viernes, 25 de junio de 2010

RIÉNDOME DE MÍ

Nuestro profesional de la boca y sus ayudantes, tienen mi confianza. Él, luce unos simpáticos rizos, como de maduro “Niño Jesús”, es atractivo, simpático, se hace querer y su charla después de los años, es casi compartida. Pero, a pesar de todo, confieso que siempre alargo lo más posible, la frecuencia de las visitas a su consulta.
Sin embargo, un día cualquiera, después de no hallar ninguna disculpa para el retraso, tras una corta espera hojeando cotilleos atrasados, me llegó el turno.
Una de sus colaboradoras me hacía una limpieza bucal y, en una pausa, seguramente para preparar o tomar algún nuevo instrumento de tortura, intenté cerrar mi boca. Simplemente porque, ya que podía, quería hablar, decir, sonreír, cualquier cosa menos quedarme en esa postura tan antinatural. Pero, cual no sería mi sorpresa cuando noté que, el único hueso móvil de cualquier cabeza, en la mía no funcionaba.
"Hay un momentáneo fallo de coordinación entre cerebro y mandíbula", pensé. Así que, levanté mi mano derecha hacia el mentón, para intentar ayudar, pero nada conseguí.
En cuanto "ella" se percató de mi apuro, intentó echar un cable, aunque su mirada delataba miedo ya desde el principio y repetía nerviosa: “tranquila”.
El dolor era importante, pero mi exasperación venía de la incapacidad para llevar a feliz término, algo que, habitualmente, todos hacemos sin esfuerzo ni premeditación. Abrimos y cerramos nuestros labios y dientes cómo deseamos e incluso como puro acto reflejo.
Iban pasando los segundos, y  la preocupada joven decidió avisar al titular, repitiendo como un “matraquillo”: “tranquila, ahora aviso al doctor, él lo arreglará”. ¡Ay!
Entró el doctor, con sus rizos ahora ya un poco canos y con palabras y gestos amables, intentó tranquilizarme, pues debía ser bien notorio que a medida que transcurría el tiempo, me iba enervando, en el más amplio sentido del término.
Así que, ocupó el asiento que tantas veces habría usado ante mí y con sus dos manos sujetó mi mandíbula inferior para intentar recolocarla, procurando, con un movimiento de supuesto encaje, llevarla a su carril. Nada.
A estas alturas, el dolor, los nervios y el cansancio, tenían que ser patentes. Estaría pálida, amén de desencajada. Pero, empecinada, continuaba con mis intentos, incluso dándome pequeños puñetazos que asustaban a mi doctor que decía suavemente: “mujer, no te hagas eso”.
El final dio con todos mis huesos en la cola de urgencias del hospital, con una mirada que imagino desorbitada y unas piernas que apenas me sostenían como consecuencia de una torpe tendencia mía, derivada de  la baja tensión arterial. La hipotensión es lo que tiene: pérdida de fuerza y desfallecimiento. Como aquellas damas antiguas, yo necesitada  que alguien me proporcionara "las sales". 
Sin embargo, no llegó mi aventura al grado de la del protagonista de la noticia que provocó mi recuerdo y que me haya atrevido a escribir la experiencia.  Hace unos días un periódico publicaba: “... 24 horas ha estado un hombre con su mandíbula desencajada...”
¡Que absurda situación!; de tan estranbótica y grotesca, a pesar de las trazas de compasión y comprensión que pueda despertar, conseguí que se convirtiera en una anécdota para, por lo menos, sonreír. Y, por suerte, siempre hay una amiga que suelta la carcajada al ver la fotografía, que no dudé en pedir que me tomaran con "el resultado" de mi paso por el hospital.
Porque, eso sí, también me gusta reírme de "mi mismidad".


Ilustración procedente de:   Imagen "Niño Jesús"

32 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Buen susto te llevarías y aunque al final se solucionara, la situación sería como haber pasado por un mal sueño.

Bueno, ahora tienes una anecdota que contar.

Biquiños, Montserrat

Taty Cascada dijo...

Amiga, en verdad a todos nos entraría pánico enfrentar una situación similar, pero por suerte, tienes el suficiente sentido del humor como para convertir un chasco desagradable, en una anécdota para relatar.
Un beso.

Roberto Esmoris Lara dijo...

