viernes, 5 de febrero de 2010

UNA NIÑA

Aquella lejana niña del pasado, de mirada hacia dentro y cuya naturaleza todavía a estas alturas se me desliza entre los dedos; aquella sosegada pequeña que observo con ternura desde la distancia, la experiencia y los años, es seguro que lleva en uno de sus estropeados bolsillos o en las gordezuelas y posiblemente no muy limpias manos, unas pequeñas piedrecillas redondeadas.
Son acaso cantos rodados que provienen del río que da nombre a las comarcas de sus alrededores, el de los escasos baños veraniegos y que ella ve lejano porque, en su pequeñez, todo a su alrededor lo ve grande, inmenso: una distancia que la separa, una altura que alcanzar, cualquier dificultad o trabajo.
Luego, con los años, aprendería a matizar y medir todo por su verdadera sustancia. Entonces supo que aquellas aguas dulces, aparentemente no muy profundas o peligrosas, que antes atravesaban tres puentes y que ahora se han convertido en cinco, el último de los cuales casi vuela, las que se pasean encajadas en el precioso valle de su recuerdo, está más cerca de lo que creía.
Eso, como tantas otras cosas que la vida colocó en su lugar, aunque a veces sienta que aquellas no eran malas percepciones por estar inmersas en tales días. Espacios y tiempos en los que comenzaba a mirar, a retener, a aprender, a disfrutar e incluso a sufrir, preparándose para el ahora, sin ser consciente de ello.
A ella le gustan más las piedras “del país” pequeñas, con aristas, elegidas sopesando y con mimo, porque supone que se adaptan mejor a las normas del juego; aquel que se lleva a cabo, sentadas en los suelos de pavimentos viejos, antiguos, inmersas en silencios sólo rotos por sus voces, sus cantos, sus divertimentos, acaso el ladrido de un perro y poco más. Cree con bastante acierto que esas piedrecillas son más fáciles de encontrar, agrupar y recoger con las manos, sin necesidad de mirarlas. Tampoco saldrían rodando como hacen los suaves y resbaladizos cantos gastados, blanqueados y pulidos por siglos de agua pasajera y cantarina. De cualquier modo, llevaría las piedras que le permitieran enfrentarse a una contrincante, si surgiera.
La niña, con sus pocos años, se sabe intrínsecamente distinta. Su mirada, aunque juega y alterna con ojos y manos que parecen tan infantiles y parecidos a los suyos, es otra y es peculiar. Tiene la vida dispuesta hacia un silencio interior y eso es algo que no observa en sus amigas, ni siquiera es consciente de su propia reserva porque es posible que nazca, como un mecanismo de defensa, ante situaciones, gestos o miradas que no sabe enfrentar.
Ahora, con el gran camino de todas las primaveras que van marcando su nacimiento, sabe que la feliz soledad de entonces, la dependencia, la ternura sin fin y los rasgos todos, no hacían sino conformar un ser que ya en aquel tiempo, era todo piel. Piel sensitiva, sensible, pero ruda y resistente piel, quizá como aquella otra finísima que algunas veces encontraban, vacía de contenido pero resistiendo, entre los tojos.
Aquella pequeña, ni siquiera sabe que ignora casi todo, que su vida será una gran sucesión de dudas, inseguridades, muy pocas certezas, ganas de vivir, sensibilidad, miedos y gran amor a la belleza, que no considera parte de sus bienes naturales.
Sólo se está fraguando un nueva vida, que es apenas algo y que ello es así, porque son los demás los que le regalan, forman y dan. Es por lo tanto un pequeño ser, a menudo solitario y silencioso, en función de sus alrededores: gentes, lugar, enseres e, incluso, clima y geografía. Pero también es una niña en función del amor que recibe.
Sus amigas siempre son más altas, importantes, guapas, listas, simpáticas, corren más o andan mejor en bicicleta y, a menudo, tiene la impresión de que sobra. El aprendizaje de tener que demostrar lo que vale, lo va asumiendo muy a su pesar y le valdrá para el resto de su quizá pequeña historia.  Habitualmente se duele de los tristes rechazos y duda, pero es valiente y no se arredra, se retrae tranquila y luego, redobladas las fuerzas,  vuelve a asomar su despierta mirada.
Sin embargo y a pesar de todo, generalmente los mayores la adulan, porque piensan que no es capaz, provocando más inseguridad porque lo hacen en menoscabo de otras que ella, luego de mirar y ver, como en el famoso anuncio, compara y siempre cree que son mejores.
Por ello guarda y aprieta las cinco pequeñas piedras. Sabe muy bien que, en el suelo sentada, con sus manos y mente ágiles y despejadas, se encuentra en igualdad de condiciones.
Con el paso el tiempo, las piedras serán sustituidas por tabas, que ahora ya conoce y además sabe que son astrágalos, unos pequeños huesos de las patas de los rumiantes. Y también será hábil en su manejo.
Como lo será en muchas otras actividades y juegos que irá descubriendo en el difícil y complicado trayecto que dejará poso y surcos en muchas zonas de su ser.
Sabe además ahora que, tal vez su timidez y su silencio, encuentran premio, precisamente en todo lo aprendido aquellos sencillos años.
 
