domingo, 22 de enero de 2017

MIENTRAS

A pesar de todo

En algunos momentos del invierno, cuando las humedades duelen los huesos,  busco en los adentros para sentir lo que fui y, mientras paseo por las imágenes talladas en la memoria con el delicado cincel del recuerdo, siento de nuevo toda la belleza encontrada en los paseos caminados por los senderos vividos.
Vivo otra vez tactos que aun siento palpitando alegres, como si fuera todavía ayer el momento de haber pulsado su faz. Oigo con sumo placer toda la armonía y el contento que guardan.
Aprender a conservar y guardar atesoradas todas las sensaciones que la delicadeza hallada suscitó en un yo que todavía late risueño, es bueno para el ánimo y es agradable poder compartirlo con otras memorias tan codiciosas de gallardías y primores como la tuya.
Las huellas dactilares, con infantil deseo, se prestan a las imágenes surgidas y buscan las sensaciones que descubrieran en cada tacto advertido.
Los pícaros ojos, bien atentos,  suben y bajan, miran a ambos lados, cruzan si es necesario y buscan, para encontrar aquellas imágenes que fueron suyas, que siguen perteneciendo a su patrimonio por elección.
Los oídos, atentos, encerrados en esas inverosímiles conchas que con sus vueltas y revueltas, le hacen eco, vuelven a escuchar músicas viejas que se funden con otras nuevas y que enriquecen, alegran, emocionan y muchas veces consiguen estremecer.
La lengua paladea gustos y sabores perdidos pero nunca olvidados y, entonces, los clasifican junto a otros que son tan nuevos e importantes como aquellos.
La nariz, juguetona, se arruga y estira, inhala y exhala todas las flores olidas, las comidas digeridas, incluso las cocinadas o aprendidas, los perfumes sentidos y también los soñados.
Y todo ello a pesar de todo o precisamente con y por todo.

lunes, 26 de octubre de 2015

Buenos días (de hace unos pocos)


Después de mi café con leche, bien cargadito, más 1/4 de otro, éste con más cafecito para completar,  mis dos tostaditas de pan con 12 cereales y semillas (¿...?), no sé si porque es el primer alimento del día o por el regustillo que dejó en mi paladar, parece que mi yo, ha conseguido, por fin, tomar contacto con este hoy de mañana solitaria, que ya ha comenzado para la mayoría de habitantes de esta ciudad hace algunos cuartos de hora, como lo habría hecho para mí hace algunos tiempos.

He vaciado el lavaplatos colocando todo en el sitio que le corresponde y que a veces me cuestiono por qué ése precisamente. Pero enseguida paso de tales elucubraciones complicadas que me llevarían a terrenos pasados y seguramente aburridos. Porque decidir qué sitio corresponde a cada cosa en un hogar, es algo que ya ne queda lejos y he superado la eterna pregunta de si, el elegido, es el mejor.

Hoy, ahora, solamente deseo ser lo más feliz posible, al lado de lo que ama mi todo ser  es posible que desde el principio de mis tiempos: familia, amigos, querencias, las letras que voy leyendo, capturando y aprendiendo, algunas que vierto porque me divierte dejar que mis manos se pongan de acuerdo con mi cerebro, algunas charlas divertidas, alguna discusión acalorada (porque en eso no hemos cambiado tanto), alguna mirada cómplice, un beso robado, otro solicitado, esos abrazos que siempre agradeces y algún nuevo deseillo, casi siempre sencillo y cada día más fácil de conseguir porque más simples y sencillos son.

Relleno el aparato, antes liberado, con los 3 o 4 cacharros que hemos utilizado y es entonces, envuelta en un extraño, pero delicioso silencio esta mañana, cuando me doy cuenta de que ya casi no es necesaria la luz eléctrica, porque la callejera se ha hecho más luminosa y luce el tímido sol de otoño, que en esta tierra yo veo único y especial; sonrío porque hemos atravesado estoicos, unos días feos, en los que se ha mostrado, remiso, torpe y casi todo el tiempo escondido en un cielo cubierto por nubes, nubarrones amenazantes, nubecillas y aguas sumisas y necesarias.

Levanto entonces mi cara, que había estado concentrada en el riquísimo café, que levanta ánimos y despierta paladares, y mis ojos con mi mirada, se yerguen con ella, para atravesar el cristal de la ventana de la cocina , tras la que, los amplios ventanales me separan de unos feos patios y otros no menos feos tejados pero que, a su pesar, ¡oh maravilla!, ahí sigue el paisaje hoy más alegre e invitador.

