miércoles, 28 de enero de 2009

SOBREVIVIENDO CON MIS ROBLES.

He pensado en mis mimados robles deshojados, he tocado su rugoso y áspero tronco, cargado de líquenes y verde musgo; he alzado mi cabeza a sus desnudas ramas soñando su color.
He hablado con mis tristes robles mojados, he palpado su húmeda corteza, rebosante de agua y de vida dormida, hibernando.
He sentido el dolor y el miedo de mis dolidos robles, he notado su savia quieta, expectante, deseando el calor y la luz en su sueño invernal.
He legado en silencio mi amor y he pedido reposo. He acariciado su espacio robusto, dejando vagar torpes manos por el imaginado cuerpo, tratando de hallar esa calma.
He mirado al cielo pidiendo sosiego; he rogado al cielo un tiempo de apacible bonanza, reclamando el esquivo sol y deseando otros días.
Esta naturaleza dañada dejó hacer a mis manos, entretanto, las ansias volaban con dolientes lacras.
En mi espera y mi sueño, al pronto, un sosegado viento despejó toda el agua, para dar su permiso a la luz que, límpida, surcó el aire, sugiriendo momentos para esta templanza, ahora ya deseada y añorada.
Pude entonces mirar a los pinos, enhiestos y firmes; a su lado, eucaliptos altivos que acechando invaden. Me ha llegado un perfume de aromas mezclados y sabios, con fragancias que sanan olfatos heridos.
Y la luz ha acercado, palpitantes, otros cuerpos desnudos, que mostraban sus ramas quebradas y a sus jóvenes hijos, heridos de muerte, golpeados, caídos
El momento de calma se alarga y dilata, buscando esperanza, presentida o soñada, mientras lejos, una tímida voz de aquel árbol lejano, me llama.
Despacio, una acacia se torna amarilla a pesar del desorden que reina y sus flores pequeñas y leves sonríen, me hablan y dicen : “recuerda a la Candelaria, ya llega”.
Y tan luego observo los tojos, que ríen en forma de tímidas flores que asoman; más allá unos brezos humildes, desean y sueñan bonanza.
¡Todo es posible! y de nuevo el árbol renace y el aroma a mimosa me invade y sonrío pensando.
He soñado otra vez con mi monte, regresando a mis robles mimados, he palpado su carne dañada, con mis dedos que hablan de luz y de calma, de savia, de espera y añoranza.
Y entretanto ese viento terrible asoma muy fiero, transportando las nubes, el agua y el miedo.
Imagen de Flickr: acuarelaconcanela "Tronco de roble."

14 comentarios:

Internautilus dijo...

Pues qué decir... me ha encantado esta prosa poética que es todo un regalo en la forma y un dulce acompañamiento en el fondo. Fundida con la naturaleza, sintiendo el temor como ella, que de ella misma viene.
Gracias por este texto hermoso.
V.

Manuel Montesinos dijo...

Indudablemente creo que eres una meiga. He leído escritos tuyos de todos los colores y créete que tienes un don especial para la narración. Lo mismo haces hablar a los árboles que a los muros de las iglesias de los pueblos.
Me gustan las meigas, qué quieres que te diga.
Un saludo.

XoseAntón dijo...

Hermoso homenaje a esas "fragas" e "carballeiras"; un mundo aparte dentro de nuestro entorno, repleto de sensaciones, aromas, colores y el piar de los pájaros. Quienes los llevan dentro sabemos por que les hablas y cantas así. Gracias.


Bikiños

Zoe dijo...

El viento y la lluvia vuelven una y otra vez... Los hermosos gigantes sobfreviven a ambos y al terrible sol también, hoy te veo junto a ellos mirando hacia arriba, hacia el cielo en ese mismo lugar donde los abrazas o los tocas suavemente... extraño otros árboles altos y maravillosos que esperarán en balde que los vuelva a abrazar y yo a ellos...

Ellos estarán allí, allí, tan cerca y tan lejos

Mónica dijo...

Pues nada, tendremos que quedar para ver vigo desde otra perspectiva.
Mientras tanto....

Nos leemos!!!

Froiliuba dijo...

Este texto es precioso meiga, tan lleno de estampas, tan descriptivo y tan tierno. Se ve que lo has escrito en un moemnto de tremenda morriña de algo, de la vida, de los sueños de... no se pero de algo que intuyo no fué buen momento.
Como siempre suele suceder, en los momentos bajos, salen los mejroes textos y este es de los mejores, querida, tú si que eres un roble.