 
Cuadro pintado por María Xoubanova, a partir de fotografía en blanco y negro.

24 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

HOLA FONSILLEDA:

LEO TU RELATO EN VOL ALTA, PARA DISFRUTARLO AÚN MÁS.

EN ESTOS MOMENTOS MI NIÑA INTERIOR, QUISIERA COMPARTIR LOS JUEGOS Y LAS PIEDRECITAS CON LA NIÑA DEL RELATO.

BICOS. Montserrat

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

QUERIA DECIR "LEO TU RELATO EN VOZ ALTA"

salvadorpliego dijo...

Esa inseguridad que narras me estremeció. La historia es dulce, a fin de cuentas y muy agradable.

Un placer leerte.
Saludos.

Aldabra dijo...

niños frágiles, adultos fuertes... porque la vida te obliga y uno se agarra a lo que puede para que no lo arrastre, sean piedras, cruces, oraciones o mentiras.

bicos,

Froiliuba dijo...

Y esa niña crecerá, seguirá siendo un poco bajita, no se parecerá a la Basinger y seguirá teniendo esa inseguridad que hace que sea así, una persona prudente, con la cabeza bien amueblada,más inteligente y observadora poruqe la necesidad la obligó, buena para con su familia y amigos y siempre dispuesta a tender la mano a los demás porque , seguramente, si hubiera sido de esas otras, no hubiera valorado tanto la vida.

Me gustó mucho este texto, lo siento cerca. bss

Camille Stein dijo...

cinco piedras pequeñas, cinco amuletos... desde este silencio interior observar el mundo y sus manifestaciones, descifrar los secretos que aguardan, asumir el lento aprendizaje de un largo trayecto... aquella lejana niña del pasado que desafiaba las distancias

tan bello...

bicos

Marisa dijo...

Timidez y silencio
son a veces necesarios
para poder observar mejor
desde la intimidad
el complicado trayecto.

Siempre queda en esencia
algo de esa niña.

Muy bueno

Besiños

caminante dijo...

Cuanta ternura en un sólo texto. Me gustaría pensar que la niña crecerá y no se echará a perder, que seguirá siendo igual de tímida y como tú dices tendrá bien aprendida la lección de mayor, pero como creo que a estas alturas sabes, no soy nada optimista...

Kim Basinguer dijo...

Es cierto cuando somos niños somos timidos y un poco inseguros, con unas necesidades enormes de que nos lleven de la mano y nos la aprieten para darnos seguridad.

TORO SALVAJE dijo...

Esa niña me pareció un ángel.
Seguro que se parece.

Besos.

Chousa da Alcandra dijo...

