lunes, 15 de septiembre de 2008

CENIZAS



Es de nuevo una foto de Seixo la que me mueve a escribir.

El año pasado hemos sufrido una plaga (me parece la mejor manera de denominar algo tan incomprensible como lo que sucedió) en estos países situados, según se mira la piel de toro, arriba en el ángulo de la izquierda.

Quizá muchos ya sepan que durante el verano del año pasado una serie de incendios asoló esta región marcada profundamente por los desastres.

Uno tras otro, como si se propagaran o se fueran contagiando los paisajes, de tal manera que, comenzando por el Sur, se fueron extendiendo poco a poco, llegando a arrasar muchas hectáreas de bosques. Se salvaron pocas, muy pocas zonas, entre otras, por suerte, la de mis otros paisajes.

Aparte de sufrir "malos aires" durante bastantes días, mi corazón y mi espíritu volvieron a dolerse infinitamente. Y mis ojos, que debieran estar acostumbrados a los sufrimientos, no paraban de verter ese mágico líquido que, como el mar, lleva sal en su alma.

No sabemos a que fue debido. Ninguna explicación ha alcanzado el tan ansiado consenso o acuerdo para explicar y juzgar.

Una vez más los de a pie nos quedamos con el corazón roto y la inteligencia cubierta por un espeso manto, pareciera que, justamente, de ceniza.

No me acostumbro, sigo sufriendo y no puedo dejar de amar esta tierra. Como llego a amar con más o menos intensidad, cualquiera que se va incluyendo en mi personal y particular patrimonio.

Por eso, al ver hoy foto de Seixo, que supongo que precisamente por no echar más leña en la hoguera se guardó hasta ahora, es por lo que recordé hoy, ahora, el pasado verano.

La fotografía, aún a pesar de la belleza que encierra, no puede ser más eficaz y representativa. Simplemente se ve un terreno totalmente calcinado y como unos hermosísimos animales deben huir, escapando de una muerte segura y buscar lugar para una nueva vida.

Y una de las maravillas de algunos de nuestros montes es precisamente encontrar y ver caballos en libertad. Paciendo tranquilamente con sus crías o cambiando alegremente en busca de húmedos y frescos pastos. Y los dejaron sin pastos. El fuego se ensañó.

Pareciera, o al menos yo tengo la esperanza de que así sea, que los caballos de la foto (colocados allí no sé por qué extraña meiga: dos a dos, como si hubieran posado) consiguieran salvarse. Pero me temo que fueron muchos los animales que sucumbieron.

Y mi grito se alza una vez más, aunque sólo yo lo escuche: ¡NUNCA MAIS!

4 comentarios:

Ninalla dijo...

Al fin he podido visitar tu rinconcito y me apena, tanto como a ti, esa imagen de destrucción. Son tan hermosos esos tus paisajes galegos, que se encoje el alma solo de pensar que puedan ser destruidos.
Besos.

Dante dijo...

Seguramente esos caballos consiguieron salvarse. La naturaleza cierra ciclos que muchas veces no entendemos, corazón. Pero si sabrá ella de equilibrios y pérdidas, aún con todo lo que nuestra humanidad se esfuerce por desestabilizarla. Sentida entrada dedicada a tus tierras. Fue un gusto leerte. Un beso.

Dharma dijo...

No es solo lo linda que eres, sino lo lindo que escribes. Eso solo lo logran pocas almas y tú eres una de ellas.

Que lindo tu blog, pasaré mas seguido a visitarte.
Un abrazo fuerte.

Froiliuba dijo...

No te voy a comentar algo que ya hemos comentado mil veces y que sabes he vivido. es tan terrible...