viernes, 14 de mayo de 2010

"EME" MAYÚSCULA

En algunos momentos descubro que mis manos están, ajenas a mi, con los dedos extendidos, hendiendo el aire, buscando sin hallar nada más que un triste y frío vacío; un hollado hueco oscuro y silente. Tan solo invisibles partículas de polvo pueblan su noche. Pareciera como si adivinaran un final allá en el ocaso, al amparo de la mar, mecidas por las olas y arrulladas por mis árboles amados. A la sombra de cualquier camino. Los párvulos dedos se encogen, se cierran y rozan, queriendo hallar alivio en su propio tacto.
¿Por qué estas manos ahora, como si fueran entidades independientes, se giran y me muestran sus palmas?. De una manera absurda y telepática las interpelo y casi inmediatamente, sin esperar su respuesta, deduzco que es posible que su cometido respecto a mí, sea precisamente el de enfrentarme a la vida o al resto de la vida.
Porque, es entonces cuando observo, como si se tratara de un irreversible argumento preestablecido, los surcos que las atraviesan. Veo mis límpidas manos vacías, cubiertas de resquicios y señales de nacimiento que, con el paso de unos pocos lustros, se han ido enriqueciendo y poblando, aumentando en número e intensidad. Son obras de arte trabajadas por la vida y de inacabada factura.
Las grietas, porque tal son, rodeadas por otras más pequeñas, como estribaciones o afluentes de un gran río, forman una eme mayúscula, con una larga línea bien marcada. Una “M” con un gran trazo magistral, como le gustaban las letras importantes a aquel maestro de mi memoria.
Nos explicaban, en aquella crédula, ingenua y candorosa infancia, que todos llevábamos esos surcos, formando esa letra en concreto, porque es la inicial de la palabra muerte y ello sucedía así para que no pudiéramos olvidar que, precisamente ése, era el final de todo ser viviente. Incluido el humano.
Como si fuera fácil no tenerlo en cuenta. Como si el escalofrío que a veces recorre la espalda y atenaza miembros y ánimos, no tuviera su origen en la intuida presencia de las Parcas o, justamente, en su ausencia. Las tres Parcas, caprichosas, injustas,  tajantes, firmes e irremisibles, aparecen a la vuelta de cualquier esquina , silenciosas a veces, en medio de largas tempestades otras, pero inexorables siempre.
Tras mis descabelladas jornadas de silencio, cuando yo, un poco compungida sueño con los otros días plenos de colores y jolgorio, de suaves y parlanchines golpes de mar, de arenas doradas perfectas para la vista y el descanso, de vegetaciones que renacen en una estación que sucede a la anterior y es previa a la siguiente, se me ha ocurrido investigar (posiblemente un total desatino) sus nombres y quehaceres.
Quizá con saña, se asoman, me guiñan un ojo y sonríen con un leve gesto, mientras siguen indiferentes con sus respectivos cometidos.
Las arpías romanas de sugerentes nombres, equivalen a las Moiras griegas o a las Normas nórdicas y son la personificación del destino. Cloto, devana el hilo de la vida; Láquesis, mide dicho hilo posiblemente pensando siempre en alargarlo, pero Átropos, inflexible, corta el hilo decidiendo y eligiendo maneras.
Pareciera que alguien, ajeno a ellas, hubiera puesto el aviso permanente en nuestras encallecidas manos.
Sin embargo, mis manos me han llevado con picardía, mientras guardaban mi silencio, a encontrar la imagen que adorna estas torpes letras halladas entre mis papeles y que, seguro, son producto de alguna triste reflexión, quizá con un origen doliente.
Como en alguna ocasión anterior, es por la imagen y, sobre todo por el descubrimiento de su autor, por lo que ahora quedarán permanentemente aquí, entre algunas de mis realidades.

17 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

BUENOS DIAS FONSILLEDA.

TUS MANOS ESCRIBEN COSAS BELLAS EN TU BLOG, POR LO MENOS LO QUE YO CONOZCO.
AHORA MIENTRAS LEIA ESTA ENTRADA ME HE MIRADO LA PALMA DE MIS MANOS Y ME HE FIJADO EN ESTA EME MAYÚSCULA QUE TOTOS LLEVAMOS EN ELLAS.

BICOS Y ABRACIÑOS, Montserrat

TORO SALVAJE dijo...

Tus manos hoy me han permitido disfrutar de tu reflexión.
Seguro que son unas manos excepcionales.

Besos.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Simpre que paso y te leo tranquilamente me haces reflexionar... me quedan pocas neuronas jajajaja


Saludos y un abrazo!

