martes, 16 de octubre de 2012

HAILAS





Miro hacia atrás para buscarte
en el dulce y viejo pueblo de la memoria
y tú asomas decidida, presumida,
pendiente de tu acomodo,
componiendo un apaño limpio y lucido.
En mi eterna ingenuidad
¡cómo admiraba tus jóvenes años!,
¡cómo envidiaba tu adornado porte!,
tus manos de impecables uñas,
la indumentaria: lustrosa, sin aspavientos
pero siempre hermosa,
sin una arruga;
los sencillos zapatos aseados, brillantes.
Ahora, en esta profunda y rotunda realidad,
siento con furia aquella gastada ternura,
aquel sentimiento y aquellas risas,
los juegos, lágrimas y algunos temores.
No creo en las brujas, pero haber hailas.
¡Cómo nos queríamos!.


Aprovecho para volver a colocar un cuadro de Maruja Mallo: "Cabeza"

miércoles, 10 de octubre de 2012

Naderías pasadas y recientes




El tiempo transcurre despacio, 
transita por mis venas latiendo,
dejando huella del espacio vivido,
cincelando muescas,
abriendo heridas,
señalando nudos y desenlaces,
remarcando risas y caricias,
separando la noche del día,
acentuando pesares,
olvidando el olvido,
lento, engañoso, aciago,
trampantojo de si mismo.


Imagen: Reloj infinito, Oscar Tusquets Blanca


Ha vuelto a caer la lluvia,
blandamente, casi en silencio,
humedeciendo los brotes tiernos,
lavando porfiados pecados,
borrando mi nombre de la plaza,
limpiando el banco que guardaba mi huella,
disipando la estúpida niebla que disimulaba perfiles.
Ha vuelto a caer la lluvia,
hoy como la primavera pasada,
llevándose mis recelos.

martes, 2 de octubre de 2012

PEQUEÑECES DE LA AUSENCIA




He visto que la blanca página llora silente,
aguardando las huellas, de leve tacto.
de mis perezosos y cansados dedos.


La noche está fría y no brillan estrellas hoy,
la enfrentada biblioteca empero
bulle con estertores de curso que acaba
y, en silencio, una gaviota sobrevuela mi mirada.
Mientras, sin perder su aroma, resistiendo,
sobre una mesa las rosas se van marchitando
al compás de las horas del tic tac del reloj.


Tristeza y obligado silencio
tras las miradas vacías,
tras actitudes marchitas,
tras ecos de apagados ayeres
y aquella vida que fue.



Dentro, en el lugar en que todo se cuece,
cuando algo terrible sucede
y nada es lo que parecía,
ahí, en el meollo,
en el fondo de todos los sentires,
el caos se apodera de tu universo
confundiendo todos los perfiles
y cambiando piel, mirada y tacto.





Lento anochecer el de su mente;
los luceros se van apagando,
no se encuentran prendidas antorchas
que diseñen caminos o gestos
apoyando memoria y palabras
o buscando la caricia perdida.
Triste oscuridad sin una luna
que temple el frío miedo que atenaza.





Estremecida,
luego de frotar sus temblorosos huesos,
que gritan auxilios y abandonos,
levanto su rostro esta noche,
buscando la mirada huida,

Estremecida, levanto su rostro ajeno,
que hoy sólo fue silencio.




Imagen: Elia Fuentes.

viernes, 27 de enero de 2012

NADA ROTA

Nada,
veo mis manos llenas de nada,
nada azul cielo, manto de virgen soñadora,
verde capa, la de significados equívocos
y el tono amarillo de mi disimulada locura.

Nada,
miro el rojo pasión, con jóvenes renuevos,
saludable, alegre y aromoso es mi naranja,
una melancolía, o todas, tintada de añil,
que es el tornasol de mis eternas dudas.

Nada,
percibo la luz violeta de otoño y recuerdos,
cariños, amores, ternuras y tactos
de horas desmigadas en pálidos pálpitos;
hay mucha tristeza y vida en esta nada,
rota en mil cristales de silencios y arcoíris.



Imagen: "Ó meu xeito",  de Elia Fuentes, Seixo Xalundes (enlace al margen).

viernes, 18 de noviembre de 2011

RESURGIR, POR VOSOTROS

Fotografía "Rexurdir" (resurgir), de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes, mi hija.


-Eso es..., así me gusta. ¡Por fin me tomas en cuenta!
El que habla es mi otro yo, mi duendecillo cerebral que parece contento porque me ha visto destapar el bolígrafo virtual, tomarlo casi con ternura y mimo, colocarlo entre mis torpes dedos y, ante esta página limpia recién desempaquetada, con aroma a tiempo y a utilidad, casi brillante y satisfecha por ver la luz, comenzar a escribir.
-Ánimo -continúa diciendo- yo estoy aquí contigo, por si me necesitas o por si, por cualquier circunstancia, fallan tus palabras y necesitas la riqueza de mi enorme y cultivado vocabulario.
Estos duendecillos, siempre presumiendo de sus capacidades, aun imaginadas.
-Tranquilo, querido duende, mis dedos y yo nos bastamos una vez tomada la decisión.
La realidad es que, aunque se empeñe en ponerse laureles, sabe muy bien qué ha sido lo que me ha impulsado a tomar esta decisión después de algunos meses de ¿relax?, ¿vagancia?, ¿puesta al día de sentimientos?, ¿renovación o regeneración del mobiliario mental?, ¿limpieza: en seco y con agua jabonosa?...
¡Qué más da!, la simple verdad es que, los dedos aplican sus saberes y el papel se va llenando de notas que, si bien no son de todos los tonos del arco iris, sí que surgen espontáneas, algunas con esfuerzo o lentas. Ahí van comenzando a rebrotar, llenando un pentagrama de signos, no musicales desde luego, pero en esencia, no tan disferentes.

Hace unos días, una Mujer (con letra mayúscula, sí), me ha hecho saber que notaba mi falta. Un hombre joven y generoso, de vez en cuando, me recuerda que sigue esperando mi voz.
Ayer, un amigo me ha dado una maravillosa lección y otro me ha evocado, haciéndomelo saber.
Una amiga que me acompaña habitualmente, me dice que ya es tiempo.

