lunes, 8 de noviembre de 2010

RENDIJA DE PAPEL

La calma, mi calma, está bien asentada en el espíritu y no altera ni enerva ánimos. Sus latidos suaves son como las olas en verano, bisbisean tranquilas y espumeantes, al morir en los arelanes, empapando pies y dulcificando plantas, como si de un podólogo delicado y sumiso se tratara.
Esa placidez, esa paz, no impide que haya momentos y miradas que, aunque ahora lleguen amainadas tras los embates de la edad, recobren los sones de aquellos rock and rolls bailados años ha, en guateques pasados de moda, intentando emular comedias musicales y pasos de bailarines que más parecían funámbulos con sus acrobacias. O aquellos otros primeros bailes, sin pareja que indicara, con aprendidas dotes de mando y firmeza, más intuida que razonada o sentida, los pasos y giros que había que hacer.
Pero, a pesar de todo, esos trances vienen plagados de misteriosos y atónitos recuerdos, que nunca terminan de parecer reales por insólitos; que más parecen sueños soñados o prestados por vecindades de pieles amigas.
Asi que, cuando el recuerdo acude sin más, real o inventado, ahí está la memoria y la nostalgia que abren una pequeña rendija en la puerta del desván, por el que se cuelan desechos y retales, briznas de sentimientos y de sentires.
Y la mirada entonces, retoma brillos y se instala otro gesto en los labios mermados, porque la música suena, a pesar de las partituras olvidadas.
Y la piel sufre sutiles e imperceptibles cambios de esperanza, que evidencian, firmes, el pulso de los latidos.
Y la sonrisa se torna a sonrisa manifiestamente alegre, cuando los ojos esparcen alegres chiribitas que caen levemente atomizadas sobre las sombras vividas, consiguiendo paliar rutinas e incluso tristezas asumidas y viejas.
Y recuperas los tonos; los colores se difuminan y danzan contentos iluminando escondrijos.
Es entonces cuando pienso, sí, ya lo viví, pero todavía puedo sentir. Sí, ahí está todo, quizá inalcanzable en algunos momentos, pero a la distancia de una mano tendida.
Y no veo sombras ni manchas, porque todo es dibujo de vida en blanco y negro, que se cuela por una rendija de papel.

Imagen de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes: "Pasa".


20 comentarios:

De cenizas dijo...

Hay rendijas en el papel que son auténticas puertas hacia la luz y las sombras del pasado que, inevitablemente, iluminan o ensombrecen el presente...


besos

TORO SALVAJE dijo...

Me gusta leerte lentamente.
Y volver atrás para releerte otra vez.
Es una delicia.
Un bálsamo para el alma.

Besos.

estela dijo...

Un precioso análisis de los momentos mas importantes de la vida.

Besos.

María Jesús Verdú dijo...

Nos muestras momentos importantes de tu vida que no han quedado atrás porque todavía los sientes

Roberto Esmoris Lara dijo...

"los embates de la edad"...¿añorará el árbol soberbiamente añoso su pasado de cimbreante tronco? La savia original no dejará de recorrer su cuerpo.
Es hermoso, Ana.
Bicos do Reliño

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola amiga.

Que bien lo pasábamos en aquellos guateques.

Me encanta leerte, mira esta mezcla de presente y pasado, hace una sabrosa ensalada, y aliñada con tus letras aún se convierte en una lectura más sabrosa.

Ay galleguiña. Ahora en Valencia, a las 20 h. hace unos airiños, aires, que parece que vayamos a volar de vuelta casa me he tenido que agarrar a un coche.

Biquiños, Montserrat

Taty Cascada dijo...

Los recuerdos siempre abren las rendijas del alma, son inevitables...Cambiamos físicamente pero conservamos la esencia...Ya no seremos los adolescentes de décadas pasadas, pero todavía sentimos y nuestro corazón late igual que ayer.
Un beso.

ana. dijo...

Anita, dulce Anita. Tan dulce como la música de tu cuerpo que danza al compás de esa nostalgia que te habita. Nada ha cambiado. Todo sigue intacto en en tu preciosa manía de vivir. Muchos besitos.

bixen dijo...

Curioso el tiempo, que al compás que avanza, se repite. Tictac o blanco y negro.

Marisa dijo...

Y las notas seguirán sonando porque se han escrito sobre
partituras que rezuman sentimientos.
Que sigan colándose por las rendijas esas briznas de recuerdos escritas maravillosamente.

Un abrazo muy grande

Aldabra dijo...

tus recuerdos parecen plácidos y calmos... aunque sean en blanco y negro... sin turbulencias.

coincido contigo en que la edad nos va amansando y vamos volviendo la vista atrás con una distancia sabia y respetuosa.

biquiños,

Alís dijo...

Afortunadamente, los recuerdos tienen la fuerza de hacernos sentir, resentir, aunque a veces se difuminen hasta hacernos dudar si son recuerdos o sueños.

Bello texto.

Bicos

Sir Bran dijo...

Me ha encantado leer tu calma... y dejar que saliera la mía.
Soy admirador de la calma... y por extensión... de ti.
Besiños.

Chousa da Alcandra dijo...

Esas reganduxas na memoria son o sillón no que descansa a experiencia; a cal proporciona sabiduría para interpretar a brúxula do presente e, en ocasións, incluso a do futuro.
Estás que te sales, Fonsilleda!

Bicos por unha reganduxiña virtual

Pamela dijo...

Sólo le pido a Dios que no me quite los recuerdos que pintan la vida de colores cuando llega el invierno.

Hermoso texto has producido querida amiga, hay frases que son versos de un gran poema: " la piel sufre sutiles e imperceptibles cambios de esperanza" qué maravilla y qué verdad!

Un abrazo desde el alma

BB dijo...

Entro aquí y me cautiva tu palabra.
Sé que regresaré, si me dejas.
Un abrazo cordial
BB

Maribel-bel dijo...

É certamente envidiable que a invernía non se converta en amanceres silentes e que ti non mudes esa claridade de recordos en paseo agradable por as túas lembranzas e verbas. Unha apertiña

La sonrisa de Hiperión dijo...

Todos los dibujos en B&N son nuestros retratos difuminados. Porque somos nosotros, al fin al cabo, los que vivimos... Los que al final tenemos todas las decisiones.

Saludos y un abrazo.

ARO dijo...

Se reconforta el espíritu leyendo esta entrada tan lenta y plácida, tan bellamente escrita.

Manel Aljama dijo...

Un texto más: intimista, como los otros, que te engancha, como los otros pero que parece una de esas joyas pequeñas, bonitas, delicadas y talladas a mano, con precisión y amor.

Parece que nada está al azar y así se podría decir: "me ha salido de dentro y no he tenido que pulirlo".

Puedes encontrar comparaciones:
"como las olas en verano"
"como si de un podólogo delicado y sumiso se tratara"

Epítetos modernos: "guateques pasados de moda"
Reduplicaciones: "sueños soñados"
Metáforas: "vecindades de pieles amigas"

Y todo está engarzado sin rechinar, sin molestar, "suave como las olas que mueren en los arlanes".

Me dejo algo y es que cada vez que lo leo encuentro algo nuevo.

besos