domingo, 15 de febrero de 2009

TRAS LOS CRISTALES, COMO AYER

Imagen: Xalundes, Seixo, Elia - "Xiada".


“Nena, nena, despierta, hay que levantarse y, mira, ha nevado”.
De tal manera me despertaban esos días, muy pocos, en algunos de aquellos lejanos inviernos de mis infancias y evocaciones.
Y la niña que era, con sus ojos curiosos y limpios, acudía presta al balcón, en el que ya estaban abiertas las contraventanas (contras, fueron siempre para ella, aquellas que se cerraban interiormente con unos rígidos hierros encajados en los gruesos muros de piedra, como si se trataran de anclados apéndices, útiles y funcionales, del mineral elemento) para que la luz pudiera penetrar y animar al perezoso cuerpo infantil que, no notaba, en aquella inmensa casa de amplios y numerosos espacios, sin calefacción y con ventanas de madera, los pocos grados que, seguro, circulaban.
Su asombrada mirada y su sensibilidad, guardarían entonces, aun sin saberlo ni tener conciencia de lo que sería en el futuro un recuerdo, las imágenes que tras los cristales, a veces enturbiados por un ligero vaho, se mostraban para su asombro.
Y miraba entonces, aquellos tejados de las casas de enfrente, cuyas tejas habían desaparecido bajo un albo manto de nieve, una esponjosa e impoluta capa, con redondeados y mórbidos bordes que de forma inverosímil y hermosa, se mantenían en tejas y cornisas de piedra. Aquellos asomados, inmóviles y frios mantos, sobre los que ella creía que sería precioso descansar.
Y, sonriendo la niña, volvía su mirada hacia la gran entrada de la casa que estaba situada justo enfrente de la que ella moraba y, miraba a izquierda y derecha, lugares en los que permanecían, siempre inalterables en el tiempo, las entradas para “La Escuela”: niños a la izquierda, niñas a la derecha, ya que todavía no habían llegado los adelantos que permitieran recibir instrucción en aulas mixtas. Esa casa guardaba en los dos pisos superiores, las viviendas de los eternos maestros de aquella infancia suya.
Pensaba sonriendo que, quizá hoy, ese día nevado y blanco, doña Rolindes, decidiera que había justificación suficiente para que las niñas pasaran el día recreándose con los imposibles juegos que la nieve les proporcionaba y a los que, por otro lado, no tenían acceso durante el resto del año, incluso no todos los inviernos. Posiblemente aquellos maestros de entonces, no agobiados por normas estrictas, creyeran que, también la experiencia y el asueto, en determinados momentos, era una magnífica forma y fuente de escuela.
Aquella luz (de la que no era totalmente consciente pero que, pese al contrasentido o incongruencia que pudiera parecer, quedaría como grabada a fuego para siempre), que la naturaleza descubría y regalaba una vez derramados los ampos, por gracia de la estación que circulaba y el frio reinante, era de una luminosidad y transparencia especiales, de tal manera, que hacía daño mirarla. Pero, también es cierto que era un placer entornar un poco los ojos y las miradas para dejar vagar la imaginación y el sentimiento por su superficie.
Finalmente, era cierto, se habían suspendido las clases y, luego del desayuno caliente y reconfortante, bien abrigados, los niños por un lado, casi siempre más brutos, y las niñas por otro, como por un ensalmo, se encontraban en las calles todavía impolutas y con las mejillas y narices coloreadas y coloradas, pasaban el día haciendo o montando lo que sus imaginaciones le dictaran; dejando, seguro que en muchos de ellos, como en la niña de los cristales, unas sensaciones y recuerdos que ni los dias, ni los meses o años, conseguirían borrar. Y harían bolas y muñecos y habría guerras incruentas y, todos sin excepción, terminarían con las manos insensibles y rojas, las mejillas relucientes y el frío empotrado en su mente, sin que ello fuera obstáculo alguno para disfrutar, aprender o, incluso sin ser conscientes, soñar.
Pero, todavía hoy, después de múltiples inviernos y fríos padecidos y transcurridos en el cuerpo y en el espíritu, al observar una fotografía de su hija, regresan aquellas imágenes, frescas y tiernas, como si hubieran sido ayer.

12 comentarios:

XoseAntón dijo...

Imágenes que todavía continúan frescas, muy frescas, casi parece que todavía hay nieve en la memoria. Hermosos recuerdos. Gracias por el maravilloso intante Fonsilleda

Internautilus dijo...

Preciosa y dulce entrada. Se ve que sale de tu alma, que has vivido esos momentos, que aún están en tu corazón. Gracias por compartirlos.

Zoe dijo...

La memoria con colores , sensaciones, y sentimientos tan grandes como el corazón que también reflejas en cada palabra que escribes, ese corazón no está ni frío ni helado , es caliente , cadencioso y dulce como tus bellos recuerdos... Cuánta vida¡...

Siempre soñé con ver nevar y jugar con la nieve... Los sueños, los sueños....

algunos se hacen realidad????

la furtiva insomne, besos

Manuel Montesinos dijo...

Tienes razón en tus palabras. Esa ventana que, en sueños y en realidad, todos tenemos, es una venta a la vida. Una ventana preciosa que nos permite no solo retroceder, sino seguir mirándonos a nosotros mismos.
Estraordinario relato, propio de tí.
Me estás poniendo el listón bien alto.
Dulces sueños, meiga.

anabel dijo...

Es una evocación preciosa de un momento de la infancia. La mirada, sus sensaciones, las ganas de salir a la calle para jugar con la nieve... todo ello se visualiza por la magia de tus letras con una ternura infinita.
Llevamos más de una semana rodeados de nieve en Hamburgo; mañana, cuando me levante -la nieve estará ahí-, recordaré con muchísimo cariño esta historia.
Besotes.

Marcos D Candido. dijo...

Bien bonito. El tiempo pasa tan rápido pero los recuerdos como que siempre se quedan. Hermoso texto princesa.
Saludos.

Balteu dijo...

Es un relato entrañable paisana, tus recuerdos avivan los míos y te agradezco lo hagas así, con esa maestría que te caracteriza, por un rato me he visto en la nieve, merced a tu buena pluma.

Un bico.

RosaMaría dijo...

Hermoso relato, todo se mezcla, no carece de nada y el cariño desborda hasta el final.
No salió el comentario anterior.Besos

SoL LuNaR dijo...

te falta mi blog en los que visitas, ves y...

:)

Dante dijo...

Excelente relato, corazón. Por momentos también vi esa nieva aunque a través de otra ventana. Fue un gustazo leerte. dejo beso.

estela dijo...

Antes de hacerte el comentario, te digo que lleguè aquì a travès del blog de Manuel; es que te vì ahì agregada,y la verdad nunca me habìa fijado si està tu blog en la pàgina, pero sí sé que me gusta como escribes, asì que...

aquí estoy.


Y ahora pasemos a este texto.
Entrañables recuerdos,cálidas y bellísimos imágenes que has pintado de tal forma, que me parece haber estado allì.

Magnìfico!

Besos.

auroraines dijo...

Hoy abriste las contraventanas de tus recuerdos y nos transportaste a los paisajes de tu niñez.
Gracias por compartirlo.
Un bico