jueves, 8 de octubre de 2009

CUALQUIER DÍA


Ha llegado con fuerza esta lluvia que alimenta y destruye, lava y enfanga.
Ha llegado estos días, anegando ciudades arrogantes y presumidas, impulsadas por políticos que desoyen advertencias y aun certezas, que se empecinan en ignorar unos elementos que deciden cuándo y cómo atacar.
Las calles han sufrido el embate de su fuerza, de su persistencia, de su rigor y vigor.
Nada era posible hacer contra tal libertad y osadía. El agua amada por mí, deseaba demostrar su fuerza y poder.
Ese día singular y casi único, todos nosotros, tras los cristales, mirábamos atónitos su caída en tromba, la fortaleza de su esfuerzo, el regalo de un lavado a fondo y el recelo y desasosiego por su advertencia implícita.
Desde siempre, nos empeñamos en desoír sus prevenciones y apercibimientos, enviciados en nuestras soberbia, altivez y en una inteligencia que creemos poseer sobradamente.
Y esta ciudad mía (seguro que como muchas otras en estos momentos), abierta en canal, horadada, estrujada por obras y “humanizaciones” que tardan en ser, no fue capaz de acoger, hospedar, canalizar y reunir con las otras aguas que pululan por senderos subterráneos para, luego de hermanarlas todas, acercarlas y depositarlas en ese mar que todo lo recibe y absorbe.
Nunca hubiera podido.
Aquellas aguas, acompañadas del hermoso y terrible estallido de tormentas anejas, de ruidos infernales, con sus relámpagos apenas presentidos por la total falta de visibilidad, semejaban justamente que salían de todos los agujeros, socavones, casi simas, abiertos por doquier y que son como puertas de entrada del averno, por las que, en tal día, salían acompañadas de todos los demonios.
Preocupada, tras ese manto gris, blanco turbio o plomizo, dependiendo de los momentos y del estallido de centellas y truenos que campaban con una libertad rayana en la arrogancia, yo veía pasar impune, un rojo, pero oscuro, demonio sonriente, que no supe si real o inventado por mi mente angustiada y alarmada.
Estaba claro, las calles se inundarían y los ciudadanos indefensos y con el miedo agazapado y asombrado, aguantarían la fuerza del agua, mezclada con el retumbar de vidrios, suelos y el miedo a desprendimientos, accidentes o simples y atávicos temores que se unían al enojo por una ropa mojada e incómoda y a la eterna afirmación de que “nunca llueve a gusto de todos”.
Y el diablo, con el calor, sonreiría satisfecho, con la certeza de su regreso depositada en nuestro miedo.
Imagen de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes: "Tremeluces".
Nota de la autora: He elegido una imagen de agua exclusivamente, ante la imposiblidad de reflejar en una sola fotografía, tal día.

22 comentarios:

Javi dijo...

Arrogancia la nuestra que se repite año tras año, con mayor o menor intensidad, pero siempre altiva y vanidosa. Nos llevamos las manos a la cabeza sin saber muy bien cómo afrontar el miedo y la imponente presencia de la Naturaleza. Quizá los más sencillo sea llevarnos más la cabeza a las manos y pensar detenidamente qué hacer antes de que las cosas ya no puedan ser cambiadas.
Deberían leer esta reflexión tuya más de un político y alma mater de nuestra sociedad neocapitalista.

Un bico y ¡qué llueva! Me encanta ver llover.

Gala dijo...

Sólo se llevan las manos a la cabeza cuando ocurre una desgracia.
Mientras tanto ahí entán las personas inocentes que tienen que pagar las consecuencias.
Muy buen relato.

Besos

maruxiña dijo...

decía mi abuela que sólo nos acordamos de santa Bárbara cuando llueve... nada nuevo bajo el sol

Biquiños rapaza!

Froiliuba dijo...

Que llueva que llueva... pero calro como la humanización consiste en joder todo lo que hay en aras de ponerlo muy bonito e inutil... pues pasa lo que pasa y, las aguas , siempre regresan a sus cauces no???

besos meiga

Carmen dijo...

Qué bien lo cuentas Fonsilleda!!!
La Naturaleza cabreada intenta hacernos ver los desaguisados de los "humanos" a los que nada les importa de nuestro sufrido mundo.
Un besote

José do Neto dijo...

Siempre tú, quizás por la necesidad de leerte, con tus textos maravillosos que aparecen desde la observación de la realidad o desde la imaginación desbordante y que satisfacen plenamente mis intereses.
Mas hoy discrepo de afirmaciones que vuelven a cargar sobre los políticos las consecuencias de los desastres. Se podrá discrepar sobre la decisión de las obras que tienen como finalidad paliar los efectos de la llamada crisis pero no creo que sea culpa de ellos que las aguas aparezcan desde el averno. Hay técnicos municipales y de las empresas que ejecutan, entre otros, que debieran prever las variables que pudieran acontecer para que tales cosas no sucedieran. Pues no, la ciudadanía arremete contra la clase política, en general. ¡¡Qué desgracia de país!! Espero que haya algún dirigente político que se salve y siga luchando por llevar a esta nación a una democracia plena. Los políticos son los responsables de todo lo que nos sucede a diario. Creo, definitivamente, que debieran subir su soldada más. Así les podríamos exigir a los responsables de obras y servicios que cogieran el pico y la pala y se pusieran a cavar. No hace mucho tiempo que los que discrepaban eran los que tenían que ir a cavar o tenían que escapar. Sigamos en tal camino a ver si así nos reaparecen los demonios de una vez por todas y algunos ardemos en las llamas eternas que asedian a esta España nuestra.