Ana, me has dejado boquiabierto :)
Ay, quedarte en asombro permanente, pobre mi amiga, y el odontólogo de los rulitos pensando que su belleza te había dejado admirada.
Ya pasó, otra jugarreta de estos cuerpos que cargamos. Un beso muy tierno, amiga, sigamos escribiendo antes que las manos se nos crispen.
Hasta luego

La sonrisa de Hiperión dijo...

a mi también me encanta reirme de mi mismo...

saludos y un abrazo enorme.

paideleo dijo...

Pois eu non quero verme nunha situación desas.
E para a semana teño dentista !.

Marisa dijo...

Querida Ana,que humor el tuyo,
aún te quedaban ganas después del susto morrocotudo que te llevaste de pedir la fotografía.
¡Qué sustos nos da la vida!
Una anécdota maravillosamente contada, que después de haberlo pasado te reirás muchas veces de ello.

Muchos besos.

XoseAntón dijo...

Me has hecho reír, pero con la boca pequeña; tengo la costumbre de hacerlo a carcajadas (non vaían a ser os demos). Además, al dentista le tengo verdadero pánico, cada vez que voy, aunque sea a limpiar la boca, me sudan las manos igual que si se tratase de una primera cita.

Bikiños

moderato_Dos_josef dijo...

Dela realidad nacen los relatos más fantásticos. Esta historia me parece un relato, genial!
Por supuesto siento que fuera realidad, lo cual lo hace todavá más interesante si cabe.
yo, si puedo, no iré al dentista en una buena temporada jejeje.
besos.

MentesSueltas dijo...

Hola, paso a dejar mi abrazo, con el cariño de siempre.

MentesSueltas

Froiliuba dijo...

ajajajja

QUE PONGA LA FOTO!!!!!!!
QUE PONGA LA FOTO!!!!!!!
QUE PONGA LA FOTO!!!!!!!
QUE PONGA LA FOTO!!!!!!!


doy fe de que existe, que se la hizo y está con una pinta...

Ahora nos reimos, y lo cuenta con humor , pero que susto y que días mas malísimos pasó la pobre

Que podamos reirnos de todo y ademas contarlo así de bien.

ay tola!!!!

ana. dijo...

Lo importante, Anita, es que aunque siempre algo o alguien intenta quitarnos la sonrisa, vos la sigas conservando amplia y fresca :)

un abrazo fuerte

TORO SALVAJE dijo...

Uffffffff, que mal lo debiste pasar.
Espero que no tengas ningún tipo de complicación ni de dolor.
Me duele de imaginarlo.

Besos sanadores.

AROBOS dijo...

Yo a esos torturadores les tengo pánico. No quiero ni oir hablar de ellos. Pasarías un rato fatal.

Manel Aljama dijo...

Ana, de una situación personal, únicamente grave para quien la pacede has descrito muy bien tanto el propio estado del "paciente" o más bien impaciente, el médico, las ayudantes.

Pero además, has mostrado tan bien esa situación personal que es imposible sustraerse sin la sonrisa (obligada) por el patetismo de la escena que es digna de por lo menos una película italiana. Quizá esa sea la magia elogiable del payaso: de la sonrisa al drama todo en uno.
Un beso

El cormorán ártabro dijo...

Poñer o Santo
Naquel entón, a xentiña a que lle pasaba cousas coma ti, ían a romería do Santo dos Croques á misa e a procesión. Unha vez que remataba aquela liturxia, ían poñer o santo co sacristán. A imaxe do teu post (como se poñerá en galego iso do post?)recórdame aquel santiño. Así que o sancristán, unha vez que a romeira se colocába de xeonllos fronte a el, comezaba a facerlle cruces (dúas) na frente, no peito e nos ombreiros mentras dicía:
- Cristo viva, Cristo reine, Cristo te libre de mala morte morrer, amén.
- O santo che día a sanidá e che quite a enfermidá polo poder que Dios ten e a Virxe María, amén.
E despois, ías lavar o lugar do corpo que tiñas mal a auga da fonte do santo. Mercabas as rosquillas (non eran como as de Silleda) e para a festa. Así que coa troula e despois de estar santificada, tiñas segura a curación.
Isto chámase "memoria histórica"

Zoe dijo...