Hay amigos con los que diariamente estás en contacto, con los que paseas, compartes vida y vicisitudes, discutes, cambias impresiones, tomas una caña y te miman.
Pero luego, existen otros, con afectos profundos, incluso admiraciones intensas, que surgen y se hacen ver, cuando todo parece que está comenzando a oler a moho, a viejo, a tiempo perdido,  a condescendencia o boba compasión de un yo para con el otro. Pareciera que predicen un desmoronamiento.
Y es entonces cuando estos raros y espléndidos amigos, con sabiduría, te enfrentan a un espejo sin ningún disimulo, sin torpes aplausos, llamando a las cosas por su nombre, haciéndote ver los perfiles de las cosas sin nubes ni nieblas, tal como son: naturales, sencillas y limpias o, incluso a veces, feas.
En sus uñas, quizá quede luego, el rastro un poco negro de haber arañado la roca, quitando la suciedad y el musgo, secos por el tiempo y el abandono. Pero de una manera altruista y desinteresada, se encogen de hombros, piensan que ya se lavarán más tarde y sonríen con calor.
Y el espejo, te devuelve la imagen un poco pasmada de tus “yos”: el visible y el profundo, disfrazado de duendecillo bondadoso, con sus arrugas, sus años, sus preocupaciones y olvidos, aunque también afloren risas y miradas sin lesiones.
-¿Ves terca?, no ha sido tan difícil, el bolígrafo virtual, casi se ha convertido en la estilográfica que pudo haber sido y que todavía puedes conseguir. Quizá la pierdas y se junte con aquel montón de plumas extraviadas durante tus años de aprendizaje, pero no importa, siempre habrá otra más bella que puedas cosechar.
Este yo, ahora, luego de reconvenir al engreído y presumido que se cuelga todas las medallas, se queda con la cara iluminada por una amplia sonrisa, en la que flotan todos los reconocimientos, necesarios y justos.
¡Va por vosotros!, que sois enormes y sabéis quienes sois.

sábado, 20 de agosto de 2011

ROTA

Imagen de Elia Fuentes: "Soños rotos"

Evocando aquella historia,
he puesto toda su vida sobre la mesa..
Mis entremetidas pero rigurosas manos,
lentas, expeditivas, persistentes,
carentes de antiguas ternuras,
querrían alisar bordes,
planchar arrugas,
descubrir encajes y bordados,
pulir defectos y zurcir desconchones.
Más, sólo testarudos jirones de vivencias,
algunas compartidas,
se revuelven tercos, porfiando,
retorcidos,
llenando vacíos con miradas rotas,
colmadas de recuerdos ajados,
tan soñados como olvidados.
¿Dónde su bella figura de antaño?
¿Dónde la imagen de paseos con “falda de tubo”?
¿Dónde sus bonitas y admiradas piernas?
Y aquellas risas...
Mis porfiados dedos, alisan las antiguas telas
(ahora groseras, átonas, sin brillo, tan derrotadas),
sintiendo o adivinando,
sus denostados y obstinados rizos,
el antiguo rostro de llamativos incisivos,
los pequeños ojos y sus arregladas manos.
Como en atesoradas y desvaídas imágenes,
asoman gustos y sabores, colores y sollozos,
lecturas, dibujos, juegos, crónicos despistes,
gestos, caricias, sonrisas, rubores,
también algún presentido sueño,
aromas de su desdibujada vida
que, empecinada, se vuelve presente.
Siempre creyó que no era hermosa,
Ahora, esta fea mesa basta para su existencia rota.

viernes, 15 de julio de 2011

DESATINOS DANZANDO


Imagen de Elia Fuentes: "Bandada"

Suenan los primeros acordes suaves, casi leves, acompañando esa extraña voz que repercute en mí como un mantra. Ese nuevo timbre que voy incorporando a tantos otros que ya son míos, aunque sus propietarios lo desconozcan.
Para ahondar en la voz, la música y disfrutar más, cierro los párpados buscando esa penumbra tranquila que siempre seda y abriga. Esa falta de luz deseada y a veces añorada, que me acuna y envuelve como si de un seno materno se tratara, acariciando, amparando sentidos y mirada.
Y es entonces cuando despacio, concentrada y notando lo que penetra por mi piel, aspiro buscando el aire limpio y frío; ése que parece vivificar, puliendo perfiles, matizando sensaciones y lavando temores y resquemores. Luego, lentamente, expulso esa especie de nada invisible que inundó mis pulmones para darme la vida, esta vida mía, ahora prestada, posiblemente regalada y empeñada en auxilios ajenos. Asimismo, intento encontrar el camino que ha seguido el aire invisible, para encontrar la materia de la que estoy hecha. Veo las fosas nasales, como en aquel dibujo, que no era más que un simple esquema en blanco y negro, del primer libro de ciencias que pasó por el aprendizaje de mis manos. Leo aquellos primeros desconocidos nombres que sonaban a errores cometidos o a pecado mortal: cornetes, senos, cavidades... Y, entonces, siento el viaje, que imagino iniciático, del invisible, vital e irreemplazable para que, sin que consciencia o voluntad intervengan, mi educado y sabio organismo, extraiga el precioso oxígeno.
Abro los ojos y dejo que mis manos pulsen teclas por caminos virtuales, en aras de una somera recuperación de aula lejana, porque la mirada es ya insuficiente ahora y preciso releer nombres y recorridos casi olvidados.
Mientras, su voz rara, nueva y de joven hombre, sigue derramando sonidos y letras que entona en un idioma que es ajeno a mí, hablando de fantasmas, robles o matizando sensaciones y experiencias si tuviera un barco.
Los párpados se cierran de nuevo para concentrar percepciones y el aire, una vez utilizado, sé que hará un viaje de retorno hacia el exterior, convertido dióxido de carbono. También he re-aprendido que, antes, habrá sido acunado, mecido y molido a través de laringe, faringe y tráquea, bronquios y bronquiolos.
Me cuestiono otra vez, si esos nombres son puro azar o fruto de mentes retorcidas para nublar cerebros jóvenes u olvidadizos por uso y tiempo. Como el mío, que no recordaba ya la senda completa.
Ahora, detenida, quieta, pienso que todavía le quedan al aire invisible y vital, para que la historia pueda continuar, los alvéolos, que no son otra cosa que unos prácticos sacos, que no conozco cómo, dónde o qué guardan y cobijan.
Y los pulmones habrán cumplido, fielmente, su función de llevar a la sangre los precisos latidos, al tiempo que recogen aquello que el organismo no precisa y lo trasladan fuera, lejos de mi acogedora penumbra. Como si hubieran aprendido de unas prosaicas, pero prácticas, escoba o mopa.
Me encandila hoy esa voz, que ni siquiera es varonil, tanto como el arduo proceso de la respiración.
Mi gastada experiencia no comprende el proceso de respirar, tampoco otros gracias a los que me muevo, puedo hablar o hacer lo que en estos instantes; me parecen nacidos exclusivamente, para que mentes infantiles aprendan complicadas trigonometrías, en libros de ciencias que ahora llevan disimulados nombres.
Surge, en un silencio que flota en pentagramas inventados por otros, la pregunta de cómo habremos llegado a funcionar de una manera tan sencillamente complicada y laboriosa, pero tan efectiva, prodigiosa y hasta es posible que fascinante. Esbozo una sonrisa que solamente yo veo y me digo: un trabajo bien efectista.
Ingenuamente recapacito sobre los procesos internos de estos cuerpos que, a pesar de ser nosotros, marchan sin apenas ajustes, casi siempre silenciosos, autónomos, independientes, libres y sin títulos universitarios que los avalen o acrediten. Funcionan además, sin necesidad de mandamientos, normas, leyes o dirigentes que marquen caminos.
Sin embargo, mientras nuestro organismo pareciera regodearse en la libertad de la que goza, nosotros, precisamos cada uno de sus pequeños servicios para que el corazón no deje de latir, poder usar el cerebro, no descuidar miradas, utilizar el tacto, el habla para expresarnos y el conocimiento para seguir. Más aun, cuando ya las “ITV” se hacen necesarias, aunque sea para una simple puesta a punto, engrasado o inyección de sentimientos o savias nuevas.
Divago con estos palmarios desatinos y la preciosa música que me gusta y que he elegido hoy, sigue deleitando todo mi yo y quizá también danzando al compás de los caminos de mis adentros, para guardarse en los alveolos.
Y, como la bandada de la fotografía, independiente, libre, haciendo equilibrios, jugando con el aire y su energía, llenando un espacio con el aleteo de unas imaginarias alas, la voz que escucho, me calma.

