DEjo mi abrazo.

Alles Liebe
^^(°°)^^

La signora dijo...

Un niño pequeño es esperanza.
Esa que se ha perdido alguna vez entre la prisa, que se ha olvidado.

Me has hecho recordar a otros pequeños que han estado muy cerca de mí.