Me acerco, aunque casi adivino, tras abrir la puerta que nos aleja de fríos mañaneros, para abrir los ventanales todavía parcialmente cubiertos de las humeddes nocturnas. Todo está allí, tan hermoso, tan distinto y cambiante: la mar hoy de un azul, casi marino (qué ironía), la otra banda de la ría con sus pueblos, playas, playitas y habitantes que presiento atareados y tras ellos, como amparando, la ondulante orografía de esta tierra: aquí verde oscura, allí con un rojo tejado que asoma o una blanca fachada; otro verde distinto, un espacio que imagino con gentes viajeras por placer u obligación, el pico con el repetidor de TV, de raro pero gallego nombre: Xaxán, el de las maravillosas vistas. Y, sobre todo ello un flamante cielo despejado de un azul, todavía pálido.

Pienso entonces y casi me reafirmo, que es posible que la felicidad sea eso, la capacidad de ver, sentir, notar el agua y su temperatura que casi siento y que se hace ondas para jugar con todo tipo de barquichuelos que pasan, los delfines que imagino felices, evocar las enfrentadas playas, alguna casi solitaria en mis años mozos, el fresco frío en la cara y darte cuenta de que las gaviotas es posible que todavía duerman y los aviones no hayan despegado.

Toda esta plácida placidez, es mi regalo hoy, como corresponde.





jueves, 15 de mayo de 2014

A FALA (17 de maio)

Este ano, despois de moitos meses de preguiza, cando chega o día 17, o "Das Letras Galegas", que é tamén o da miña nacenza, desexo deixar o meu pequerrecho homenaxe a dous enormes poetas da lingua: Rosalía Castro e mais Curros Enríquez, con unha poesía que coñezo de fai tempo, que sei de memoria e que amais amo e me gusta moito.



"A ROSALÍA",
Curros Enríquez.

Do mar pola orela

mireina pasar,
na frente unha estrela,
no bico un cantar.
E vina tan soia
na noite sin fin,
¡Que inda recei pola probe da tola
eu, que non teño que rece por min!.

A musa dos pobos

que vin pasar eu,
comesta dos lobos,
comesta se veu.
Os ósos son dela, 
que vades gardar.
¡Ai dos que levan na fronte unha estrela!
¡Ai dos que levan no bico un cantar!.



Imaxe da miña filla Elia Fuentes, nunha, calquera, das nosas  fermosas praias.

martes, 28 de enero de 2014

SIEMPRE (Jugando con Gerundios)


Fotografía: 1.1Fotografía .

No sé porqué he elegido esta fotografía, quizás únicamente se trate de una
atracción personal o de que los tonos (grises y rojos) reflejan un poco lo
bueno y lo malo, la tristeza y la alegría. Su textura, además, parece que incide
también en el camino fácil y las dificultades.
Por todo ello y porque es preciosa.


Desandando el camino vivido
desoyendo sonidos grotescos
rechazando políticos infames
rehuyendo políticas indignas
llorando sollozos bien tristes
palpitando al compás de la lluvia
esperando los rayos del sol
mirando la sombras de otros
envidiando su luz
admirando bellezas añejas
gozando lugares y artes
evocando a Mafalda
adivinando pieles vecinas
acariciando rostros vencidos
suspirando suspiros ajados
soñando aquella casa latir
escuchando fantasmas queridos
pensando que viven en mi
amando amados amores
siempre
queriendo aprender a vivir.







martes, 3 de diciembre de 2013

SIN ELLAS

Imagen: Elia Fuentes



Ya no estás en este espacio mío,
ni tú tampoco,
los latidos que suenan cercanos
están vacíos de los vuestros,
las sonrisas que percibo ahora
nunca son tuyas,
y las miradas 
nunca de tus hermosos ojos,
mi vida está vacía de ti
y también de ti
la música que suena ahora,
alegre o triste,
ya no volverá a ser vuestra.

sábado, 23 de noviembre de 2013

SI TAL SUCEDIERA

Imagen: Rocas con roble de Vicent van Gogh




Si algún momento todo marrara,
si respiraciones que laten fraternas faltaran,
o se tornaran ajenas y otras,
si los asideros otrora pulidos,
brillantes y suaves,
tan plenos de mimos, 
fueran torpes ahora,
oxidados y mermados muñones
que llenaran de temblores y espantos,
¿qué nos quedaría?
¿qué mano sujetaría la tuya?.
Si tal sucediera,
y las silenciosas sombras ganaran espacios
borrando sonrisas, colores, arrumacos y luces,
quizás tus ojos podrían tan solo,
descansar la mirada y el tacto
en los pétalos de esa flor tuya,
en el roce del majestuoso roble,
en la piedra embellecida por lustros de vida,
en los torpes primeros pasos del niño,
en la caricia que adorna los ojos del perro,
en la mar que guardan los arenales,
en el suelo que te vio nacer.

domingo, 21 de octubre de 2012





Imagen: Elia Fuentes, Seixo, Xalundes.