martes, 17 de mayo de 2011

A FALA - LOIS PEREIRO

Somentes
intentaba conseguir
deixar na terra
algo de min que me sobrevivise
sabendo que deberia ter sabido
impedirme a min mesmo
descubrir que só fun un interludio
atroz entre dous muros de silencio
só puiden evitar vivindo á sombra
inocularlle para sempre a quen amaba
doses letais do amor que envelenaba
a súa alma cunha dor eterna
sustituíndo o desexo polo exilio
iniciei a viaxe sen retorno
deixándome levar sen resistencia
ó fondo dunha interna
aniquilación chea de nostalxia.


Imagen de Elia fuentes: "O Fermoso das espiñas" - Ela di: "A consciencia do perigo. O deixarse ver e mirar. A valentía de ser un mesmo".

lunes, 18 de abril de 2011

EL SILENCIO DE LA SOMBRA


Nota. Me veo en la obligación de pedir disculpas a mis posibles lectores, si los hubiera. Especialmente a aquellos que escriben y aman la poesía. A veces, no sé por qué, lo que necesito escribir me sale así y conozco perfectamente todas mis limitaciones. Repito, perdón.


Sombra, que tras la lluvia lastima el sueño.
Sombra, que entona un baile de ilusión y anhelo.

Sombra,
anuncias silencios tras el espejo,
reclamas olvido para el afecto,
y pones palabras donde solo hay eco.

Sombra, la que duele el ánimo
y en su mirada reza el silencio.

Sombra,
que danza el baile de la noche en el sendero
siembra astillas de sentimiento
y arrastras caricias que lleva el viento.

Sombra, amada sombra olvidada
en las esquinas de mi aposento.

Imagen: "Silencio" de Elia, Xalundes, Seix0. (Links. en el margen derecho).

sábado, 9 de abril de 2011

AYER Y DESPUÉS


He recordado aquella frase absurda que alguien muy querido repetía, mirando sus nuevos cielos: “no es como aquel de mi pueblo, allí había muchas más estrellas brillando en las noches, muchísimas más”.
Sin embargo, en estos momentos se me ha ocurrido pensar, que es posible que esas palabras encerraran una verdad que se alejaba del firmamento, para adentrarse en las raíces de los árboles, en las piedras y tejas de las casas, en las caras de las gentes, en las manos de otros seres amados. En aquellos aires casi perdidos por las distancias.
No eran menos las estrellas, que la luz de la ciudad disimulaba, eran otras las queridas vivencias que apagaban destellos retorciendo impresiones.
Ayer tarde se produjo el, ya eterno, encuentro entre antiguas amistades que, felices, compartieron dolores, anécdotas, recuerdos y muchas alegrías sembrando cafés y refrescos. Las canas, disimuladas con maestría, asomando en las sienes de todas y algunas neuronas vagando en pos de los años pasados. Y se rieron y, también, algunos ojos se empañaron mientras los dedos, todavía ágiles, expeditivos y prestos, corrieron a secar el agua salada porque, pensaban que, para eso, todas compartiamos la belleza de la Ría. Siempre, empero, habrá cosas nuevas para regalar risas y miradas, incluso indecisas ternuras y, siempre también, con absoluta satisfacción.
Pero ahora estoy triste. Así he mudado porque las Parcas han vuelto a rodear los muros de mis quereres y dentro, muy dentro, el vacío, la incertidumbre, el miedo y el rechazo, forjan cadenas, no de ADN, sino de tristes grises que cambian intensidades y sentimientos.
Esa es la realidad, la intangible, pero también la que penetra por los poros, llegando al flujo sanguíneo con osadía, machacando, como si de una infección burda y agresiva se tratara. Golpeando sonrisas, acariciando palabras y roces. Hiriendo.
En cambio, mañana, una pequeña celebra sus poquísimos años y yo estoy invitada a compartir la alegría, la merienda y la celebración. De nuevo, una tímida sonrisa asoma.
Celebramos las ausencias o dolores, con lágrimas de suspiros y compañía y las permanencias o alegrías, con compañía y con gritos alegres del corazón.
Son, quizá, los dolores y risas que no son.
Como los que encierran, los ausentes colores de una hermosa fotografía en blanco y negro.

Imagen de Elia Fuentes, Seix0, Xalundes: "Tempus fugit..." (Ver márgen).

