martes, 31 de agosto de 2010

LA PUERTA DISIMULADA (Mirada)


Como si se tratara de una proyección en televisión o de una evocación soñada, veo como diariamente, la niña que fue, vestida de gris, lloviendo, con frío o un tibio sol primaveral ya instalado, se afana subiendo o bajando unas escaleras de piedra, anchas, rústicas.
Aquellas escaleras, hoy continúan salvando, uno de los innumerables desniveles de la ciudad que mira hacia su propio mar y a la otra banda de las aguas, en sucesivas y continuas rúas, empinadas casi todas. El gran pueblo, mucho más grande que el suyo de nacimiento, añorado siempre.
Cuando bajaba la niña, iba a sus quehaceres juveniles, cargada con los libros adecuados, pero durante el ascenso, casi siempre iba despacio y desganada, no por el esfuerzo sino por el regreso a aquel piso en el que vivía durante los cursos colegiales y en el que casi siempre se encontraba aislada, ajena, un poco sola.
La niña, con su uniforme gris y, en los primeros tiempos, con cuello duro y aquel sombrerito del que colgaban dos graciosas y cortas cintas que vigilaban su espalda, llevaba además, unos zapatos fuertes, quizá de la marca “Gorila”, que le permitían jugar chapoteando en algún charco. Y, sin ser consciente, ni presentir siquiera que iba hacia la pubertad, viajaba hacia su humilde historia.
Esa niña de vida un poco para adentro, tiene la cara redonda, un suave y ondulado cabello oscuro y unos kilos de más. Desde la distancia, pienso ahora que, aquella cara, semeja quizá un dulce y templado pan, siempre tierno, siempre aromático y recién hecho. Si tuviera que definirla, lo haría con dos tonos, el blanco y el negro, teñidos de ternura y mimo, pero también una aparente apatía e indiferencia.
Callada o charlatana, a menudo asombrada por los nuevos hábitos que ha tenido que adquirir, lista, y añorando la acera delante de la casa de sus padres y el calor de su hogar. Aquella acera vacía ahora de sus juegos con las otras amigas, las de su infancia, las que nacieron con ella y con ella aprendieron las primeras palabras.
De regreso, después de salvar los dos tramos de la escalera, todavía le faltaba camino para llegar a la casa prestada. Ensimismada, mirando y absorbiendo (ahora lo sabe), camina paso a paso. A veces, incluso con una corta compañía, nunca hasta su destino.
Por tanto, eran cuatro las veces que cada día pasaba por aquella puerta pequeña, casi disimulada en la pared de piedra de una pequeña casa, situada en del largo muro pétreo, tras el que, seguramente se oirían, cuando correspondiera, sus juegos y el de todas las niñas con las que compartía uniforme, pupitre, capilla y recreo.
La puerta, sencilla, siempre cerrada, era el acceso a un aula, más humilde todavía, como escondida o enmascarada, casi pobre y pidiendo mil perdones por existir. Por ser y tener que estar allí, a la vista de todos.
La casa guardaba un aula distinta, para otro tipo de niñas diferentes. Ella tardó algún tiempo en averiguar cuál era motivo de su peculiaridad o diferencia. Pero nunca llegó a comprender por qué eran otras y tan diferentes que merecían una puerta distinta.
Supo que eran niñas pobres y aquello se llamaba caridad.
Supo que eran más pobres que nadie, porque en los tiempos lejanos, era patente y notoria la necesidad en muchísimos hogares. Sin embargo, las niñas de la puerta precisaban más, y eso las hacía otras.
Siente ahora la niña, que la educación recibida de uniforme, pupitre, capilla y recreo, condicionó actitudes y sentimientos y conoce el esfuerzo que ha tenido que hacer para aceptar a todos como a sus afines. Para hallar una mirada bastante limpia para observar, admitir y admirar las diferencias.
Ahora, con la cómoda madurez asentada, la niña que ya no viste tan solo de gris, entiende que tampoco han cambiado tanto las cosas.
Se aparta, se ponen etiquetas, se desprecia todo lo que no está enmarcado en la regla, en la norma impuesta por unos cuantos.
Se levanta muros vergonzantes. Continuamente se colocan otras puertas.

Imagen: Del ilustrador JOE SORREN.

15 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

La niña escribe muy bien.
Y parece tener un corazón de oro.

Me conmovió.
Dale un par de besos de mi parte tú que la tienes tan cerca.

Besos.

Rosario dijo...

Me ha gustado mucho tu historía, yo estudié en un colegio de esos, pero no era consciente de las puertas diferentes, ahora me parecen terribles.
Un abrazo fuerte desde mi librillo.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

HOLA FONSILLEDA.