Ya queda menos para la primavera
bicos

anabel dijo...

El invierno es un merecido descanso para la naturaleza. Un coger fuerza, una meditación, un aguantar las ganas por volver a explotar en plenitud.
Siempre me han gustado los árboles y, desde que tengo a Erik, todavía mucho más. A él le fascina mirarlos, recorrerlos con la mirada, dibujarlos, hasta señalar sus sombras...
Apoyar nuestro cuerpo en cualquier tronco transmite de inmediato paz.
Me ha gustado mucho este homenaje a los árboles, creo que uno de tus mejores textos -y hay muchísimos-.
Me encantaría contar con él para la revista. ¿qué me dices? De verdad que es un texto increíble y maravilloso.

Sonia Antonella dijo...

Sin duda un árbol enternece…el lugar donde vivo, tiene tan pocos! que yo me siento afortunada de tener uno al fondo de mi patio…Es un pimiento enorme, aromático …allí me cobijo muchas veces ,con mi pc…con mis libros y mis recuerdos. O simplemente a contemplar los rayos del sol que atraviesan rabiosos la enramada.

Besitos de un árbol chiquitito y frondoso.


Sonia

Cuspedepita dijo...

Hermoso texto.
Los robles han sufrido también el temporal de viento... ¡ he visto tantas ramas rotas en los últimos días!, pero aún así, los árboles autoctonos resisten mejor que los pinos y eucalíptos.
¿Sabes? Unos amigos míos que viven en una estancia del sur de la provincia de Buenos Aires plantan siempre tres árboles cuando les nace un nieto, y uno de ellos es siempre un roble (son descendientes de gallegos)

Me gusta tu blog :-)

Un abrazo.

Dante dijo...

Nada tan noble y digno como un roble. Me gustó la forma en que contaste esta historia tan sencilla y tan emotiva a la vez. Por momentos me sentí de pie junto a tus robles mirándolos, oliéndolos y sintiendolos parte de mi geografía más cercana. Seguramente, cuando vea un roble, recordaré esta entrada y te tendré más cerca. Beso, preciosa.

José Luis dijo...

Hola Fonsilleda. He pasado por tus territorios y rebosan sensibilidades. Yo soy del País de los Ártabros y me permito enviarte una vivencia de un espacio sentido.

Aguillones de Cariño

Roquedos de trileucos salientes.
Pliegos milenarios de un voluble litoral.
Colindante agitado del Cabo Ortegal.
Uñas emergentes de mares bravíos.
Aguzadas peñas de indómitas aguas.
Riscos vigías de imponentes cantiles.
Tuneadas peñas por creativas aves.
Rincón mágico de siete vidas.
Aristas surgidas entre el cielo y la sal.
Desafío taimado de encontradas corrientes.

José do Neto

José Luis dijo...

Hola Fonsilleda,
Te he enviado un comentario con una vivencia de un espacio mágico. No sé si te llegó.
José do Neto

José do Neto dijo...

Hola Fonsilleda,
¡¡Cuantas sensibilidades muestras en los paseos por tantos espacios perceptivos!! Y ademas, invitas a expresar las emociones!!
Yo que soy del Norte, habitante del Golfo Ártabro, me permito dedicarte una visión de un lugar idílico que debieras conocer, si no lo has hecho. Hay imágenes del sitio en Internet por si te interesa observarlo.

Aguillóns de Cariño

Roquedos de trileucos salientes.
Pliegos milenarios de un voluble litoral.
Colindante agitado del Cabo Ortegal.
Uñas emergentes de mares bravíos.
Aguzadas rocas de indómitas aguas.
Riscos vigías de imponentes cantiles.
Tuneadas peñas por creativas aves.
Rincón mágico de siete vidas.
Aristas surgidas entre el cielo y la sal.
Desafío taimado de encontradas corrientes.

José do Neto dijo...

Hola, de nuevo Fonsilleda:
Te he enviado una vivencia sobre Os Aguillóns de Cariño. Quiero pedirte el siguiente favor. Soy un maestro que está haciendo un curso de blogs, web, flash... y estoy en el último tema. Llevo 12 meses en ello y el último trabajo práctico que me piden es hacer comentarios a un blog y promover discusiones. Te he elegido porque me has parecidos una persona de sensibilidades y que poseo de común contigo el escribir sobre esas percepciones aunque de manera más humilde. Espero que me recibas y me puedas echar una mano. Gracias(gonzaglez@gmail.com)