MISTERIOSAMENTE

Este infinito cansancio
que oscurece la arrugada mirada,
este sinvivir nostálgico
que rompe atardeceres de luces,
este intranquilo sueño
plagado de inquietud y tiempo,
este tacto tan quieto
tan vacío de pantomimas y mimos,
esta adormilada actividad
que se llena de extrañas vigilias,
esta sonrisa abstraída
abrumada por las horas vividas,
por los pasos en andenes vacíos,
y las primaveras de insomnio y desvelo,
esta ociosa obligación
que impulsa a seguir respirando,
mientras obstinada apremia sentires
y coacciona arraigadas conductas,
este despertado sueño
que oculta o grita auxilios,
mientras admira, goza, acepta y ama,

todos estos queridos lamentos,
son míos,
misteriosamente míos.

martes, 16 de octubre de 2012

HAILAS





Miro hacia atrás para buscarte
en el dulce y viejo pueblo de la memoria
y tú asomas decidida, presumida,
pendiente de tu acomodo,
componiendo un apaño limpio y lucido.
En mi eterna ingenuidad
¡cómo admiraba tus jóvenes años!,
¡cómo envidiaba tu adornado porte!,
tus manos de impecables uñas,
la indumentaria: lustrosa, sin aspavientos
pero siempre hermosa,
sin una arruga;
los sencillos zapatos aseados, brillantes.
Ahora, en esta profunda y rotunda realidad,
siento con furia aquella gastada ternura,
aquel sentimiento y aquellas risas,
los juegos, lágrimas y algunos temores.
No creo en las brujas, pero haber hailas.
¡Cómo nos queríamos!.


Aprovecho para volver a colocar un cuadro de Maruja Mallo: "Cabeza"

miércoles, 10 de octubre de 2012

Naderías pasadas y recientes




El tiempo transcurre despacio, 
transita por mis venas latiendo,
dejando huella del espacio vivido,
cincelando muescas,
abriendo heridas,
señalando nudos y desenlaces,
remarcando risas y caricias,
separando la noche del día,
acentuando pesares,
olvidando el olvido,
lento, engañoso, aciago,
trampantojo de si mismo.


Imagen: Reloj infinito, Oscar Tusquets Blanca


Ha vuelto a caer la lluvia,
blandamente, casi en silencio,
humedeciendo los brotes tiernos,
lavando porfiados pecados,
borrando mi nombre de la plaza,
limpiando el banco que guardaba mi huella,
disipando la estúpida niebla que disimulaba perfiles.
Ha vuelto a caer la lluvia,
hoy como la primavera pasada,
llevándose mis recelos.

martes, 2 de octubre de 2012

PEQUEÑECES DE LA AUSENCIA




He visto que la blanca página llora silente,
aguardando las huellas, de leve tacto.
de mis perezosos y cansados dedos.


La noche está fría y no brillan estrellas hoy,
la enfrentada biblioteca empero
bulle con estertores de curso que acaba
y, en silencio, una gaviota sobrevuela mi mirada.
Mientras, sin perder su aroma, resistiendo,
sobre una mesa las rosas se van marchitando
al compás de las horas del tic tac del reloj.


Tristeza y obligado silencio
tras las miradas vacías,
tras actitudes marchitas,
tras ecos de apagados ayeres
y aquella vida que fue.



Dentro, en el lugar en que todo se cuece,
cuando algo terrible sucede
y nada es lo que parecía,
ahí, en el meollo,
en el fondo de todos los sentires,
el caos se apodera de tu universo
confundiendo todos los perfiles
y cambiando piel, mirada y tacto.





Lento anochecer el de su mente;
los luceros se van apagando,
no se encuentran prendidas antorchas
que diseñen caminos o gestos
apoyando memoria y palabras
o buscando la caricia perdida.
Triste oscuridad sin una luna
que temple el frío miedo que atenaza.





Estremecida,
luego de frotar sus temblorosos huesos,
que gritan auxilios y abandonos,
levanto su rostro esta noche,
buscando la mirada huida,

Estremecida, levanto su rostro ajeno,
que hoy sólo fue silencio.




Imagen: Elia Fuentes.

viernes, 27 de enero de 2012

NADA ROTA

Nada,
veo mis manos llenas de nada,
nada azul cielo, manto de virgen soñadora,
verde capa, la de significados equívocos
y el tono amarillo de mi disimulada locura.

Nada,
miro el rojo pasión, con jóvenes renuevos,
saludable, alegre y aromoso es mi naranja,
una melancolía, o todas, tintada de añil,
que es el tornasol de mis eternas dudas.

Nada,
percibo la luz violeta de otoño y recuerdos,
cariños, amores, ternuras y tactos
de horas desmigadas en pálidos pálpitos;
hay mucha tristeza y vida en esta nada,
rota en mil cristales de silencios y arcoíris.