Cuspedepita dijo...

Lluvia puede significar muchas cosas, algunas bien opuestas, como vida y destrucción. Nos hace falta y nos estorba en parecida medida, la amamos y la tememos...
Hemos visto su lado negativo en estos días, a ver si nos muestra también su lado positivo.

Abrazos

La sonrisa de Hiperión dijo...

Yo he llegado a un punto en el que, el demonio no da miedo... hay sombras de sotanas que dan más pavor!


Saludos y un besazo!

Marisa dijo...

Las aguas sin redil,
torrenteando calles abajo
van diciendo de que
pie cojean algunos.
Luego dirán que
pagarán catástrofes
con dinero que ya no
tienen.

Un abrazo.

anabel dijo...

amiga, te iba a a comentar algo muy parecido a lo que ya ha dicho maruxiña: acordarse de santa bárbara cuando truena.
Así que añadiré que la calidad literaria del texto me ha parecido inmejorable.
besotes desde el lluvioso Hamburgo, no veas la que está cayendo ahora.

Aldabra dijo...

después del agua siempre llega una renovación... y se agradece.
biquiños,

Chousa da Alcandra dijo...

Outro xeito xenial de ver a forza hídrica inevitablemente precisa para a vida. Ainda que ás veces semelle que a destrue.
Unha excelente foto que captura millóns de gotiñas indefensas soliñas, pero potentísimas cando se unen. Non poderíamos aprender delas os humanos para certas cousas?

Bicos de Antas

merce dijo...

Si pudíeramos aprender del agua, de su humildad, transparencia y poder....


Interesante reflexión en tu texto.

Un abrazo fonsilleda.

Antón de Muros dijo...

Co equilibrio da natureza non se xoga...

Un bico dende Bos Aires (baixo a chuvia).

Antón.

RosaMaría dijo...

Parece que Antón de Muros está bajo mi misma chuvia llena de truenos y relámpagos,supongo que la tuya sería fuerte como esta, así que te entiendo bien. Cada tanto piedras, y sobre todo el agua corriendo a torrentes e inundando calles.
Interesante reflexión y muy buena descripción. Besos

Manuel Montesinos dijo...

Como siempre tus puntos de vista son excelentes, tanto por el fondo de la cuestión como en la forma de narrarlo. Por eso me gusta leerte.

Si puedieras hacer un cauce para desviar el agua de tu tierra a Ibiza, te lo agradecería. Aquí siempre estamos como los lagartos.

Un beso Ana.

auroraines dijo...

Llueve en este momento en Ushuaia
no con la fuerza de la lluvia de tu texto, que saca a la luz las falencias de quienes deberían preveer los desbordes y encauzar las aguas como bien dices en tu escrito.
Se van transformando los paisajes y la naturaleza, y trae consecuencias.
Un bico

A.C. dijo...

Que bonito canto á choiva. Sin ela non somos nadiña, ainda que como ti dis nunca chove a gusto de todos.
Agora que xa acaba o san froilán seica vai vir bo tempo. Mira ti que cousas.
Un bico

Argos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Argos dijo...

A chuva...
Umas vezes impiedosa, outras milagrosa.
Ás vezes acarreta nostalgia e outras felicidade...

Abraço

Manel Aljama dijo...

Por aquí, en la cuenca mediterránea, que llaman una olla a presión, las inundaciones son naturales. Los dirigentes lo olvidan, el agua, como dijo un hombre del tiempo, "tiene memoria" y, si por sitio pasó agua aunque fuese hace siglos, cuando llega una tromba, el agua recuerda su lecho.

Se hacen túneles, obras que "vencen la naturaleza". Cuando llueve, como dices, pagan el pato quienes ven inundada su casa. Hace treinta años se protestaba para no construir donde no se debía y se paraban las obras (soy testigo). Ahora se sale por la tele pero la obra sigue.

La naturaleza al final vence a este animal de dos patas de forma que hay un equilibrio, aunque a sea a costa de los más débiles. Siempre queda la esperanza de que "a todo cerdo le llega su San Martín"

Zoe dijo...

Y el diablo, con el calor, sonreiría satisfecho, con la certeza de su regreso depositada en nuestro miedo.
Sublime final para este maravilloso texto, nunca dejas de asombrarme...
quien mejor que mi gente, la gente del sureste para entender tal descomunal fuerza y tal arrogancia e ineptitud de muchos para que nos sintamos un poco menos indefensos... Ciertamente aquí no llueve al gusto de muchos. Nos pasamos la vida pidiendo agua, quizás el cielo nos castiga así por nuestra soberbia e ineptitud...lo malo es que siempe hay algunas almas que son arrastradas en las destructivas riadas...

Sin embargo me encanta la lluvia, la extraño casi siempre, para mí es un bendito regalo y escaso aquí donde nunca llueve...
Hoy para mí tu eres un regalo, hoy que al fin tengo uin rato para disfrutarte