domingo, 14 de septiembre de 2008

DESARRAIGO

Tardé muchos años en comprender.

Desde mi cómoda infancia todo lo veía natural y tardé muchos años en comprender lo que significaban y encerraban aquellos viajes de papá a Vigo, aquellas constantes visitas de gentes de las aldeas, siempre mujeres con niños u hombres y mujeres ya muy mayores. Personas con serios semblantes y pañuelos enroscados en los dedos, con ojos vidriosos y preocupados: ellas casi siempre con uno o más niños liados a sus faldas, todos graves, trascendentes, alguno con un sobre arrugado en las manos...

Pasaron muchos años hasta que comprendiese, hasta que comenzara a informarme por mi misma, a ver fotografías, a leer prensa, libros, a ver cine o reportajes.

Quizá pasaran tantos años desde mi nacimiento como 15, que fueron los que cumplí aquel maravilloso año en que nos visitaran y se quedaran algunos meses con nosotros Eduardo y Mary, su mujer, también de ascendencia italiana.

Desde siempre yo había tenido familia en Argentina, pero era mi familia, como la que podía estar en Carballiño, Lugo o Andalucía, incluso a veces más cercanos por la continua y permanente correspondencia. Desconocía los motivos que habían llevado a Plácido, Eduardo o Antonio y también a Chepepe (que regresó, pero al que se le quedó el nombre así, de tal forma que hasta el correo iba dirigido a su mote, ¿o nuevo nombre?, lo que significaba en aquel pueblo, que no necesitaba nada más, era identificación suficiente), tan lejos de nosotros.

Ellos no se habían enriquecido, pero vivían bien, sin problemas importantes. Todos formaron sus familias en aquel país y así fui conociendo tías, primos y mucho más tarde, las familias políticas.

Después, la vida, las conversaciones, las miradas, los regresos, no siempre triunfantes, las continuas marchas, el correo con añoranzas implícitas..., me fueron dando pautas y visiones para comprender.

Y supe entonces los motivos que les llevaron a marcharse. Y comprendí las añoranzas, los miedos, las morriñas, las nuevas ilusiones lejos...

Y siempre, salvo raras excepciones, la morriña, el deseo casi siempre insatisfecho de regresar algún día, de muchos seres valientes (al principio casi sólo hombres, pero muy pronto mujeres), que dejaban familias: padres, hermanos, mujer e hijos incluso, en pos de una vida mejor.

Y comencé a absorber el drama de la emigración y supe que pertenecía a un pueblo de emigrantes a una casta de seres con arraigos firmes pero que se veían obligados a echar y criar nuevas raíces para sobrevivir.

Y ahora, cuando son otros los que llegan a nosotros, quiero sonreirles a todos porque pareciera que así se sentirán acogidos.

Y me gustaría que supieran que les comprendo y que sé. Y que también sé de los sueños insatisfechos y de los regresos sin triunfos y de la pobreza que sigue...

He buscado en mis cajones, recuerdos de esas añoranzas y de todos esos sentimientos, para tropezarme, como muchas otras veces, con las poesías de mi tío Eduardo. Me ha parecido entonces un buen homenaje, primero a él, espléndido hombre que muriera no hace mucho, en el país que le dio la vida, Argentina, a los 100 años y luego a cualquier persona de cualquier lugar que se vea obligado a desarraigarse por los motivos que fueren.

Todas las poesías, sencillas, casi infantiles, que guardo de Eduardo y que se refieren a sus sentimientos más antiguos, están plagados de nostalgia y, casi al azar, elegí una:

MI LUGAR DE FONDEVILA.

Quedaste en el tiempo,
lugar de Fondevila.
Quedaste en el tiempo,
como quedó la vida.
Cerezos y ciruelos, perales y manzanos,
quedaron en recuerdos, de hace muchos años.
Allí quedó mi casa, con su tejado rojo,
Allí quedó la brasa, allí quedó el reposo.
Allí quedó mi infancia y el beso maternal.
Allí quedó la estancia, allí quedó el corral.
Quedaron los caminos de mis primeros años,
quedaron otros niños, quedaron los castaños.
Allí quedó el agua y prados muy floridos,
allí quedó la fragua de todos mis sentidos.
Quedaron blancas tocas, de muchos hermanitos,
quedaron muchas bocas, con besos infinitos.
Quedaron en su cielo mis tías y mis padres,
sólo he traído el consuelo de mis recuerdos inefables.
Quedaste en el tiempo,
lugar de Fondevila.
Quedaste en el tiempo,
como quedó la vida.