Imagen: "Ó meu xeito",  de Elia Fuentes, Seixo Xalundes (enlace al margen).

viernes, 18 de noviembre de 2011

RESURGIR, POR VOSOTROS

Fotografía "Rexurdir" (resurgir), de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes, mi hija.


-Eso es..., así me gusta. ¡Por fin me tomas en cuenta!
El que habla es mi otro yo, mi duendecillo cerebral que parece contento porque me ha visto destapar el bolígrafo virtual, tomarlo casi con ternura y mimo, colocarlo entre mis torpes dedos y, ante esta página limpia recién desempaquetada, con aroma a tiempo y a utilidad, casi brillante y satisfecha por ver la luz, comenzar a escribir.
-Ánimo -continúa diciendo- yo estoy aquí contigo, por si me necesitas o por si, por cualquier circunstancia, fallan tus palabras y necesitas la riqueza de mi enorme y cultivado vocabulario.
Estos duendecillos, siempre presumiendo de sus capacidades, aun imaginadas.
-Tranquilo, querido duende, mis dedos y yo nos bastamos una vez tomada la decisión.
La realidad es que, aunque se empeñe en ponerse laureles, sabe muy bien qué ha sido lo que me ha impulsado a tomar esta decisión después de algunos meses de ¿relax?, ¿vagancia?, ¿puesta al día de sentimientos?, ¿renovación o regeneración del mobiliario mental?, ¿limpieza: en seco y con agua jabonosa?...
¡Qué más da!, la simple verdad es que, los dedos aplican sus saberes y el papel se va llenando de notas que, si bien no son de todos los tonos del arco iris, sí que surgen espontáneas, algunas con esfuerzo o lentas. Ahí van comenzando a rebrotar, llenando un pentagrama de signos, no musicales desde luego, pero en esencia, no tan disferentes.

Hace unos días, una Mujer (con letra mayúscula, sí), me ha hecho saber que notaba mi falta. Un hombre joven y generoso, de vez en cuando, me recuerda que sigue esperando mi voz.
Ayer, un amigo me ha dado una maravillosa lección y otro me ha evocado, haciéndomelo saber.
Una amiga que me acompaña habitualmente, me dice que ya es tiempo.

Hay amigos con los que diariamente estás en contacto, con los que paseas, compartes vida y vicisitudes, discutes, cambias impresiones, tomas una caña y te miman.
Pero luego, existen otros, con afectos profundos, incluso admiraciones intensas, que surgen y se hacen ver, cuando todo parece que está comenzando a oler a moho, a viejo, a tiempo perdido,  a condescendencia o boba compasión de un yo para con el otro. Pareciera que predicen un desmoronamiento.
Y es entonces cuando estos raros y espléndidos amigos, con sabiduría, te enfrentan a un espejo sin ningún disimulo, sin torpes aplausos, llamando a las cosas por su nombre, haciéndote ver los perfiles de las cosas sin nubes ni nieblas, tal como son: naturales, sencillas y limpias o, incluso a veces, feas.
En sus uñas, quizá quede luego, el rastro un poco negro de haber arañado la roca, quitando la suciedad y el musgo, secos por el tiempo y el abandono. Pero de una manera altruista y desinteresada, se encogen de hombros, piensan que ya se lavarán más tarde y sonríen con calor.
Y el espejo, te devuelve la imagen un poco pasmada de tus “yos”: el visible y el profundo, disfrazado de duendecillo bondadoso, con sus arrugas, sus años, sus preocupaciones y olvidos, aunque también afloren risas y miradas sin lesiones.
-¿Ves terca?, no ha sido tan difícil, el bolígrafo virtual, casi se ha convertido en la estilográfica que pudo haber sido y que todavía puedes conseguir. Quizá la pierdas y se junte con aquel montón de plumas extraviadas durante tus años de aprendizaje, pero no importa, siempre habrá otra más bella que puedas cosechar.
Este yo, ahora, luego de reconvenir al engreído y presumido que se cuelga todas las medallas, se queda con la cara iluminada por una amplia sonrisa, en la que flotan todos los reconocimientos, necesarios y justos.
¡Va por vosotros!, que sois enormes y sabéis quienes sois.

sábado, 20 de agosto de 2011

ROTA

Imagen de Elia Fuentes: "Soños rotos"