Nota, para aclarar que iba a poner la misma fotografía en blanco/negro, pero es que ésa...

viernes, 1 de abril de 2011

HOY POR ELLOS, POR TODOS


Que yo sepa, no padezco autismo, pero sí sé que tengo derechos.
Y eso es, precisamente, lo que quiero para todos los niños y niñas que tienen que vivir con tal calificación. Por todos ellos, sus familias, amigos o simpatizantes, estoy hoy aquí.
Por sus derechos
Desearía, como digo siempre, que no hubiese necesidad de dedicarles  un día especial. Pero, mientras en este mundo subsista la desigualdad, creo que es preciso decirlo y lo más alto posible.
Me daría por satisfecha si fuese efectivo para concienciar a las gentes. O tan solo a unos pocos. Para que, como ante cualquier otra injusticia,  quedara constancia  y sirviera para ir tendiendo puentes y abriendo puertas que no deberían existir.
Me daría por satisfecha si fuesen realmente efectivos los derechos de estos niños, en todas partes. Como de  cualquier niño o niña.
Me daría por satisfecha si no se cuestionaran esos derechos por falta de medios.
Me daría por satisfecha si la integración fuera real.
Me daría por satisfecha si las ayudas llegaran y fueran tan eficaces como son necesarias.
Me daría por satisfecha, si el término autista fuera  desposeído de cualquier significado peyorativo.
No estoy pidiendo nada anormal, quiero para ellos, lo que quiero para mí o mis hijos.
Lo que lamento es, precisamente, tener que pedirlo a gritos


viernes, 11 de marzo de 2011

APOSENTO (IV) - OTRA SONRISA DE LA MEMORIA

Cuando era muy pequeña, aquel  era el reino de lo prohibido, el lugar en el que no debía entrar si alguien no me acompañaba o cuando, expresamente él, que ejercía todo  dominio y  propiedad, todo orondo y orgulloso, me llamaba para que alguien me conociera.
Aquel aposento, atractivo para cualquier mente en formación y en el que se podría tocar o revolver casi sin medida, porque era un reino para los aromas, el tacto, la vista , incluso para el gusto y el oído, era también, para mí, una redoma de descubrimientos; siempre había algo nuevo para ver, tocar e incluso aprender. Aunque ahora sé que podría llegar a ser peligroso y supongo que ése era el motivo de los preceptos restrictivos.
El recinto ahora, con la escasez de espacio,  parecería muy grande, para ser únicamente un negocio de un pueblo tan pequeño. Aunque, al repasar expectante todo aquello, me doy cuenta de que grandes eran también la ferretería, las dos o tres tiendas de comestibles, la confitería y casi todos los negocios. Como si una regla de tres, si tal fuera posible, se dispusiera:

Pueblo pequeño, casi aldea, es a: negocio amplio, espacio grande,
como infancia feliz, años añorados son a: X

Ahora también sé que aquel enriquecedor espacio, su escaparate, sus estanterías, sus frascos y redomas, el papel de envolver, los insecticidas, jabones, colonias, objetos múltiples, la trastienda con aquella maravillosa báscula de platillos dorados y su juego de pesas, abrían mi mente a la imaginación, a los sueños y al aprendizaje. Era todo un mundo al alcance de la imaginación y las manos.
Pero. el que tal lugar llegue cargado de melancólica sonrisa a mi recuerdo es porque, de pronto recordé que, mucho más a menudo de lo que pudiera parecer, me ha tocado presenciar el siguiente diálogo entre El Patrón (una de las acepciones por las que era conocido) y una clienta de apariencia humilde, pero rotunda, sin miedo, firme, imperturbable y segura (como creo que eran la mayoría de aquellas aldeanas acostumbradas a llevar las riendas de sus familias y haciendas, mientras los hombres luchaban en países desconocidos allende los mares).
Ella, cualquiera que fuese, llegaba decidida, envuelta en sus oscuras ropas, tocada con aquellos pañuelos imposibles, y un impoluto delantal negro y, tras el saludo casi silencioso, pedía: “una peseta de cuajo”. El amo de todo aquel mundo, torcía el gesto y decía, seguro que conociendo la repetida y habitual respuesta: “¿y el frasco?”. Entonces, con el dulce acento del otro idioma, comenzaban los reproches por parte de uno y las disculpas o silencios (que la experiencia y conocimiento del hombre propiciaban) de la otra:

Mujer - no tengo
Hombre - Eso, una peseta y tengo que poner el frasco.
M. - Me olvidé.
H. - Claro, pero ¿vosotros creéis que compensa por una peseta?
M. - … (firme)
H. - Es el colmo, siempre lo mismo..., ¿y el corcho, tienes un corcho?
M. - No, no tengo...
H. - Eso, encima tengo que poner un corcho y tiene que ser nuevo, sin utilizar... No os dais cuenta de que no los regalan..., yo los tengo que comprar....
M. - … (manos cruzadas sobre un abdomen que tapaba el mandil, imperturbable, sin descomponerse, ni cambiar postura, como mucho, ajustándose el pañuelo que la cubre)
Hombre – Y... todo por una peseta: frasco, corcho y cuajo...
M. - ... (inamovible)

Pero aquel hombretón, grande y de apariencia casi belicosa, que en el fondo era todo sensibilidad disimulada, con unas manazas que, mientras gesticulaba, hubieran asustado a cualquiera que no fuese aquella mujer (que era una y todas), se retiraba a la trastienda, incluso a la casa y no paraba hasta que, siempre, conseguía un pequeño frasquito de vidrio en el que escanciar la pequeñísima cantidad de cuajo que ella precisaba para elaborar aquellos deliciosos quesos. Y le ponía un corcho, nuevo desde luego.
Y, aquellas mujeres, envueltas en la impávida seriedad de años de sabiduría, paciencia y resignación, sacaban, no sin esfuerzo, la preciada peseta. Para ello tenían que rebuscar bajo su delantal y varias sayas hasta encontrar una especie de faltriquera, muchas veces un simple pañuelo anudado, en la que llevaban todos sus bien protegidos dineros.
El hombre, cuando ella se había ido, movía la cabeza como queriendo justificar su generosidad que en el fondo le llenaba de contento.
Así aprendí a conocer aquel rudo dueño, todo humanidad, al que se le humedecía la mirada con cualquier ternura o emoción y,  aunque también se quejara indignado, con todos los reproches y gestos posibles,  cuando interrumpían sus comidas (que eran los únicos momentos en que aquel recinto no tenía la puerta franca), para solicitar algún artículo que muchas veces podía esperar, el inoportuno de turno siempre  conseguía lo que pedía.
A estos pequeños recuerds, posiblemente  incomprensibles en la infancia, más tarde le he puesto una sonrisa de orgullo: por él... y por ella también. 
Me sirvió y me sirve todavía, para apreciar lo que somos.

