domingo, 28 de septiembre de 2008

SILENCIO

Ayer me he quedado sola en el porche después de comer. Mejor dicho, él dormitaba como muchas veces, dejándome sola.

Y me he puesto a escuchar. Cerré los ojos y me he abandonado reclinada en esa cómoda y ya vieja silla blanca, apoyando los pies sobre otra.

Así medio tumbada y con los ojos cerrados comencé a concentrarme para escuchar y disfrutar de algo que me encanta hacer a ratos perdidos, escuchar la naturaleza. Oír su latir, sentir la brisa, notar el paso de un insecto volador, buscar la similitud entre los tranquilos ecos de las olas del mar un día reposado y el movimiento de las agujas de los pinos acompañadas de otros árboles. Sentir el chasquido de una piña que se estrella en el vecino monte, notar el tris o tras de una rama que rompe por casualidad o porque otra piña la quiebra. Sentir el eco lejano del ladrido de un perro, al que, rápidamente se une otro y quizá otro. Emocionarte con la llamada de un pájaro cualquiera, que insiste al no ser escuchado más que por mí. Saber que esa especie de grito es de un esquivo arrendajo que pocas veces se deja ver. A veces, con suerte, descubrir el tacá-tacá-tacá rítmico de un pájaro carpintero (posiblemente torcecuello). Oír un gallo dando guerra o llamando al orden a sus gallinas. Alguien muy lejos grita ¡mamáaaa!. Incluso el chapoteo de una piscina no muy lejana.

Me quedé entonces muy quieta. La temperatura era espléndida y la luz preciosa. Pero yo mantenía los ojos cerrados.

De pronto me di cuenta y supe que estaba escuchando el sonido del silencio.

Nada, no se oía nada. Sorprendida, después de un rato muy quieta, abrí los ojos: no había brisa, el móvil que está colgado del farol, no se movía, no había pájaros pululando o saltando de rama en rama, mucho menos haciéndose notar con sus trinos. Los insectos pareciera que alguien los hubiera educado para ese momento y nos daban tregua; ni el levísimo aleteo de una mariposa. Las ramas no se mecían, no tenían obligación de acunar a nadie en aquel momento y las hojas que sostenían, estaban dormidas. No cayó ninguna piña rompiendo la magia del momento. No pasaban aviones y los perros, todos, hasta los más alejados, por una vez guardaban silencio.

Supe que estaba viviendo un momento mágico y respiré profunda pero silenciosamente mirando al tiempo que escuchaba.

Entonces pensé y ahora sigo creyéndolo, que todas las hadas, auxiliadas por una corte de gnomos, elfos, duendes, meigas buenas (que haber hailas) y demás seres fantásticos del bosque, así como el resto de sus habitantes, habían conseguido dormir, o dominar por un momento a las brujas y otros seres perversos, para regalarnos un mágico espacio de absoluto reposo y silencio.

Ya sé ahora como suena el silencio. No tiene ruido, ni siquiera uno leve. No molesta, envuelve, ampara, cobija y enseña. Sobre todo enseña, acompaña y dice. Te dice para que veas.

El silencio te habla sin palabras, prestándote lo mejor de sí mismo.
El silencio te habla sin palabras, haciéndote reflexionar.
El silencio busca las palabras para que sepas traducir lo que sientes.
El silencio encuentra las palabras y te las regala.
El silencio te enseña a escuchar.
El silencio deja que sólo tú comprendas su silencio.
Imagen: Elia Fuentes, Seixo: Zen, elegida por mí porque se siente el silencio.


10 comentarios:

Dante dijo...

Si hay algo más placentero que el ruido de la naturaleza, es el sonido del silencio. Ya no recuerdo el tiempo que hace que no puedo disfrutarlo. Hermosa entrada, corazón, que por lo pronto ya me hizo notar la falta que me hace. Un beso.

Froiliuba dijo...

Precioso ese sonido. Yo ya sabes que este verano lo escuché, y fué gracias a que salí de la vorágine esta que nos envuelve a los que vivimos en una ciudad, donde ese bien tran preciado es imposible.

Te imagino allí en tu porche, sentadita al sol y me da una envidiaaaaaaaaaaaa.

Lo raro es que te dejaran disfrutar de ese silencio.

Bicos meiga, temereces eso y mucho más.

Pilar dijo...

De pronto me di cuenta y supe que estaba escuchando el sonido del silencio.
--

El silencio adormece las almas que habitan este universo, dejándonos el tiempo preciso para gozar de ese momento mágico donde pareciera que nos transportamos en un sueño plácido, del cual muchas veces no quisiéramos despertar.
Tú lo has explicado perfecto.

Un abrazo muy grande
Pilar

Dimarojo dijo...

Entiendo muy bien ese sentimiento. Lo he vivido algunas veces en mis paseos alrededor del pueblo en el que paso muchos finos de semana. Y lo he disfrutado, claro. Pero no hubiera podido explicarlo con tanta sensibilidad y precisión. Saludos de nuevo.

http://GREGOTD.blogspot.com dijo...

Relatas espléndidamente ese sonido encantador de la naturaleza. Y el silencio. El silencio habla cuando meditamos sin que nadie nos moleste. Siento nostalgia de ese sonido de la naturaleza, y del silencio, porque vivo en una muy grande ciudad, donde los decibelios son el pan de cada día y cada noche.
Me a encantado leer esta entrada. Un abrazo.

Ninalla dijo...

Siempre me impresiona la gran capacidad de transmitir que tienes, haces sentir lo que tu sientes. Aunque, en esta ocasion lo que más he sentido es una gran envidia, pues para mí es imposible el silencio total, yo podria escribir sobre ruidos de autobuses, coches, gente charlando, motos...
Gusto leerte, meiga buena.

La sonrisa de Hiperión dijo...

"El silencio te habla sin palabras, prestándote lo mejor de sí mismo."
Para tantas tonterías que se escuchan, el silencio es el arma de doble filo para le que tiene lengua.
Saludos

John Sereira dijo...

Se detiene el tiempo, como aquel monje que pasó siglos escuchando el canto de un ruiseñor...

Un instante, revela la magia de esa gran maquinaria incomprensible...

Saludos para tu tierra también... a la ribera se asoma el frío...

Diamantina dijo...

Hola, ese momento mágico de comunión con la Naturaleza es invaluable.

Gracias por compartir ese momento.

Salud♥s. Melba

Sonia Antonella dijo...

Que curioso...hace un par de días me sucedió algo muy semejante a lo que relatas.
Tengo un solo árbol en mi patio, debajo de el me siento con mi móvil cuando estoy sola, los sonidos que se escuchan son maravillosos. Dejé el móvil en la mesita por un momento y me tiré para atrás en la silla. De pronto, nada de nada...pensé que me había quedado dormida y soñaba, pero no, el canario inflaba su pecho cantando, pero yo no lo escuchaba...La verdad, querida escritora ,que fue una experiencia sensacional.
He quedado deslumbrada con tu escrito. Gracias!



besitos
Sonia