Evocando aquella historia,
he puesto toda su vida sobre la mesa..
Mis entremetidas pero rigurosas manos,
lentas, expeditivas, persistentes,
carentes de antiguas ternuras,
querrían alisar bordes,
planchar arrugas,
descubrir encajes y bordados,
pulir defectos y zurcir desconchones.
Más, sólo testarudos jirones de vivencias,
algunas compartidas,
se revuelven tercos, porfiando,
retorcidos,
llenando vacíos con miradas rotas,
colmadas de recuerdos ajados,
tan soñados como olvidados.
¿Dónde su bella figura de antaño?
¿Dónde la imagen de paseos con “falda de tubo”?
¿Dónde sus bonitas y admiradas piernas?
Y aquellas risas...
Mis porfiados dedos, alisan las antiguas telas
(ahora groseras, átonas, sin brillo, tan derrotadas),
sintiendo o adivinando,
sus denostados y obstinados rizos,
el antiguo rostro de llamativos incisivos,
los pequeños ojos y sus arregladas manos.
Como en atesoradas y desvaídas imágenes,
asoman gustos y sabores, colores y sollozos,
lecturas, dibujos, juegos, crónicos despistes,
gestos, caricias, sonrisas, rubores,
también algún presentido sueño,
aromas de su desdibujada vida
que, empecinada, se vuelve presente.
Siempre creyó que no era hermosa,
Ahora, esta fea mesa basta para su existencia rota.

viernes, 15 de julio de 2011

DESATINOS DANZANDO


Imagen de Elia Fuentes: "Bandada"

Suenan los primeros acordes suaves, casi leves, acompañando esa extraña voz que repercute en mí como un mantra. Ese nuevo timbre que voy incorporando a tantos otros que ya son míos, aunque sus propietarios lo desconozcan.
Para ahondar en la voz, la música y disfrutar más, cierro los párpados buscando esa penumbra tranquila que siempre seda y abriga. Esa falta de luz deseada y a veces añorada, que me acuna y envuelve como si de un seno materno se tratara, acariciando, amparando sentidos y mirada.
Y es entonces cuando despacio, concentrada y notando lo que penetra por mi piel, aspiro buscando el aire limpio y frío; ése que parece vivificar, puliendo perfiles, matizando sensaciones y lavando temores y resquemores. Luego, lentamente, expulso esa especie de nada invisible que inundó mis pulmones para darme la vida, esta vida mía, ahora prestada, posiblemente regalada y empeñada en auxilios ajenos. Asimismo, intento encontrar el camino que ha seguido el aire invisible, para encontrar la materia de la que estoy hecha. Veo las fosas nasales, como en aquel dibujo, que no era más que un simple esquema en blanco y negro, del primer libro de ciencias que pasó por el aprendizaje de mis manos. Leo aquellos primeros desconocidos nombres que sonaban a errores cometidos o a pecado mortal: cornetes, senos, cavidades... Y, entonces, siento el viaje, que imagino iniciático, del invisible, vital e irreemplazable para que, sin que consciencia o voluntad intervengan, mi educado y sabio organismo, extraiga el precioso oxígeno.
Abro los ojos y dejo que mis manos pulsen teclas por caminos virtuales, en aras de una somera recuperación de aula lejana, porque la mirada es ya insuficiente ahora y preciso releer nombres y recorridos casi olvidados.
Mientras, su voz rara, nueva y de joven hombre, sigue derramando sonidos y letras que entona en un idioma que es ajeno a mí, hablando de fantasmas, robles o matizando sensaciones y experiencias si tuviera un barco.
Los párpados se cierran de nuevo para concentrar percepciones y el aire, una vez utilizado, sé que hará un viaje de retorno hacia el exterior, convertido dióxido de carbono. También he re-aprendido que, antes, habrá sido acunado, mecido y molido a través de laringe, faringe y tráquea, bronquios y bronquiolos.
Me cuestiono otra vez, si esos nombres son puro azar o fruto de mentes retorcidas para nublar cerebros jóvenes u olvidadizos por uso y tiempo. Como el mío, que no recordaba ya la senda completa.
Ahora, detenida, quieta, pienso que todavía le quedan al aire invisible y vital, para que la historia pueda continuar, los alvéolos, que no son otra cosa que unos prácticos sacos, que no conozco cómo, dónde o qué guardan y cobijan.
Y los pulmones habrán cumplido, fielmente, su función de llevar a la sangre los precisos latidos, al tiempo que recogen aquello que el organismo no precisa y lo trasladan fuera, lejos de mi acogedora penumbra. Como si hubieran aprendido de unas prosaicas, pero prácticas, escoba o mopa.
Me encandila hoy esa voz, que ni siquiera es varonil, tanto como el arduo proceso de la respiración.
Mi gastada experiencia no comprende el proceso de respirar, tampoco otros gracias a los que me muevo, puedo hablar o hacer lo que en estos instantes; me parecen nacidos exclusivamente, para que mentes infantiles aprendan complicadas trigonometrías, en libros de ciencias que ahora llevan disimulados nombres.
Surge, en un silencio que flota en pentagramas inventados por otros, la pregunta de cómo habremos llegado a funcionar de una manera tan sencillamente complicada y laboriosa, pero tan efectiva, prodigiosa y hasta es posible que fascinante. Esbozo una sonrisa que solamente yo veo y me digo: un trabajo bien efectista.
Ingenuamente recapacito sobre los procesos internos de estos cuerpos que, a pesar de ser nosotros, marchan sin apenas ajustes, casi siempre silenciosos, autónomos, independientes, libres y sin títulos universitarios que los avalen o acrediten. Funcionan además, sin necesidad de mandamientos, normas, leyes o dirigentes que marquen caminos.
Sin embargo, mientras nuestro organismo pareciera regodearse en la libertad de la que goza, nosotros, precisamos cada uno de sus pequeños servicios para que el corazón no deje de latir, poder usar el cerebro, no descuidar miradas, utilizar el tacto, el habla para expresarnos y el conocimiento para seguir. Más aun, cuando ya las “ITV” se hacen necesarias, aunque sea para una simple puesta a punto, engrasado o inyección de sentimientos o savias nuevas.
Divago con estos palmarios desatinos y la preciosa música que me gusta y que he elegido hoy, sigue deleitando todo mi yo y quizá también danzando al compás de los caminos de mis adentros, para guardarse en los alveolos.
Y, como la bandada de la fotografía, independiente, libre, haciendo equilibrios, jugando con el aire y su energía, llenando un espacio con el aleteo de unas imaginarias alas, la voz que escucho, me calma.