Chousa da Alcandra dijo...

Boeno, poda que nunha man leves impresa un "M"; pero -fíxate ben- na outra seguriño que levas -igual de claro e nidio- un "V" de vida!!!.
(Aínda que esteña debuxado do revés).

Bicos vitais

Taty Cascada dijo...

Manos que sienten, manos que difuminan los ocasos, manos que descienden y ascienden en la vida, manos con M o casi M, todas aman y todas sienten, a pesar que los surcos las envejezcan.
Un beso.

AROBOS dijo...

"Si algún día, para mi mal
viene a buscarme la Parca,
empujad al mar mi barca..."

Estos versos de Serrat me han venido a la cabeza mientras leía tu comentario sobre esa inevitable M y sobre esos siniestros personajes de la foto.

Roberto Esmoris Lara dijo...

Los agoreros enseguida acuerdan que la "M" es muerte, pero la clave de la vida es la "M" de misterio (que seduce aunque nos lleve de la mano a la misma comarca)+Manos para acariciar, para el amor y el sustento, para amasar el pan y para apretar otras manos y seguir juntos los caminos.
Bicos, Ana, un abrazo muy cálido de tu amigo REL

Carmen dijo...

Manos con surcos de haber vivido, sabias manos las tuyas que interpretan tu alma para escribir cosas tan hermosas.
Biquiños Fonsilleda

merce dijo...

Como siempre un texto interesante que me hace reflexionar, hoy, precisamente hoy, que me encontré con la noticia de la muerte de un bloger al que muchos íbamos a comentar, es posible que ya tu sepas, Polidori, me quedé desolada, es curioso lo lejos que podamos estar y lo cerca que nos hacen sentir las palabras.

Gracias, un abrazo grande fonsilleda.

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

No había reparado en la letra M que inexorable se dibuja en los surcos de nuestras manos.

Muerte...Tal vez.
Pero no lo creo. Como no creo en el destino, aunque lo tema como buen gallego.

Parcas.

Sólo les pido que mi hilo sea de fuerte lino y que cuando lo corten, sea de corte limpio y grácil. Certero.

Un beso amiga, que las parcas midan otras vidas, nosotros gocemos de las nuestras.

Lasosita dijo...

Contemplo mis manos y recuerdo el juego infantil de adivinar cuánto de larga o corta será, el número de accidentes, de nacimientos, de sentimientos agachados entre sus quehaceres futuros...

Hoy sonrío, porque ellas son las importantes, siendo las que ejecutan caricias, aceptaciones, rechazos, vacilaciones y firmezas; reflejando el pasado y el presente, mas no el futuro.


Un saludo de costa gallega!

( Gracias por estar )

Zoe dijo...

Tu eme mayúscula es como tu misma mano , tu vida, tus vivencias, tu historia con Mayúsculas y tus letras con esa misma mayúcula , hoy en tu misminidad más mayúsculas y misminidad que nunca y es más grande que ayer...y con mayúsculas te aplaudo y con misminidad te regalo el silencio que es lo más mayúsculo que se me ocurre para regalarte..

bicos, silencio y aplausos para tí...

Aldabra dijo...

tremenda reflexión, fonsilleda, nada menos que la MUERTE, con mayúsculas.

tu texto es el vivo ejemplo de lo que puede dar de sí la contemplación de unas manos llenas de vida.

biquiños,

p.d.: me encantaría leer tu cuento de las nueve olas de la Lanzada ¿por qué no me lo envías a mi correo?

paideleo dijo...

É inevitable pensar na morte e máis a medida que somos máis vellos e vemos caír coñecidos por todas partes.
Pero o sorriso dun neno fainos esquecer o destino e tirar para adiante ata que as Parcas decidan.
Unha curiosidade: a morte non empeza por M en muitos idiomas. Haberá que mudarse a un país deses.
Feliz día das Letras !.

auroraines dijo...

Fonsilleda, son líneas que no se unen en mi caso, aunque para ejemplificar la muerte y no olvidarla dió resultado al hacértelo ver así.
Un bico

RosaMaría dijo...

Maravilloso... con M total, eres una inagotable fuente de inspiración ante las imágenes que generan siempre reflexiones y poesía en lo que escribes. Un abrazo. Bellas imágenes, todas.

Manel Aljama dijo...

Sí es inevitable pero como la vida es un camino y no un fín, conserva las manos que al otro lado igual sirven.


Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
(Antonio Machado)


Ligero de equipaje pero mirándome las manos. Las que me permitieron palpar y sentir, escribir y acariciar, comer y pasar las páginas de un libro, pasar las páginas de la vida.