jueves, 4 de diciembre de 2008

UN LIBRO Y YO

Durero: Estudio de manos con biblia.

He tomado un libro en las manos. Es un libro pesado, muy pesado diría yo: grande y pesado. Todavía conserva la sobrecubierta para resguardarlo y protegerlo; ésta es atrayente, llamativa y de colores, atractiva, invita a poseer a adquirir. Su tacto es suave, brillante, como si lo hubieran cubierto con un barniz ligero y transparente.
Lo miro, lo sopeso y pienso ¿me gustará el contenido?, ¿por qué será tan pesado?.
Quito el abrigo protector. Me hubiera encantado encontrar unos lomos en piel vieja o en cartón añejo. También hubiera deseado que fuera antiguo, pero sólo es un libro de ahora. Seguramente le faltan las manos artesanales, no estará cosido a mano, ni tiene esa pátina que los años aportan, ese color, olor y tacto que parece que, por ellos mismos, ofrecieran algún tipo de garantía acerca de lo que cuentan.
- ¡Qué bobadas piensas!- me digo. Sí, es posiblemente cierto, pero también lo es que me gusta tocar objetos: piedras, muebles, tejidos, cualquier cosa que tenga sabor a años y mejor aún a siglos. Suelo apoyar mis manos en la piedra de los monumentos, esculturas, suelos, lo que sea, si me lo permiten. Es algo así como si pretendiera que todos los pasos, palabras, vivencias, esfuerzos o sabidurías que pudieran encerrar o guardar, me fueran traspasados de esa manera. Y me emociona.
Miro el título del libro, habla de mi tierra, la de nacimiento. Me gusta también eso.
Paso lentamente las manos por las cubiertas que son oscuras, negras, con un tacto suave, ligeramente frío, como de laca japonesa pero con cuerpo. Sin embargo, si cierras los ojos, se sabe y se nota que es papel. También a contraluz se puede observar.
El lomo lleva en letras doradas, sin disimulo ni rubor alguno, el título de la obra, el número del tomo, un escudo y la Editorial. No queda mal esa especie de explosión de lujo, esa mínima coquetería ya que, sin su protección, es un libro serio, sobrio, sereno.
Sus guardas son fuertes de un color azul grisáceo y no tiene páginas de cortesía, ¡Lástima!
Lo miro y vuelvo a tomar el libro entre mis manos para acariciar su fisonomía con los ojos cerrados. Lo vuelvo a sopesar y paso las yemas de mis dedos por todo el canto, notando sus hojas, el papel y el grosor. Da la impresión de ser un buen papel.
Ahora levanto la cubierta y su guarda, para encontrarme con la contraportada y con un maravilloso “peto de ánimas” en piedra, como cientos que hay repartidos por esta geografía. Luego la portada, en la que hay una preciosa e íntima fotografía, que no lo parece, de una mujer mayor ante un lar encendido, sentada en una tosca banca y con pañuelo a la cabeza; pareciera encerrar toda la sabiduría transmitida vía oral de esta tierra, quizá incluso, la absorbida y aprendida de generaciones de caminantes que dejaran su huella.
Y, por fin como en su lomo, el título de la obra y una pequeña leyenda en su parte inferior.
Huelo ahora el libro y, menos mal, no ha perdido el aroma del papel ni de las tintas. Pareciera que, además, atesorara los aromas y saberes de todas las manos que, de una u otra manera, hubieran intervenido hasta alcanzar su logro.
Finalmente me decido a abrirlo. Lo estoy deseando desde el principio. Sé, lo presiento, que puedo disfrutarlo. Tiene una hermosa fotografía y la letra es holgada y agradable.
Posiblemente tenga que usar, para mayor comodidad, aquella mesita auxiliar que, a modo de atril, me regalaran un día mis reyes magos.
Ya estamos listos, el hermoso libro y yo.

9 comentarios:

Internautilus dijo...

Precioso, Fonsi. Dulce, tierno y precioso. Gracias!

Dimarojo dijo...

¡Ay, los libros!. A veces encierran historias tanto o más apasionantes que las que narran en su interior.Desgraciadamente no soy lector tan asiduo como quisiera, pero yo disfruto mucho con el tacto del papel, de los lomos, de las hojas. Ahora es más difícil encontrar ese tipo de libros que te hacen vivir ls sensaciones que tú comentas. Son cosas que se pierden con la modernidad y la obsesión por los costes. Pero están los libros antiguos y siempre hay ediciones especiales de algunos modernos. Saludos.

trainofdreams dijo...

a veces tardas en poner una nueva entrada en tu blog, pero la espera para poder leerte mereció la pena y de sobra... tienes en tus palabras también el sabor de lo añejo, de lo que perdura y de la esencia. Me gustan la librerías de "viejo" como se llaman en algunas partes pero cada vez quedan menos y también me recuerdan a un libro que era sobre esto y que luego fué una pelicula ;-)
Cuamdo vuelva en unos días seguiré leyendote...
bicos

Simetha dijo...

Un libro en todos tus sentidos. Creación y modernidad del siglo XX, pero libro al fin, con ese delicioso aroma bendito... DEjo mi abrazo y buenos deseos.

Alles Liebe
^^(°°)^^

Dante dijo...

Reitero lo dicho. Hermoso recorrido por el alma de un libro, corazón. Todos los libros son interesantes, pero los añejos, los que conservan ese olor tan particular del paso de los años sobre el papel y la tinta, se convierten en únicos. Y al ritmo que vivimos, porque no, en pequeños tesoros en vías de extinción. No es lo mismo que echarse al sol y fumarse un cigarrillo en compañía de un buen libro impreso. Interesante reflexión. Como siempre, es un placer pasear por tus letras. Beso. Muchos.

Felisa Moreno dijo...

Después de leer este post, estoy segura que los libros nunca desaparecerán. Esas pantallitas, por muy cómodas que sean, nunca podrán reemplazar las sensaciones que se tienen al tocar un libro, hojearlo, olerlo, acariciarlo...

Saludos

La sonrisa de Hiperión dijo...

La lectura es la carta de amor a la visa... el saber en un montón de páginas.
Saludos y buen fin de semana.

Melba dijo...

La mejor comunión que experimento es con los libros. Qué placer.

Salud♥s

Javi dijo...

¡Maravilloso! He sentido prácticamente ese libro en mis manos. Qué delicadeza al describir los detalles de tus sensaciones.
La última vez que sentí algo parecido fue hace una semana. A mis ojos llamó poderosamente la atención un grueso volumen de cuentos de Doris Lessin. Y lo disfruto ahora en mis noches de frío otoño, ya casi invierno.
Yo creo que tú eres de las que acaricia de vez en cuando los lomos de los libros de las estanterías para saber que siguen latiendo bajo el polvo del tiempo y de los recuerdos.
Un beso desde esta ciudad hoy, por fin, soleada.