viernes, 15 de julio de 2011

DESATINOS DANZANDO


Imagen de Elia Fuentes: "Bandada"

Suenan los primeros acordes suaves, casi leves, acompañando esa extraña voz que repercute en mí como un mantra. Ese nuevo timbre que voy incorporando a tantos otros que ya son míos, aunque sus propietarios lo desconozcan.
Para ahondar en la voz, la música y disfrutar más, cierro los párpados buscando esa penumbra tranquila que siempre seda y abriga. Esa falta de luz deseada y a veces añorada, que me acuna y envuelve como si de un seno materno se tratara, acariciando, amparando sentidos y mirada.
Y es entonces cuando despacio, concentrada y notando lo que penetra por mi piel, aspiro buscando el aire limpio y frío; ése que parece vivificar, puliendo perfiles, matizando sensaciones y lavando temores y resquemores. Luego, lentamente, expulso esa especie de nada invisible que inundó mis pulmones para darme la vida, esta vida mía, ahora prestada, posiblemente regalada y empeñada en auxilios ajenos. Asimismo, intento encontrar el camino que ha seguido el aire invisible, para encontrar la materia de la que estoy hecha. Veo las fosas nasales, como en aquel dibujo, que no era más que un simple esquema en blanco y negro, del primer libro de ciencias que pasó por el aprendizaje de mis manos. Leo aquellos primeros desconocidos nombres que sonaban a errores cometidos o a pecado mortal: cornetes, senos, cavidades... Y, entonces, siento el viaje, que imagino iniciático, del invisible, vital e irreemplazable para que, sin que consciencia o voluntad intervengan, mi educado y sabio organismo, extraiga el precioso oxígeno.
Abro los ojos y dejo que mis manos pulsen teclas por caminos virtuales, en aras de una somera recuperación de aula lejana, porque la mirada es ya insuficiente ahora y preciso releer nombres y recorridos casi olvidados.
Mientras, su voz rara, nueva y de joven hombre, sigue derramando sonidos y letras que entona en un idioma que es ajeno a mí, hablando de fantasmas, robles o matizando sensaciones y experiencias si tuviera un barco.
Los párpados se cierran de nuevo para concentrar percepciones y el aire, una vez utilizado, sé que hará un viaje de retorno hacia el exterior, convertido dióxido de carbono. También he re-aprendido que, antes, habrá sido acunado, mecido y molido a través de laringe, faringe y tráquea, bronquios y bronquiolos.
Me cuestiono otra vez, si esos nombres son puro azar o fruto de mentes retorcidas para nublar cerebros jóvenes u olvidadizos por uso y tiempo. Como el mío, que no recordaba ya la senda completa.
Ahora, detenida, quieta, pienso que todavía le quedan al aire invisible y vital, para que la historia pueda continuar, los alvéolos, que no son otra cosa que unos prácticos sacos, que no conozco cómo, dónde o qué guardan y cobijan.
Y los pulmones habrán cumplido, fielmente, su función de llevar a la sangre los precisos latidos, al tiempo que recogen aquello que el organismo no precisa y lo trasladan fuera, lejos de mi acogedora penumbra. Como si hubieran aprendido de unas prosaicas, pero prácticas, escoba o mopa.
Me encandila hoy esa voz, que ni siquiera es varonil, tanto como el arduo proceso de la respiración.
Mi gastada experiencia no comprende el proceso de respirar, tampoco otros gracias a los que me muevo, puedo hablar o hacer lo que en estos instantes; me parecen nacidos exclusivamente, para que mentes infantiles aprendan complicadas trigonometrías, en libros de ciencias que ahora llevan disimulados nombres.
Surge, en un silencio que flota en pentagramas inventados por otros, la pregunta de cómo habremos llegado a funcionar de una manera tan sencillamente complicada y laboriosa, pero tan efectiva, prodigiosa y hasta es posible que fascinante. Esbozo una sonrisa que solamente yo veo y me digo: un trabajo bien efectista.
Ingenuamente recapacito sobre los procesos internos de estos cuerpos que, a pesar de ser nosotros, marchan sin apenas ajustes, casi siempre silenciosos, autónomos, independientes, libres y sin títulos universitarios que los avalen o acrediten. Funcionan además, sin necesidad de mandamientos, normas, leyes o dirigentes que marquen caminos.
Sin embargo, mientras nuestro organismo pareciera regodearse en la libertad de la que goza, nosotros, precisamos cada uno de sus pequeños servicios para que el corazón no deje de latir, poder usar el cerebro, no descuidar miradas, utilizar el tacto, el habla para expresarnos y el conocimiento para seguir. Más aun, cuando ya las “ITV” se hacen necesarias, aunque sea para una simple puesta a punto, engrasado o inyección de sentimientos o savias nuevas.
Divago con estos palmarios desatinos y la preciosa música que me gusta y que he elegido hoy, sigue deleitando todo mi yo y quizá también danzando al compás de los caminos de mis adentros, para guardarse en los alveolos.
Y, como la bandada de la fotografía, independiente, libre, haciendo equilibrios, jugando con el aire y su energía, llenando un espacio con el aleteo de unas imaginarias alas, la voz que escucho, me calma.