martes, 17 de mayo de 2011

A FALA - LOIS PEREIRO

Somentes
intentaba conseguir
deixar na terra
algo de min que me sobrevivise
sabendo que deberia ter sabido
impedirme a min mesmo
descubrir que só fun un interludio
atroz entre dous muros de silencio
só puiden evitar vivindo á sombra
inocularlle para sempre a quen amaba
doses letais do amor que envelenaba
a súa alma cunha dor eterna
sustituíndo o desexo polo exilio
iniciei a viaxe sen retorno
deixándome levar sen resistencia
ó fondo dunha interna
aniquilación chea de nostalxia.


Imagen de Elia fuentes: "O Fermoso das espiñas" - Ela di: "A consciencia do perigo. O deixarse ver e mirar. A valentía de ser un mesmo".

lunes, 18 de abril de 2011

EL SILENCIO DE LA SOMBRA


Nota. Me veo en la obligación de pedir disculpas a mis posibles lectores, si los hubiera. Especialmente a aquellos que escriben y aman la poesía. A veces, no sé por qué, lo que necesito escribir me sale así y conozco perfectamente todas mis limitaciones. Repito, perdón.


Sombra, que tras la lluvia lastima el sueño.
Sombra, que entona un baile de ilusión y anhelo.

Sombra,
anuncias silencios tras el espejo,
reclamas olvido para el afecto,
y pones palabras donde solo hay eco.

Sombra, la que duele el ánimo
y en su mirada reza el silencio.

Sombra,
que danza el baile de la noche en el sendero
siembra astillas de sentimiento
y arrastras caricias que lleva el viento.

Sombra, amada sombra olvidada
en las esquinas de mi aposento.

Imagen: "Silencio" de Elia, Xalundes, Seix0. (Links. en el margen derecho).

sábado, 9 de abril de 2011

AYER Y DESPUÉS


He recordado aquella frase absurda que alguien muy querido repetía, mirando sus nuevos cielos: “no es como aquel de mi pueblo, allí había muchas más estrellas brillando en las noches, muchísimas más”.
Sin embargo, en estos momentos se me ha ocurrido pensar, que es posible que esas palabras encerraran una verdad que se alejaba del firmamento, para adentrarse en las raíces de los árboles, en las piedras y tejas de las casas, en las caras de las gentes, en las manos de otros seres amados. En aquellos aires casi perdidos por las distancias.
No eran menos las estrellas, que la luz de la ciudad disimulaba, eran otras las queridas vivencias que apagaban destellos retorciendo impresiones.
Ayer tarde se produjo el, ya eterno, encuentro entre antiguas amistades que, felices, compartieron dolores, anécdotas, recuerdos y muchas alegrías sembrando cafés y refrescos. Las canas, disimuladas con maestría, asomando en las sienes de todas y algunas neuronas vagando en pos de los años pasados. Y se rieron y, también, algunos ojos se empañaron mientras los dedos, todavía ágiles, expeditivos y prestos, corrieron a secar el agua salada porque, pensaban que, para eso, todas compartiamos la belleza de la Ría. Siempre, empero, habrá cosas nuevas para regalar risas y miradas, incluso indecisas ternuras y, siempre también, con absoluta satisfacción.
Pero ahora estoy triste. Así he mudado porque las Parcas han vuelto a rodear los muros de mis quereres y dentro, muy dentro, el vacío, la incertidumbre, el miedo y el rechazo, forjan cadenas, no de ADN, sino de tristes grises que cambian intensidades y sentimientos.
Esa es la realidad, la intangible, pero también la que penetra por los poros, llegando al flujo sanguíneo con osadía, machacando, como si de una infección burda y agresiva se tratara. Golpeando sonrisas, acariciando palabras y roces. Hiriendo.
En cambio, mañana, una pequeña celebra sus poquísimos años y yo estoy invitada a compartir la alegría, la merienda y la celebración. De nuevo, una tímida sonrisa asoma.
Celebramos las ausencias o dolores, con lágrimas de suspiros y compañía y las permanencias o alegrías, con compañía y con gritos alegres del corazón.
Son, quizá, los dolores y risas que no son.
Como los que encierran, los ausentes colores de una hermosa fotografía en blanco y negro.