martes, 8 de marzo de 2011

MUJER

Tengo que confesar que no soy nada partidaria de “el día de...”, porque creo que, cuando al fin no haya necesidad de dedicar un día especial para tal o cual tema, actividad, estrato social, marginado, etc., querrá decir que ya se ha conseguido un mínimo de igualdades, respetos, derechos o lo que fuere.
Sin embargo, por una vez, me voy a permitir hacer una pequeña dedicatoria a la mujer. Porque creo que, por lo menos como dadora de vida, se lo merece. Nos lo merecemos.
Y lo voy a hacer de una manera muy sencilla, aprovechando que hoy se celebra el “Día Internacional de la Mujer”
Y para decir lo que quiero, para enmarcar y apoyar, he elegido simplemente una fotografía de mi hija, Elia Fuentes.
Ella será pues la que hable por mí, aunque quizá es un poco dura la lectura que hago de la misma. Entre otras cosas porque seguramente no fue hecha con otro fin más que el puramente estético. Pero el análisis que llevo a cabo, me sirve ahora porque simboliza bastante bien lo poco que quiero decir y el papel que la mujer ha desempeñado a lo largo y ancho de la historia:
- siempre presente, pero casi invisible,
- atenta, vigilante, por si es necesario intervenir,
- hermosa y valiente, sobre todo en los momentos difíciles,
- generalmente discreta,
- casi siempre cubierta y aun más,
- a veces inmovilizada y aun así, siempre ahí.
La piedra simbolizaría el arduo camino que debe superar para arrostrar su camino; también el yugo y las cadenas que a veces la maniatan, incluso los castigos a los que se ve sometida por ser mujer...
El azul del cielo querría representar sus sueños (muchas veces no conseguidos), la maravilla que representa el poder parir, la serenidad de que, frecuentemente, hace gala, el descanso que representa para los suyos...
Por ti y para ti, mujer, donde quiera que vivas.

jueves, 24 de febrero de 2011

EBULLICIÓN Y LLANTO

La otra mañana durante mis primeros quehaceres, cuando una relativa calma parecía querer adueñarse de estas rúas, vi un par de arbolillos jóvenes y frágiles, torcidos, con sus tiernas y delicadas entrañas al aire. Las raíces pugnaban por continuar asidas a una tierra que se desentendía de su socorro. Todavía lozanos y verdes, uno mostraba sus inútiles e inermes frutos con orgullo, seguramente sin alcanzar a comprender que su vida, a pesar de la belleza que guardaba, sin unas manos ajenas, no era casi nada. De las ramas del otro, asomaban unos jóvenes y altivos renuevos, que quizá no llegaran a desarrollar.
El ánimo, que ya no estaba vibrante, se dejó arrastrar por el viento que había abatido aquellos débiles troncos, pasando a sufrir con ellos la agonía de la desesperanza, la inutilidad de una espera y de un auxilio que no alcanzaba a lo simple y cotidiano.
Y es entonces, ahí, en el agudo vórtice del valor y la voluntad, donde el agua salada, como la mar en estos terribles días, pugna por desbordar todos los muros de freno, facultados con años de experiencia, de educación y reserva. Incluso, tamizados por unas, casi atávicas, vergüenza y timidez. Los lacrimales son una medida demasiado sensitiva y endeble para evitar ese bobo desbordamiento.
Así, rotas las esclusas, a pesar de toda contención, los párpados, las pestañas y las ojeras, no consiguen evitar que las mejillas se aneguen y que la nariz sea como dos pozos que rebosan, fruto de desconocidos manantiales subterráneos, para los que no existe una explicación geológica y mucho menos lógica. Y las manos, torpes y un poco ajenas, no consiguen ayudar a mantener un mínimo de dignidad en este malhadado día.
Mientras las lágrimas se deslizan hacia un sumidero ficticio, el adolorido ser que es tal vez todo piel y sentimiento, sigue con su llanto, sin llegar a atisbar siquiera el motivo fundamental que lo provoca y aun sabiendo que todo es pasajero, que la luz volverá con el sol un mañana, que el firmamento, en cuanto las nubes con sus tormentas y perturbaciones comiencen su retiro, asomará cualquier noche tachonado de estrellas, que la calma regresará y que esas olas, siempre mensuradas por expertos climatólogos, destructoras de navegantes y de costas maltratadas por siglos de agresiones, calmarán su baile, hermoso, terrible y letal.
Y, aunque los anegados y temerosos ojos siguen mirando ese horizonte amenazante, dejándose arrastrar por el mentiroso llanto, finalmente, como cualquier terrible tormenta que se precie, ésta también libera, lava, arrastra escoria y exorciza.


Imagen de Elia Fuentes, Seix0, Xalundes "Auga sobre auga".-

domingo, 13 de febrero de 2011

MI QUERIDA SONÁMBULA (I)

