jueves, 18 de septiembre de 2008

AL FINAL, NO IMPORTA, SIGO


Hoy de nuevo nos vamos a reunir todas, bueno, mejor dicho, las que quedamos y las que somos y habíamos sido.

No sé por qué extraña circunstancia entre nosotras no hay ningún hombre. Quizá deba ser así porque siempre fue así. Parece que ellos, los hombres, son muchísimo más remisos a la hora de entregarse a fondo y compartir otra cosa que no sea un rato de fútbol o un poco, no demasiado y sin apasionamiento, de crítica política. Y luego, por supuesto, cuando están solos: de mujeres en general y en particular.

Pero lo que quería plasmar y de lo que deseaba vaciarme es de mi sentimiento, el que me produce cadauno de estos encuentros.

Por un lado, aparte de las conversaciones esporádicas por teléfono y algún que otro encuentro por la calle, la realidad es que tengo fuertes lazos de cariño, sobre todo con alguna de ellas, casi todas en realidad (a unas las quiero más, simplemente) y, en este sentido, siempre me encanta estar con ellas y charlar y darles un beso y ver y sentir cómo siguen.

Por otro lado, siempre es duro para mí. Parece mentira ya son, creo que casi cuatro años y todavía me duele todo aquello.

Me duele y sigo enfadada y defraudada conmigo mismo. Inaudito.

Mi operación primero, mi vuelta al trabajo después, todo lo que pasó incluida mi depresión y ruego de que me hicieran un pequeño plan para irme, con lo que significó de pérdida de poder adquisitivo (no grave ni insuperable, desde luego), hacen que, cada vez que me enfrento con ellas y con ese lado de mi pasado, me de cuenta de que todavía escuece, de que todavía me duele mucho y de que mi enfado sigue ahí, aquí, en mi interior.

Algo me sucede por dentro, las entrañas se me anudan y los nervios están ahí agazapados en el estómago, a pesar de la tranquilidad, sosiego y relativa felicidad del momento que vivo.

Y, lo que me hiere más, es que, en el fondo, sé positivamente que el sentimiento, el dolor, van a seguir ahí...

En fin, admitámoslo, me fallé a mí misma, no supe superar lo que debía; en el fondo me dejé arrastrar por la comodidad del "dejarme ir", no luchar, no pelear, buscar arrestos y arrojo y ponerlos ahí, de barrera para seguir. Como posiblemente hubiera hecho siempre, antes de todo aquello.

Pero no importa, mañana saldrá de nuevo el sol, volveré a oír el sonido de la lluvia cuando cae y moja los cristales y esa puesta de sol o aquel arco iris, harán que se me salten las lágrimas. Y el mar seguirá y mis árboles, mis robles...

O verle a él todavía a mi lado, conmigo, o las niñas, o unos momentos de risa con los amigos.


Quizá la fotografía que elegí de Elia Fuentes, Seixo que ella titula "Sombras de soídade" (sombras de soledad), exprese atinadamente, entre el color y las sombras, el sentimiento de estupefacción y asombro que siento ante mí misma.

(Así ha salido y así debe quedar)

2 comentarios:

Dante dijo...

Y está bien que si así sale, así quede, corazón. Pero fallarte a vos misma? No pienses así. La vida a veces nos enfrenta a situaciones que no deseamos, pero eso es bueno. Alguna vez se dijo, que lo que no mata, fortalece. Y es así como se templa el alma, bonita. Es bueno que siga doliendo, porque eso te muestra que seguís viva, de pie, y rebelándote a lo que te disgusta. El dolor es sano mientras no se convierta en rencor, y por lo que contás, duele sólo lo necesario, ya que te permite disfrutar de buenos momentos también. Bien expresado y excelente desahogo te mandaste.

E que non se fale de tristeza nese encontro que saio a buscarche cun avión. Déixoche un bico.

Froiliuba dijo...

y la próxima vez que suba a tu casa NOS VAMOS A MEAR EN LA PUERTA , HE DICHO!!!!