Imagen de Elia Fuentes, Seix0, Xalundes: "Tempus fugit..." (Ver márgen).

Nota, para aclarar que iba a poner la misma fotografía en blanco/negro, pero es que ésa...

viernes, 1 de abril de 2011

HOY POR ELLOS, POR TODOS


Que yo sepa, no padezco autismo, pero sí sé que tengo derechos.
Y eso es, precisamente, lo que quiero para todos los niños y niñas que tienen que vivir con tal calificación. Por todos ellos, sus familias, amigos o simpatizantes, estoy hoy aquí.
Por sus derechos
Desearía, como digo siempre, que no hubiese necesidad de dedicarles  un día especial. Pero, mientras en este mundo subsista la desigualdad, creo que es preciso decirlo y lo más alto posible.
Me daría por satisfecha si fuese efectivo para concienciar a las gentes. O tan solo a unos pocos. Para que, como ante cualquier otra injusticia,  quedara constancia  y sirviera para ir tendiendo puentes y abriendo puertas que no deberían existir.
Me daría por satisfecha si fuesen realmente efectivos los derechos de estos niños, en todas partes. Como de  cualquier niño o niña.
Me daría por satisfecha si no se cuestionaran esos derechos por falta de medios.
Me daría por satisfecha si la integración fuera real.
Me daría por satisfecha si las ayudas llegaran y fueran tan eficaces como son necesarias.
Me daría por satisfecha, si el término autista fuera  desposeído de cualquier significado peyorativo.
No estoy pidiendo nada anormal, quiero para ellos, lo que quiero para mí o mis hijos.
Lo que lamento es, precisamente, tener que pedirlo a gritos


viernes, 11 de marzo de 2011

APOSENTO (IV) - OTRA SONRISA DE LA MEMORIA

Cuando era muy pequeña, aquel  era el reino de lo prohibido, el lugar en el que no debía entrar si alguien no me acompañaba o cuando, expresamente él, que ejercía todo  dominio y  propiedad, todo orondo y orgulloso, me llamaba para que alguien me conociera.
Aquel aposento, atractivo para cualquier mente en formación y en el que se podría tocar o revolver casi sin medida, porque era un reino para los aromas, el tacto, la vista , incluso para el gusto y el oído, era también, para mí, una redoma de descubrimientos; siempre había algo nuevo para ver, tocar e incluso aprender. Aunque ahora sé que podría llegar a ser peligroso y supongo que ése era el motivo de los preceptos restrictivos.
El recinto ahora, con la escasez de espacio,  parecería muy grande, para ser únicamente un negocio de un pueblo tan pequeño. Aunque, al repasar expectante todo aquello, me doy cuenta de que grandes eran también la ferretería, las dos o tres tiendas de comestibles, la confitería y casi todos los negocios. Como si una regla de tres, si tal fuera posible, se dispusiera:

Pueblo pequeño, casi aldea, es a: negocio amplio, espacio grande,
como infancia feliz, años añorados son a: X

Ahora también sé que aquel enriquecedor espacio, su escaparate, sus estanterías, sus frascos y redomas, el papel de envolver, los insecticidas, jabones, colonias, objetos múltiples, la trastienda con aquella maravillosa báscula de platillos dorados y su juego de pesas, abrían mi mente a la imaginación, a los sueños y al aprendizaje. Era todo un mundo al alcance de la imaginación y las manos.
Pero. el que tal lugar llegue cargado de melancólica sonrisa a mi recuerdo es porque, de pronto recordé que, mucho más a menudo de lo que pudiera parecer, me ha tocado presenciar el siguiente diálogo entre El Patrón (una de las acepciones por las que era conocido) y una clienta de apariencia humilde, pero rotunda, sin miedo, firme, imperturbable y segura (como creo que eran la mayoría de aquellas aldeanas acostumbradas a llevar las riendas de sus familias y haciendas, mientras los hombres luchaban en países desconocidos allende los mares).
Ella, cualquiera que fuese, llegaba decidida, envuelta en sus oscuras ropas, tocada con aquellos pañuelos imposibles, y un impoluto delantal negro y, tras el saludo casi silencioso, pedía: “una peseta de cuajo”. El amo de todo aquel mundo, torcía el gesto y decía, seguro que conociendo la repetida y habitual respuesta: “¿y el frasco?”. Entonces, con el dulce acento del otro idioma, comenzaban los reproches por parte de uno y las disculpas o silencios (que la experiencia y conocimiento del hombre propiciaban) de la otra:

Mujer - no tengo
Hombre - Eso, una peseta y tengo que poner el frasco.
M. - Me olvidé.
H. - Claro, pero ¿vosotros creéis que compensa por una peseta?
M. - … (firme)
H. - Es el colmo, siempre lo mismo..., ¿y el corcho, tienes un corcho?
M. - No, no tengo...
H. - Eso, encima tengo que poner un corcho y tiene que ser nuevo, sin utilizar... No os dais cuenta de que no los regalan..., yo los tengo que comprar....
M. - … (manos cruzadas sobre un abdomen que tapaba el mandil, imperturbable, sin descomponerse, ni cambiar postura, como mucho, ajustándose el pañuelo que la cubre)
Hombre – Y... todo por una peseta: frasco, corcho y cuajo...
M. - ... (inamovible)

Pero aquel hombretón, grande y de apariencia casi belicosa, que en el fondo era todo sensibilidad disimulada, con unas manazas que, mientras gesticulaba, hubieran asustado a cualquiera que no fuese aquella mujer (que era una y todas), se retiraba a la trastienda, incluso a la casa y no paraba hasta que, siempre, conseguía un pequeño frasquito de vidrio en el que escanciar la pequeñísima cantidad de cuajo que ella precisaba para elaborar aquellos deliciosos quesos. Y le ponía un corcho, nuevo desde luego.
Y, aquellas mujeres, envueltas en la impávida seriedad de años de sabiduría, paciencia y resignación, sacaban, no sin esfuerzo, la preciada peseta. Para ello tenían que rebuscar bajo su delantal y varias sayas hasta encontrar una especie de faltriquera, muchas veces un simple pañuelo anudado, en la que llevaban todos sus bien protegidos dineros.
El hombre, cuando ella se había ido, movía la cabeza como queriendo justificar su generosidad que en el fondo le llenaba de contento.
Así aprendí a conocer aquel rudo dueño, todo humanidad, al que se le humedecía la mirada con cualquier ternura o emoción y,  aunque también se quejara indignado, con todos los reproches y gestos posibles,  cuando interrumpían sus comidas (que eran los únicos momentos en que aquel recinto no tenía la puerta franca), para solicitar algún artículo que muchas veces podía esperar, el inoportuno de turno siempre  conseguía lo que pedía.
A estos pequeños recuerds, posiblemente  incomprensibles en la infancia, más tarde le he puesto una sonrisa de orgullo: por él... y por ella también. 
Me sirvió y me sirve todavía, para apreciar lo que somos.

martes, 8 de marzo de 2011

MUJER

Tengo que confesar que no soy nada partidaria de “el día de...”, porque creo que, cuando al fin no haya necesidad de dedicar un día especial para tal o cual tema, actividad, estrato social, marginado, etc., querrá decir que ya se ha conseguido un mínimo de igualdades, respetos, derechos o lo que fuere.
Sin embargo, por una vez, me voy a permitir hacer una pequeña dedicatoria a la mujer. Porque creo que, por lo menos como dadora de vida, se lo merece. Nos lo merecemos.
Y lo voy a hacer de una manera muy sencilla, aprovechando que hoy se celebra el “Día Internacional de la Mujer”
Y para decir lo que quiero, para enmarcar y apoyar, he elegido simplemente una fotografía de mi hija, Elia Fuentes.
Ella será pues la que hable por mí, aunque quizá es un poco dura la lectura que hago de la misma. Entre otras cosas porque seguramente no fue hecha con otro fin más que el puramente estético. Pero el análisis que llevo a cabo, me sirve ahora porque simboliza bastante bien lo poco que quiero decir y el papel que la mujer ha desempeñado a lo largo y ancho de la historia:
- siempre presente, pero casi invisible,
- atenta, vigilante, por si es necesario intervenir,
- hermosa y valiente, sobre todo en los momentos difíciles,
- generalmente discreta,
- casi siempre cubierta y aun más,
- a veces inmovilizada y aun así, siempre ahí.
La piedra simbolizaría el arduo camino que debe superar para arrostrar su camino; también el yugo y las cadenas que a veces la maniatan, incluso los castigos a los que se ve sometida por ser mujer...
El azul del cielo querría representar sus sueños (muchas veces no conseguidos), la maravilla que representa el poder parir, la serenidad de que, frecuentemente, hace gala, el descanso que representa para los suyos...
Por ti y para ti, mujer, donde quiera que vivas.