He conocido a una sonámbula. Ha crecido junto a mí, aunque sería más lógico decir que yo he crecido a su sombra; ella, dándome la mano, defendiéndome y enseñándome
En mis alrededores hay  personas que hablan en sueños y en alguno de mis nocturnos paseos, suelo pasar ante una puerta cerrada, tras la que no es nada extraño oír balbuceos, protestas, gruñidos. Todas, cosas difícilmente clasificables, pero que al saber que  es la fortaleza íntima de una sola persona, siempre cavilo lo mismo: éste es el reducto de la imaginación,  descansado de un largo y trabajoso día.
Pero el sonambulismo es mucho más llamativo y también muchísimo más incomprensible y desconcertante. Cuentan que acaso sea un desorden del sueño, pero yo no lo entiendo cuando recuerdo el orden, método e incluso alevosía, con el que llevan a cabo sus espectaculares “paseos en solitario".
Mi querida sonámbula, con el paso de los años, ha ido declinando de aquellas viejas costumbres. Aunque todavía la he oído contestar un teléfono, ponerse en su lugar de trabajo y hacer aspavientos para remarcar situaciones y descolocar miradas adyacentes.
Se me instala la sonrisa pensando en el susto y mal rato que debió pasar aquel joven cuando, aquella aciaga noche, todavía recién casado, se había retirado a descansar antes que su esposa y los demás miembros adultos que conformaban el hogar en aquella casa. Él se hallaba cansado tras un incómodo viaje que lo llevara hasta allí.
Ella, como yo, hacía tiempo que reposábamos del ajetreo diario porque en aquella casa, los niños tenían que acostarse temprano. Mi sueño era tranquilo siempre, sosegado y profundo, pero del de mi querida sonámbula, podía esperarse cualquier sorpresa.
Aquel día, como si tal cosa, abrió la puerta del dormitorio ajeno. Debo dejar claro que hasta tal momento, se habría bajado de su vieja y alta cama y llegando a la puerta de su cuarto descalza, la tendría que abrir y atravesar unos metros de un embaldosado y frío pasillo para llegar hasta la alcoba vecina. Camisón hasta los pies, ojos abiertos, mirada perdida, las manos extendidas y, cual fantasma sin cadena, pero intimidando con el gesto y el movimiento de sus brazos, repetía: “ah, ah, ah, ah”. Consiguió asustar, como si ése hubiera sido su cometido hasta que, cuando así lo consideró, giró y retrocediendo por sus propios recientes pasos, volvió a la tibieza de su cama y liberador descanso.
Este marido, nuevo  en la familia, desconocía completamente la peculiaridad de la niña y, luego esconder la vergüenza de su desnudez tras la cortina, hubo que esperar, con el corazón palpitando y el desconcierto mezclado con un temor infantil a que, aquella niña que tan normal celebrara su llegada hacía unas horas, decidiera regresar a su lecho.
El hombre, casi temblando, no tuvo más remedio que vestirse y, como pudo, fue al encuentro del resto de la familia, ante la que, atónito y confuso, contó lo sucedido. Sin dificultad nos podemos imaginar la mofa y escarnio que se desataron y que duró años.
Háganse Uds. a la idea: invierno, seguramente mucho frío en una oscura noche, joven recien casado, un poco timorato, por los pocos años y por novato en las lides de aquella gran familia, un pueblo pequeño casi perdido, lóbrego silencio en una casa grande sin luces prendidas en aquellos pasillos que aislaban voces amigas, recientemente “escapado” de las “fauces” de un seminario en el que había permanecído muchos años...
El sambenito perduró.

Imagen de: David Vela - Ilustraciones &Humor.-
http://davidblogcartoon.blogspot.com

miércoles, 2 de febrero de 2011

VELADURA

Hay un momento para aquietar el hacer,
éste, que brota agresivo,
prestando rudos infinitivos,
unidos por versos perdidos.
Ya no es tan mío mi tiempo.

La vida de otros, que siembra dominios,
señala una senda quebrada,
demarca linderos e impone cuidados,
desconcierta latidos
y asombra la sombra olvidada.

Más, no caben ahora recelos.
Hoy despierta remota destreza,
aprendida a golpe de tiempo,
y, aunque abra dolientes caminos,
para el infantil y abstruso olvido,
señala caminos de ayuda,
y duerme en el sueño de otro.

Hay un instante para regalar el hacer;
éste, que ya no es tan tuyo,
asoma cual transparencia,
suavizando renuevos, jóvenes verbos
tras una mano tal vez soñada.

Ya no es tan sólo mío, mi tiempo.

Imagen: "Serenidade", de Juan Carlos Soto Cuevas. (Al márgen: 1punto1fotografía).

lunes, 24 de enero de 2011

"DE PUNTILLAS"

Regreso, de puntillas, al pueblo de todos los recuerdos infantiles y veo la calle de la niña de oscuros ojos y ondulado cabello, también oscuro; lleva  las gordezuelas mejillas sonrosadas. Observo el momento en que ella sale por aquel gran portal de la memoria y en una carrerilla que sabe va a necesitar, cruza la carretera sin detenerse a mirar, pues bien sabe que el escaso tráfico se anuncia al vencer las cuestas que confluyen en aquel tramo. Sube a la enfrentada acera y trota todavía dos pasos más, para poder sentarse en una de aquellas ventanas situadas a cada lado de la puerta, tras la que caben todas las enseñanzas. Concretamente la de la derecha, ya que su estatura, todavía le impide auparse a la de la izquierda, que está un poco más elevada.
Llega pues y apoyando las manos en la fría piedra de aquel profundo antepecho, que más parece una licencia ornamental, un regalo arquitectónico de un experto y juguetón picapedrero, toma el impulso necesario para de un salto sentarse allí. Después, ajusta sus ropas y cuerpo al espacio; como está sola, elige el medio de la ficticia butaca y, tranquila, con sus piernas colgando, mira.
No sé por qué hacen esas cosas las vecinas niñas, no sé cómo nacen las costumbres y no recuerdo el tiempo de la primera que hizo tal maniobra, es posible incluso que no la conociera, por lo menos en sus años infantiles. Tal vez la rutina naciera ahora en el tiempo que veo y viví. Pero es curioso y amable el ver en muchos momentos de recreo y puerta cerrada, a alguna niña adornando y aprovechando fachada, en su descanso. A veces son dos, parlanchinas y ruidosas. No tiene importancia  desde cuándo o por qué, ni siquiera quién; es algo que hacen porque algún placer indudablemente reporta sentarse y ver pasar la vida desde aquellas  ventanas situadas enfrente de la casa que ya no existe.
Es claro que la niña no olvida la hermosa sensación de estar allí, bañada por la luz de un templado sol o, en su caso, una sombra refrescante, un poco elevada, pero no mucho, mirando la sencilla vida del pueblo pasar ante unos ojos curiosos, siempre esperando descubrir, amparada por aquellas inmensas y profundas paredes de piedra, reflejada en unos cristales enmarcados en viejas maderas, tras las que esperan colgadores, pupitres, pizarras y mapas, un hermoso y descuidado jardín y los primeros saberes.
Por aquella acera pasa la “Peneira”, apodada así por el gracioso movimiento de sus andares, pues ése es el nombre que damos a un cedazo. Carga sobre su cabeza, en perfecto equilibro ondulante, un balde casi tan alto como ella. Una hermosa “sella”, llena de agua fresca de la fuente, con sus dorados relucientes al sol. La niña se pasma de ante el salero y más aun la difícil estabilidad de la carga.
Esta imagen recuerda aquellas otras maravillosas mujeres, que son capaces de llevar sobre sus cabezas casi cualquier cosa y que fueron cantadas por Manuel Rivas en un poema-texto publicado hace ya mucho tiempo en este blog, titulado “Una cesta de erizos”.
Ahora la niña reconoce al hombre que entra en la taberna vecina o ve como sale el tabernero que saluda a un padre asomado a la puerta de sus quehaceres.
Sonríe cuando escucha un piano, cuyas notas salen desde la ventana abierta de la galería vecina. Sabe quien toca.
Tuerce la cabeza porque oye el ruido del aro de un niño que recorre la calle corriendo, silbando y empujando hábilmente el ruidoso juguete. Otro niño, de lejos, le llama por el mote común.
Mira el balcón de su dormitorio que alguien cierra en aquellos momentos, apartándolo de miradas indiscretas con unos sencillos visillos blancos.
Concentrada, escucha el repicar de los canteros, en la piedra para la casa que están construyendo a la vuelta de la esquina. Y les “ve” cubiertos de polvo de piedra, con las rudas, fuertes y callosas manos, agarrando  mazas, martillos, cinceles, escodas, fiadores y demás utensilios, que sabe son muchos, dependiendo del sonido que quieran arrancar al bloque que, en sus manos, parece masa de harina y agua.
Sube cantando un carro de vacas cargado de hierba y siento que aquellos sonidos perdidos que la niña aprende a amar, son tan muy queridos por mi.
Dejo tranquila a la niña y me voy de puntillas, sabiendo que es un lejano yo, que enriquece mi manera actual de mirar.