EN BARCELONA, CUANDO YO ERA PEQUEÑA, TENIA UNA AMIGA QUE IBA A UN COLEGIO DE MONJAS, QUE TENIA EL DEPARTAMENTO DE NIÑAS RICAS Y OTRO DE NIÑAS POBRES.

MI AMIGA NO ESTABA DE ACUERDO Y QUISO QUE LA SACARAN DE AQUEL COLEGIO.
ME ACUERDO DEL NOMBRE, PERO NO QUIERO DESVELARLO.

UN ABRAZO Y BIQUIÑOS, Montserrat

Roberto Esmoris Lara dijo...

Las absurdas "diferencias de clase", la división entre lo "público" y lo "privado". la estupìdez humana en su máximo nivel. Pero tu niña, Ana, configuraba el cambio aún sin darse cuenta y como el árbol de tu epígrafe "crecía jubilosa hacia el cielo desde la carroña". Aunque le costara subir las escaleras.
Bicos, muchos, de tu amigo REL
Gracias por este hermoso texto

Marisa dijo...

Esa niña ya se dió cuenta
en su momento que existían
otras puertas.Tienes razón
no ha cambiado mucho desde
entonces aún existe la puerta
principal y la de atrás,
la escondida la que marca diferencia.
Me temo que aunque muchos
no lo queramos tendremos que ver otras puertas.

Muy buena tu entrada.

Biquiños

Chus dijo...

Apatía e indiferencia, si miramos dentro de nuestros corazones encontraremos que ahí radica el principio que marca las diferencias, saludos

Taty Cascada dijo...

El absurdo clasismo, las clases sociales que nos separan en más o menos, siempre es lo mismo, ¿hasta cúando?...Apartheid mental, etiquetas en la vestimenta y en la voz...Me temo que la ceguera humana sigue...
Un beso.

Aldabra dijo...

todavía pervive en la adulta parte de la niña que fue, cierta melancolía, cierta tristeza... la diferenciación, las tonalidades oscuras...

¡tiempos difíciles sin duda!

biquiños a la niña y a la adulta ¿puede ser?

p.d.: me ha encantado la ilustración que has escogido.

De cenizas dijo...

La niña ha descubierto (triste descubrimiento) que tanto progreso como dicen, no nos ha hecho mejores...

besos

Manel Aljama dijo...

Me ha gustado. Evocando esa infancia que se guarda en lo más adentro de cada uno has hecho una metáfora de la siutación de entonces con la actual de los muros y alambradas que separan a los seres humanos. Pero el muro físico sea metálico y esté en París, Gaza o la frontera con México es el eslabón último de el muro que muchos tienen en su mente.

A nivel de estilo no dejas nada y nos traes "Calzados Gorila" quizá algunos también nos recuerda las chirucas y el lujo de la cartera de cuero; los libros que pasaban de un hermano a otro, toda una época.

y un detalle que enlaza con una de las características a ambos lados del muro: Los niños gordetes entonces eran niños "sanos" porque sano con el hambre de posguerra aún reciente, quería decir "bien alimentado/relleno".

La ilustración es muy delicada y creo que cumple con el cometido y nos revela lo justo para que leamos el texto.

manel

Balteu dijo...

Una entrada preciosa paisana, tanto en su imagen como en su contenido, claro que no cambiaron tanto los tiempos, al menos tanto como nos gustaría, pero los culpables somos todos, porque es la mayoría quien debe hacerlo y la mayoría tiene lo que quiere tener.
Abramos las puertas de la comunicación, del entendimiento y cerremos las de la intolerancia.

Un acio de bicos para ti.

Pilar dijo...

Desde la distancia, pienso ahora que, aquella cara, semeja quizá un dulce y templado pan, siempre tierno, siempre aromático y recién hecho.
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Hermoso!!!
Que bien nos llevas a la mano de esa niña, las escaleras, la puerta…
Hay tantas puertas así y tanta ceguera en nosotros. Quizás si removiéramos esos muros pondríamos conocer y apreciar lo grandioso del horizonte.

Un abrazo grande

AROBOS dijo...

Las diferencias entre personas son absurdas. Todos somos iguales. Es terrible que por tener más o tener menos, se hayan hecho esos distingos en colegios y hasta en las propias iglesias.

Anhermart dijo...

Afortunadamente para los que te seguimos , y a pesar de que tú entrabas por una puerta más adornada, supiste dar con la llave que te daba acceso a esas puertas más humildes y mirar hacia dentro. Por eso nos regalas ahora perlas como esta.
Besos.

paideleo dijo...

Foron uns tempos que non acabaron de marchar.