Reirse de una en su propia misminidad sólo puede hacerlo alguien tan grande como tú, mismamente. Me sonrío y me agrada haber pasado hoy por tu blog , os tengo muy abandonadas, pero ya queda poco para las vacaciones y me leeré todo , todo lo atrasado...
Por cierto la proxima vez que hablemos ya puedes ir enseñandome esa foto¡¡¡¡

su misminidad, muchos bicos, abrazos y de toooo¡¡¡¡

El cormorán ártabro dijo...

Mira a la Zoe que atareada está!!!
Va atrasada.
¿Tendrá que repetir curso?
Menos mal que va a tener una semana de vacaciones para ponerse al día.
Yo creo que la foto que solicita la podía colgar en un post aunque no creo que cupiera porque dice que eres muy grande. ¿Es verdad?

Caminante dijo...

Por dios, como debe de ser eso de doloroso! Por otra parte, en situaciones como estas el humor y el saberse reir de uno mismo son una de las mejores válvulas de escape. Yo también te podría contar algunas....

Saludos!

Gala dijo...

Despues de leer esto, seguro que el miercoles que tengo cita con mi dentista, me acordaré de tí.

Que mal rato debistes pasar.

Un besito risueño.

Ricardo Miñana dijo...

Espero haya pasado ya el susto,
un placer pasar por tu casa.
que tengas una feliz semana.
un beso.

Chousa da Alcandra dijo...

Moi bonita a literatura. Pero teño claras dúas cousas:
a) que o pasaches mal de carallo
b) que todos queríamos verche a boca aberta (somos perversos, pero eso xa o sabías!)

Bicos entre dentes

anabel dijo...

ay madre, pobre, qué mal rato pasaste. También andaba leyendo yo un tanto desencajada... pero el final me ha devuelto la sonrisa también: me encanta eso de reírse de "mi mismidad", claro que sí.

Besotes enormes, cielo :)

Albino dijo...

No voy mas al dentista, aunque se me caigan todos los dientes. Afortunadamente por ahora resisten, pero dedicaré hasta lo ultimo de mis ahorros en cualquier pasta protectora.
Por cierto, yo tuve un compañero en la universidad, que se le desencajaba la mandíbula cuando reia mucho.
Pero son mundos distintos.
Que todo te vaya bien y nun beso

Albino dijo...

No voy mas al dentista, aunque se me caigan todos los dientes. Afortunadamente por ahora resisten, pero dedicaré hasta lo ultimo de mis ahorros en cualquier pasta protectora.
Por cierto, yo tuve un compañero en la universidad, que se le desencajaba la mandíbula cuando reia mucho.
Pero son mundos distintos.
Que todo te vaya bien y nun beso

Aldabra dijo...

nunca me ha sucedido pero imagino que tiene que ser una experiencia bastante angustiosa.

biquiños,

Inés dijo...

Fonsilleda, que momento te tocó pasar! Para mí también es una tortura pero se lo digo a la dentista y trabaja sabiendo que cuando algo me moleste se lo digo, deberían haberte hecho masaje en la cara o dejarte descansar de esa posición incómoda.
Espero te sientas mejor y si no te inspira confianza la ayudante que te atienda él, para mi que eso te pasó porque estabas muy tensa.
Un bico

De cenizas dijo...

¡Qué horror!
Lo que cuentas... y la imagen de ese niño de cabeza tan desproporcionada... jajaja
El sentido del humor..¡que no falte!


besos

Taty Cascada dijo...

Amiga, pasa por mi Blog y retira el premio "Dardos", está ubicado debajo de mi último poema.
Un beso.

Cuspedepita dijo...

Uffffffffffffff !

Unha vez pasei un mal rato semellante tamén no dentista, así que imaxino o mal que te sentiche.

Por sorte o bo humor fai que os malos tragos acaben servindo para botar unhas gargalladas :-)))

Bicos

Inés dijo...

Hola Fonsilleda, veo que más arriba tuviste el mismo premio que tengo para vos en mi blog.
Con cariño, un bico

Manuel dijo...

Para poner una buena guinda a tal situación, hubiera estado bueno que se te hubiera acercado un celador de estos "espabilados" y te ofreciera un trozo de turrón de Jijona.

jajajaja.

¡Qué cosas te pasan!

RosaMaría dijo...

Qué momentos increíbles y asustados! Al contarlo habrás eliminado un poco del estrés y la angustia vividas. Espero que estés bien. Eso alerta para la próxima. Cuidate. Beso grandote.