Otra pequeña estrofa de otra que me parece especialmente melancólica y que el titulaba: "Quiero subir a tu coche", refiriéndose a un supuesto coche de la luna en su ruta sideral:
...
Quiero una gaita escuchar,
con acústica de pinos,
y a una moza oír cantar,
caminito de su lar,
en su noche de molinos...

Eduardo Fondevila.


Fotografía de 1957, de Manuel Ferrol.
Pertenece al acervo cultural de Galica porque en ella se aprecia claramente el dolor que siente un padre al despedirse de su hijo antes de embarcar. El que debieron sentir padres, hijos....

4 comentarios:

Dante dijo...

Que decirte de tu entrada, Ana? Me llega. Me llega de cerca y mucho. Mi abuelo materno, (al que reconozco como padre, ya que al verdadero casi no conozco) vino de Asturias. De un pueblo llamado Llanes. Y fue uno de esos emigrantes forzados que se fue de esta vida con el deseo de volver a ver su pueblo. No tuvimos edad con mi hermana para acompañarlo a volver de visita, se nos fue antes, pero conseguimos en la embajada de España en mi país, fotos de su pueblo y un mapa de Asturias. No hubo día por las mañanas que mi gallego no le cantara a su Asturias batiendo palmas sentado en su cama. Y así se fue. Es hermoso lo que contás, y hermosos los recuerdos que trae. Hoy más que otras veces fue un gusto pasarme por tu casa. Un beso.

Froiliuba dijo...

Dante tenía a su abuelo asturiano allá en Argentina y yo... creo que no pasa un día en que no me acuerde de mi hermana, esa hermana mayor que se marchó tan lejos y a la que veo cada tres años mas o menos, eso si hay suerte y no pasan muchos mas.
Esa hermana que tiene allí a su hija y aquí , con mis padres a su hijo que decidió volverse a España.

Ahora estoy feliz poruqe viene de vacaciones un mes, pero sé que cuando se vuelva a marchar, tendremos de nuevo un período duro que soportar, sobre todo mis pobres padres y ella...

Es duro envejecer fuera de los tuyos, lo sé, se le nota en la mirada.

Se me saltan las láfgrimas al pensarlo, si

mil besos

Ninalla dijo...

Es, a veces, tan fragil la memoria, que en numerosas ocasiones me he enredado en discusiones apasionadas con aquellos que no quieren acordarse de esos emigrantes, los nuestros, que, por una circunstancia u otra, tuvieron que marchar para ser extraños en otras tierras y no aceptan a los que hoy tienen que venir, dejando atras a sus seres queridos y sus raices.
Preciosas las poesias de tu río Eduardo, me han hecho salir las lagrimas.
Besos.

Dimarojo dijo...

Hay tantos españoles con antepasados emigrantes...Yo mismo. Mi bisabuelo, mi abuelo y un tío abuelo partieron a Argentina. Yo no había nacido y ni tan siquiera era un proyecto remoto. Nunca les conocí y supe muy vagamente de su existencia. Mi abuela nunca quiso marcharse y no hablaba nunca del tema y menos con sus nietos, unos niños todavía.
¿Infantiles dices esos versos?. Yo los veo de una nostalgia sobrecogedora y de una capacidad descriptiva enorme. Me recuerdan, porque guardan una cierta similitud, un poema de Antonio Machado, que es uno de mis favoritos y que hace una definición maravillosa de la primavera, la mejor que he leído. Me tomo el atrevimiento de reproducirlo aquí para allanar el camino de algún posible interesado.

A JOSÉ MARÍA PALACIO

Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...

¿Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas?

Aún las acacias estarán desnudas
y nevados los montes de las sierras.

¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
allá, en el cielo de Aragón, tan bella!

¿Hay zarzas florecidas
entré las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba?

Por esos campanarios
ya habrán ido llegando las cigüeñas.

Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y el romero.

¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Furtivos cazadores, los reclamos
de la perdiz bajo las capas luengas,
no faltarán. Palacio, buen amigo,

¿tienen ya ruiseñores las riberas?

Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...

Baeza, 29 de abril de 1913


Antonio Machado

Saludos cordiales