Rehabilitación de la antigua escuela, hoy "Casa da Xuventude". Antes, en la calle no había coches. 


domingo, 16 de enero de 2011

EL REFUGIO DE LO IMAGINARIO

Veo estos torpes pasos, ahora ya pausados, sin prisa, alejados de un cerebro que no es consciente de su dominio, como si los dos pies, tan sabios a veces, conocieran de una manera totalmente autónoma, que el espacio que media entre uno y otro, debe estar repleto, lleno, no de aire, distancia, holgura o capacidad, sino de todo aquello que tiene importancia. De lo que vale todas las penas y de lo que ocupan las alegrías, casi siempre fugaces.
Ya no es tiempo de caminar hacia aspiraciones hueras, huecas . No es momento de escaladas que no llevan a parte alguna, mucho menos de estúpidas aceleraciones para adelantar o emular pisadas rivales o antagonistas. Ni siquiera para cambiar de fama o criterio, ya muy enraizado, meditado y repensado, salvo para novedades y nuevos aprendizajes nunca abandonados y mucho menos para el cerril concepto de ascenso o reconocimiento social.
El lento caminar que va marcando la pequeña zancada, que lo es no por  medida sino por  firmeza, aunque esté carente de fuerza, aprehende y absorbe energía, belleza, miradas y otros latidos. Como si ese transitar por los días, pretendiera hacer suyos el empuje y vivacidad regalados o esa honradez y firmeza ocultos, ahora que escasean de mal-usarlos.
A veces, su cadencia todavía se llena de tristeza, incluso de asombro y miedo
Pero ya no es tiempo de esperar en vano.
Han pasado los tiempos y los caminos están bien señalados, aun con las piedras contra las que tropezar por seguir la tradición.
La dirección es la misma, el destino no es otro.
El cerebro, de momento alerta, aspira y espira, mientras las bases, recorren su senda, atraen saberes y otras posturas y se incorporan al lento discurrir de los días, que ahora semejan medidos de otra manera, como si un reloj de arena más pesado y grande, marcara un tiempo más lento y fuera  encargado de mesurar y mensurar su paso.
No es tiempo de llantos baldíos. El desconsuelo debe ser importante y tener contenido.
Los pies deben y tienen que estar alerta y el espacio que media entre uno y otro lleno únicamente de vida.

Imagen: "O refuxio do imaxinario", de Elia Fuentes (enlaces al margen).
Nota: Me he aprovechado de la fotografía, hasta para dar título a estos imaginarios pasos.

sábado, 8 de enero de 2011

APOSENTO IV (BELÉN VERSUS VIA CRUCIS)