11 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola querida fonsilleda.
Te he ido leyendo con calma.
Mientras tengamos aire puro para respirar, siempre hay esperanza.

Estoy contenta de que vuelvas a publicar.
Bicos desde esta calurosa Valencia, Montserrat

Balteu dijo...

Apreciada compañera, me alegra muchísimo ver de nuevo tus maravillosas letras. Al igual que esa voz te calma a ti, a mi me calma el poder leer al fin, estos textos (quizás a ti no te parezca) que para mí, contienen poesía y como esas aves de la fotografía navegan libremente por tu escrito.

Bicos

TORO SALVAJE dijo...

Esos procesos internos son alucinantes.
La mano de Dios?
El azar?

Ya no sé que pensar.

Me alegra volver a leerte.

Besos.

Manel Aljama dijo...

¡Celebro volver a sentirte porque leer tus textos merece estar como dices en silencio y pararse tras cada punto y seguido para saborerar o para respirar las palabras!
El texto enlaza con otros anteriores que son también de encrucijada, de balance vital pero necesario para poder caminar y disfrutar del camino.
Cuando dices "si esos nombres son puro azar o fruto de mentes retorcidas para nublar cerebros jóvenes", me haces recordar "Oh Capitán..." en el club de los poetas muertos, donde el profe les recomienda disfrutar de la vida y no esperar la muerte para descubrir que no se ha vivido.
Como dije por ahí, caerse está permitido y levantarse es obligatorio. Espero que estés descansada y al menos, nos dediques tus palabras semanalmente.
Besos

Aldabra dijo...

abstraerse, paladear, respirar, sentir, escuchar, palpitar...

perfecto ejercicio de relajación.

Susi DelaTorre dijo...

Melodías interiores a párpados cerrados...!

Un placer leerte, Fonsilleda!

Una bandada independiente y libre, en la foto, tan inspiradora!

Abrazos!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Como siempre geniales, los posts que nos dejas. Gracias por compartir.

Saludos y buenas tardes de sábado.

Argos dijo...

Olá Fonsilleda

Gostei muito do texto e da imagem que o acompanha.
Perdoa a minha ausência, por vezes ficamos sem grande vontade para fazer aquiloq eu gostamos.

Abraço

A nena do paraugas dijo...

Isto é coma facer limpeza xeral. Cómpre unha de vez en cando.

Marabilloso texto. Parabéns!

Pilar dijo...

Sentir cada sensación, vivirla en calma, hacerla tan propia y gozarla, Regalarnos ese tiempo mágico para reconocer cierta libertad batiendo, también en nuestras alas.

Abrazos

Maribel-bel dijo...

O texto está cheiño de poesía, sentimento e esperanza. É moi bo enfrentarse a unha limpeza xeral coa escrita e cos adentros. Moi fermoso. Biquiños