A configuración do ser tenche camiños moi complicados.
As debilidades é o que teñen: ou te matan ou te fan máis forte por telas superado.

Bicos (con lingua)

Meiguiña dijo...

Aun conservo algo de esa niña


Bicos meigos

WHO dijo...

Cuanta sabiduría atesoran tus reflexiones prosadas, de niña a mujer sin dejar de ser niña.
Un beso, Who.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Paso a echar un ratito de lectura en tu espacio, y como siempre me voy encantado. No podía ser de otra manera.

Saludos y un abrazo enorme.

Manel Aljama dijo...

A veces (casi siempre) el silencio es un gesto de saber escuchar y de inteligencia, en contraposición al carro vacío que hace más ruído si menos lleva (como en el cuento). Y a esa niña le has dado la destreza de esas piedras, luego esos huesos y las tabas, y crecerá pero dentro llevará la niña, la que tiene paciencia, la que se supera. A pesar de que no sea tan alta o esbelta como sus "amigas"?
Gracias por recordarnos el principito que deberíamos llevar dentro.
Precioso.

Zoe dijo...

Y esa niña creció, creo que le siguen gustando las piedras, los cantos rodados. Ni es rubia , ni es alta, ni falta le hace,,, en sus ojos y en sus manos no hay más que ternura, inteligencia ,observación, coraje, solidaridad, amabilidad y un montón de cosas más que descubrirías si la conocieras aunque sólo fuera por una tarde...
No debe ya sentirse inferior a nadie, tiene su propio lugar, y está muy por encima de la media en todo lo que hace o escribe...ella nos hace sentir como aquella niña cuando la miramos...
Sabes que me meto en tus relatos y los leo y releo...y en ellos encuentro tantas cosas, tantos olores, tantas fragancias como las de tu tierra que sorprende siempre...

auroraines dijo...

Lo importante es haber disfrutado y feliz la niñez, con las peculiaridades de cada uno.
La niñita del retrato se parece tan mayor Fonsi o la vistieron de época...
Bicos

RosaMaría dijo...

Maravillosa descripción de sentimientos y emociones. Una dulce niña que está ahí siempre, valiente y obstinada, dulce e insistente.Precioso relato. Un abrazo

Anhermart dijo...

Yo creo que en realidad esa niña siempre fue grande y que esta mujer que la sustituye ahora es una niña maravillosa.
Un beso

Balteu dijo...

Para mí que esa niña nunca dejó de serlo y es una dulce niña, que aunque la coquetería (que siempre acompaña a la mujer) la hace retocarse y buscar la mejor pose, sabe que el físico importa menos que la inteligencia y la destreza en hilvanar palabras, que solo transmite sentimientos, aquel que es capaz de tenerlos y los sabe transmitir y eso no está al alcance de muchos de nosotros.
Tú entrada hoy, es una emocionante visita al interior del corazón de esa niña, que hoy está de “puertas abiertas”
Siempre es un placer leerte paisana.

Un acio de bicos para ti.

estela dijo...

Bellísima , profunda, enternecedora y magnífica entrada!

Besos.

Rosario dijo...

HE PASADO POR PRIMERA VEZ POR TU BLOG, ME HA ENCANTADO... ESA SENCILLEZ DEL TÍMIDO CON SU SILENCIO... CÚANTO APRENDEN LAS PERSONAS PENSATIVAS...

Con tu permiso te seguiré.

Un abrazo desde mi librillo.

Gala dijo...

Esa timidez le da seguridad porque se ve arropada.
En su madurez tal vez le faltará esa seguridad y tendrá que hacerse mucho más valiente.
Todos tus textos me encantan pero éste me ha fascinado.

Un beso muy cariñoso

paideleo dijo...

Non sei se che pasa a ti. Eu miro cos meus ollos o exterior e penso que non cambiei,pero cano me miro no espello sorpréndome porque non me imaxino así.
Supoño que o neno seguirémolo tendo dentro.
Unha pregunta: a pintora é galega ou é rusa ?.