Estos días pasados, llenos de impuestas alegrías y deseos, que se repetirán indefectiblemente después de doce nuevos y viejos meses, recibe mi memoria todos los queridos fantasmas que adornaron y enriquecieron mis vidas de todos los otros tiempos y, con ellos, un pétreo aposento, poco iluminado, con aromas a incienso, mezclados con humedades de lustros e historia, que lo impregnaron para dejar huella y relieve.
Ya he hablado largamente sobre él y los humanos que lo habitaron en el pasado, pero ahora se halla vacío de latidos y mi mirada está teñida de infantiles rasgos. Bien sé sin embargo, que recuerdos tan novicios y lejanos pueden ser engañosos, por estar formados de pinceladas de aprendizajes primeros y de morriñas. Pero así son las cosas en mi corazón.
Aparece primero, frío y oscuro, poblado únicamente con aquello que le es propio: corazones sin vida atravesados por puñales, miradas fijas, rostros de mirada bondadosa, pero incapaces de caricia o comprensión a pesar de las manos tendidas, goterones de sangre y dolor... A mi pesar sin embargo, porfían sus muros con los recuerdos, poblados de alegres y dulces apariciones, con sonrisa en el rostro, alas de cielo y manos prestas al mimo. Y todo ello a pesar de que, ni la esencia de las flores que lo adornan con maravillosos colores y formas, consiguen paliar aquel ambiente de olor tan rancio, como de putrefacción disimulada y engañosa.
Su planta, por tradición y para que el sacrificio no caiga en el olvido de seres que tienden a ser inconstantes, tiene forma de cruz y otra, de forma machacona, lo preside, abraza y abarca.
A lo largo de los muros laterales, están suspendidas las estaciones de un severo y tétrico Via Crucis, para recordarnos aquellos momentos terribles vividos por un carpintero de 33 años, en su paseo a la muerte. Y le llaman hijo de Dios y dicen que nos ha salvado y que era joven y bueno como mis hermanos recordados siempre.
Retumba en mis infantiles oídos el martilleo y sonido de los nombres de cada una de las pisadas recorridas por El Hombre siglos atrás, asustando una mente impresionable y cándida, que siente un miedo absurdo y forzado. El recuerdo tiembla todavía ante tal sacrificio y sigue sin comprender a las gentes que asomaban su paso y que no prestaban socorro. Así, cuando suena la “tercera estación, Jesús cae por primera vez” y se oye el látigo restallar furioso hiriendo compasiones, la niña busca gestos de auxilio, manos tendidas y apoyo, pero sólo encuentra un triste Cirineo, que pasó a las memorias como ayudante obligado. Agazapada siempre, la mirada de la niña se pliega al temor, la pena y el asombro.
Todo habla allí del hombre que naciera bajo un pobre portal, alumbrando y alegrando vidas pastoriles y de reyes lejanos, guiados por oportunas e iluminadas estrellas que cruzaban el firmamento anunciando una “buena nueva”.
Por eso, los días que ya se fueron, si observo sus muros con los ojos del pecho, sus paredes se visten de fiesta y consigo distinguir en alguna de sus piedras, un naciente tono, húmedo y verde que bien conozco e imagino el futuro musgo de color verde intenso, como aquel otro que las niñas, siempre dispuestas a epopeyas conocidas y aventuras de cestas y robledales, de muros y piedras, salíamos a recoger con ahínco y felices. Aquel verde preciado pertenecía a un rural que siempre está tan cerca, a la vuelta de aquella curva de la memoria y ahí, las uñas negras y rotas, de despegar de su asiento tan preciado color, siempre encuentran su premio.
Más tarde, esa aromosa y mullida cama, alguien maduro y con ligeras dotes artísticas, pero empeñado en teñir de humedades y nieves la Palestina de Belén, la utilizaba para la representación del natalicio más famoso del mundo: cada año distinto, cada año igual, pero que encandilaba incipientes corazones y sembraba risas y deseos.
Hoy, con la mirada y el alma madura, sé que aquel recinto gris guarda, como pocos lugares, mis pasos y el de toda la gente que amé aquellos días, la que permanece en mi mente, la que influyó aquellas jornadas, las primeras sensaciones, incluso lo que más tarde sembró de lágrimas el rostro.
Aunque, aquellos miedos, aquellas certezas y aquellas ilusiones, permanezcan ya para siempre, gélidos y bien enterrados bajo aquellas vetustas, pero queridas, piedras.

Imagen: Elia Fuentes, Seixo, Xalundes: http://www.flickr.com/photos/seix0
 

viernes, 31 de diciembre de 2010

LA INGENUIDAD PERSISTENTE (CARTA DE MI YO PRIMERO)

Fresco de la Iglesia de San Apolinar el Nuevo, en Ravena (Italia),
representando los Reyes Magos, siguiendo la estrella.

A Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente
Melchor, Gaspar y Baltasar.
Oriente.

Señores:
Hace muchos años que no les molesto con mis peticiones. A fuer de ser sincera, creo que había perdido toda esperanza en el milagro y alegría de vuestras visitas y obsequios.
Pero no están muy bien las cosas en este mundo nuestro. Así que, me he puesto a considerar que quizá quede apenas el recurso, de volver la vista a la infancia y pensar que pueda ser posible el viaje anual de VV.MM., guiados por una refulgente y oportuna estrella que, posiblemente desde entonces, todos persigamos.
De lo que sí estoy segura, es de que en este momento sería necesaria la realidad de este sueño y mi ilusión ahora, recuperar como primer fin, aquellas culebrillas que nacían en la garganta y que, pasando por la boca del estómago, recorrían todo el organismo, erizando el vello y haciendo latir el corazón de forma inusual.
Ésta sería por tanto mi primera e inmaterial petición: volver la mirada hacia aquel portal de gentes pobres que visitasteis siglos ha, para descubrir que la ilusión puede renacer, que la ternura es recuperable y que la paz no es un sueño de unas noches antiguas y poco creíbles, sino algo factible, tal como el amor. Es decir, recobrar la maravillosa fantasía y los favores de VV.MM.
Desde que recuerdo, en mis zapatos infantiles siempre habéis dejado, junto a las maravillas oportunas, unos carbones. Lo entendía entonces, bien se aseguraban mis mayores de que lo comprendiéramos, y ahora también. No era mala terapia; era el correspondiente levísimo tirón de orejas o llamada de atención, para que me portara mejor. Y surtía efecto, ya lo creo, pues a menudo, en el transcurso del año, los recordaba con el lógico recelo.
Así que, como aquella torpe niña que cada año tenía la esperanza de no encontrar carbón entre sus regalos, el único presente tangible que me atrevo a solicitar no sería para mí. Pido a VV.MM., un carbón, dos o un montón (eso lo dejo a vuestro excelso criterio y existencias), para todas y cada una de las personas que en el mundo tengan facultades, títulos, cargos, autoridad, poder, jurisdicción, jefatura, jerarquía, mando o cualquier otro tipo de dominio, incluso prestigio, para ejercer sobre cualquier persona o grupo humano.
De tal manera que, a pesar que ya sé que los mayores no hacemos lo que debemos y que es muy frecuente que no entendamos nada o, guiados por nuestros propios intereses, no queramos hacerlo, ese trozo de materia calcinada y sin vida, sirva a los receptores y lo identifiquen como una llamada de atención, un grito directo al corazón y a la tripas de todos ellos y así, el arte de ejercer sus prerrogativas, se convierta en el de facilitar medios y vida en este mundo, en el de hacer asequible lo necesario para cualquiera, en el de colocar una sonrisa y una escuela en todos los rincones, en evitar la explotación, en procurar el pan para todos o en consolidar esa paz tan esquiva.
Sé que cometo un pecado mortal de ingenuidad y que soy una ilusa integral, pero si uno solo de ellos, con tal presente, lograra recapacitar, me sentiría compensada y suficientemente regalada.
Dios guarde a VV.MM. muchos años.
Desde un lugar cualquiera para Oriente, a treinta y uno de Diciembre de dos mil diez.
 

Nota: Hace un par de años escribí para el blog de G.Buho (luego la puse en éste), una candorosa carta que ahora, como considero que las condiciones siguen vigentes, repongo ligeramente rectificada. Siempre con la perspectiva y la mirada del yo que fui, pero con los anhelos y aprendizajes que me trajeron hasta aquí. Utópicos, sin duda, pero amo las utopías y no renuncio a los sueños, aunque sean infantiles.